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Anuario: Comentarios destacados 2020. Parte I.

Como ayer recordamos entrevistas imperdibles de esta temporada, hoy ponemos en vidriera cinco reseñas literarias que se publicaron en nuestra página durante el 2020.

Para volver a leer o descubrir por primera vez, compartimos nuestras opiniones sobre “El Tropiezo del tiempo”, de Eduardo Álvarez Tuñón, “Lengua madre”, de María Teresa Andruetto, “Un hijo”, de Alejandro Palomas, “Inundación”, de Eugenia Almeida y “Los nombres epicenos”, de Amelie Nothom.

 

«El tropiezo del tiempo», de Eduardo Alvarez Tuñón

 

El tropiezo del tiempo, libro de relatos de Eduardo Alvarez Tuñón«Con una simplicidad y una belleza que pocas veces se ve en literatura –muchos autores caen en una enrevesada narrativa sólo para buscar hacer sólida su prosa-, Eduardo Álvarez Tuñón nos propone en “El tropiezo del tiempo” una lectura llana, sincera, casi familiar y a la vez profunda que nos toca las fibras más íntimas. Se trata de su último libro publicado, después de la antología poética “La ficción de los días”, donde despliega siete relatos en diferentes ciudades del mundo, donde sus protagonistas siempre se mueven entre una profunda desazón o angustia y el ardiente deseo de ser felices».

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«Lengua madre», de María Teresa Andruetto 

«Narrado desde diferentes voces: una joven que regresa al país de la infancia tras la muerte de su madre, un hilo de cartas intercaladas entre hija, madre y abuela, y una tercera persona que es observadora en el tiempo de todo lo ocurrido, “Lengua madre” es una novela intensa, dolorosa pero también profundamente luminosa que retrata la vida de tres generaciones desde la dictadura de 1976 a la actualidad».

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«Un hijo», de Alejandro Palomas

«Los primeros cuatro capítulos de “Un hijo” comienzan con la misma frase: “Todo empezó…” Primero lo dice el protagonista, Guille, luego su maestra, luego su padre y por último, su psicoterapeuta escolar.  Podemos decir, entonces, que esta historia comienza con un hecho en particular, que al parecer tiene como testigos a dos de los personajes, pero que encierra (o encerrará) al conjunto del mismo. Ese hecho se circunscribe al momento exacto cuando una docente de 4to grado del colegio, pregunta a sus alumnos qué quieren ser cuando sean grande. Todos responden, incluso Guille, un pequeño que se ha sumado hace poco al grupo y da continuas muestras de timidez, quien sorteando el pudor de hablar en público expresa su deseo de ser Mary Poppins».

«Los nombres epicenos», de Amelie Nothom

«Amelié  Nothomb es una de esas autoras que no se va con vueltas. Directa, precisa, certera, la escritora francesa (de familia belga, nacida en Japón pero radicada en París desde hace años) narra de manera tajante y vertiginosamente lo que le ocurre a sus personajes, y cuenta sin reparos aquello que la moviliza, siendo totalmente consciente de que sus frases –cortas, tremendas, puntuales- darán en el blanco, o más bien en las tripas del lector».

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«Inundación», de Eugenia Almeida

«Procesos, tonalidades, ritmos, sonoridades internas, musicalidades en la trama. Eugenia Almeida habla como lo que es, una mujer que escribe, “un cuerpo que escribe” y al mismo tiempo invita a otros, a quienes quizás no se animan a hacerlo, a que descubran la pulsión de la escritura. Desacraliza el arte que a veces parece estar sólo destinado para los dioses y lo vuelve pagano porque, a fin de cuentas, todos estamos hechos de lenguaje y podemos desplegarlo si nos podemos/permitimos dejar inundar por él».

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