Una poderosa obra literaria que batalla contra el abuso

Belén López Peiró elabora una novela coral y potente. «Por qué volvías cada verano» ahonda sobre el abuso de una adolescente y sobre las distintas vulneraciones a la que es sometida a lo largo del proceso judicial.

Sin pudor, con audacia y con un ritmo narrativo vertiginoso, la autora construye un relato personal que se vuelve una denuncia colectiva.  

 

 

 

«Por un momento recordé quién era yo sin miedo y quien había sido antes de que el peligro cayera sobre mí como una trampa». Esa es una de las primeras frases que la protagonista lanza al lector enfrentándolo a una verdad irreversible: después de ese hecho ya nada volverá a ser igual.

 

El miedo, el asco, el dolor, el silencio, el cuerpo como despojo, irán construyendo un espiral asfixiante. Esa adolescente irá encerrándose en un mundo pequeño y hostil, de manoseos, de mentiras, de hipocresías y abusos, del que no sabe cómo salir. A su alrededor se erigen otros mundos: padres ausentes (que están pero no ven, que la quieren pero no contienen); una tío violento y abusador que juega a cumplir un rol paterno pero que está al acecho esperando el momento para encontrar a su sobrina a solas a los fines de poder hacer con ella y su cuerpo lo que quiera; una tía víctima de esa violencia que prefiere callar, una prima que no cree y acusa, un novio que no entiende… Cada uno de ellos cumplen un rol en este entramado complejo y desesperante. El lector es testigo del horror y por momentos se siente tan impotente como la protagonista. 

 

Santa Lucía es un pueblo que a simple vista parece tranquilo. Pero allí, puertas adentro, late la perversión y el ultraje. El agobiante calor de verano, el tío policía al que todos respetan (o más bien temen) y ese deseo de ocultar y sostener la ceguera para no ver la realidad, hacen al clima de esta historia. El lobo con piel de cordero espera y ataca. La víctima queda rota, silenciada, desgarrada por dentro y por fuera. 

 

Para contar esta historia, Belén López Peiró utiliza un interesante recurso:  cada capítulo se compone de fragmentos narrados en primera persona desde la voz de diferentes personajes. No indica quién lo dice,ni tampoco en qué momento, pero es fácil armar con esos retazos la historia. Son piezas sueltas, algo similar a esos pedazos rotos que debe recomponer esta mujer abusada durante su adolescencia. Va intercalando también declaraciones testimoniales de cada uno de los actores que conforman el caso. Eso nos ayuda a completar y seguir de cerca un proceso judicial complejo y doloroso. 

 

López Peiró no usa sutilezas. Dice con las palabras justas, duras, crueles. Incomoda, conmueve, interpela.  

 

Ya en el título -«Por qué venías cada verano»- se cuela una especie de reproche. Esos reproches que han debido tolerar una y otra vez quienes han sufrido situaciones como éstas. Ese reproche que suele trasladar la culpa del victimario a la víctima. Ese reproche que vuelve a vulnerar al vulnerado. 

 

Un texto de lectura ágil. Una denuncia, una batalla. Un acto de coraje y sanación. Una novela que parte de un relato personal para dar cuenta de una problemática colectiva. 

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