“La última carta de amor”… ¿Libro o película?

Hace algunas semanas llegó a Netflix  el esperado filme basado en la novela de Jojo Moyes. En nuestra sección Libros que traspasan el papel analizamos diferencias y similitudes entre ambos formatos.

Las comparaciones siempre son odiosas. Más aún cuando se ponen a competir las versiones literarias y cinematográficas de una misma historia. Habitualmente los lectores se inclinan por la primera y se sienten un poco decepcionados por la segunda. Escuchar aquello de “pero el libro es mejor”, es un clásico. De todas maneras vale decir que a los filmes suelen llegar muchísimos espectadores que no conocen ese texto y que, en líneas generales, suelen quedar conformes con lo que vieron. Incluso me atrevo a decir que he visto producciones que superan a su versión literaria como es el caso de “El diario de Noah” de Nicholas Sparks.

Hechas estas aclaraciones, en Libros que traspasan el papel decidimos ahondar sobre “La última carta de amor”, un filme que debutó hace algunos días en Netflix y que está basado en el libro de Jojo Moyes.

Sobre la obra de Moyes escribimos hace unos meses atrás. Es una gran historia romántica, que se desarrolla en tres planos narrativos y que despliega una linda historia de amor. Si bien es imposible que la película pueda detenerse en tantos detalles, sí tiene algunas falencias importantes que quienes transitaron las páginas de la novela seguramente percibirán.

Si hay algo que caracteriza a la obra de Moyes es la capacidad de construir personajes creíbles, inolvidables y queribles. Ya lo logró con la exitosa “Yo antes de ti” y ahora también acierta en “La última carta de amor”. Pero el filme no logra trasladar esas características esenciales de los protagonistas, Jennifer y Anthony, a la pantalla. 

Jennifer es una mujer casada con un exitoso empresario. La típica joven de alta sociedad que no se ha planteado mucho sobre sus verdaderos deseos hasta que conoce a un periodista irreverente. Anthony es un corresponsal de guerra que detesta ese mundo aristocrático pero que a causa de algunos problemas con el alcohol es sacado del frente de batalla y enviado a la costa azul a cubrir información de “sociales”. Esa tensión entre los mundos a los que ambos pertenecen no termina de mostrarse del todo en la película, en especial porque Anthony está absolutamente desdibujado. Parece más bien un joven periodista cuyo comentario desacertado genera cierto interés en Jennifer. Luego el romance se va construyendo a base de cartas, encuentros clandestinos y las dudas de ella por dejarlo todo y seguirlo a Nueva York o quedarse a cumplir con el rol de esposa fiel que le ha sido legado. En el libro no es tan importante la trama -que de hecho puede parecerse a muchas otras del género- sino las contradicciones de esos personajes y cómo esos sentimientos ponen en jaque todo lo que son o creen ser.

De hecho en el filme cobra más peso la figura de Ellie, la periodista que en tiempos contemporáneos encuentra esas cartas de los años 60 y que empieza a reconstruir ese romance a través de piezas sueltas y un poco de intuición. Por otra parte, la película de Netflix tampoco logra desarrollar algunos personajes secundarios que son importantes y determinantes en ciertas resoluciones de la trama.

En resumidas cuentas: la película puede funcionar como una historia de amor más de la mano de un elenco que cumple  (destacándose principalmente Felicity Jones y Shailene Woodley) pero está muy lejos de producir la emoción de la obra original.

En este caso, ante la pregunta: «¿libro o película?», no hay dudas. Si pueden lean el libro. 

Para conocer más de esta historia `pueden ingresar a este link y leer la crítica sobre la novela publicada en Babilonia. 

 

Fernanda Pérez

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