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Una novela sobre el valor y el peso de lo que se hereda

En “El latido de la tierra”, Luz Gabás construye un relato que transita hábilmente entre el romance y el policial, en el marco de un entorno nostálgico y reflexivo.

Una historia que pone su mirada en el pasado que nos ata y en la valentía de animarse a comenzar de nuevo.

¿Qué es la herencia? ¿Un valor legado que marca nuestra existencia? ¿Un ancla que no nos permite zarpar? ¿Un razón por la que luchar? ¿Un modo de entender nuestra propia esencia? 

Esos son algunos de los interrogantes que, sutilmente, se dejan entrever en las páginas de «El latido de la tierra», la novela más reciente de Luz Gabás, creadora títulos inolvidable como “Palmeras e la nieve”, «Regreso a tu piel» o «Como fuego en el hielo». 

Una vez más el entramado familiar y el amor cobran fuerza en un relato que también incorpora una intrigante subtrama policial.

La protagonista de esta historia es Alira, una mujer de 50 años que ha heredado una bellísima propiedad en lo que es, actualmente, un pueblo fantasma. Sus padres se resistieron a dejar la casa y la tierra cuando todos se marcharon, y esa resistencia ha quedado grabada a fuego en la vida de Alira.

Desde allí, la novela reflexiona sobre el peso de lo “heredado”, sobre el valor de la raíces pero también sobre los peligros que representa el sentirse atado a un sitio hasta la inmovilidad absoluta.

Algo de eso es lo que le pasa a la protagonista. La casona sufre la decadencia del tiempo e impacta en la economía familiar. Ella no sabe cómo hacer para lidiar con todo eso por lo que acepta la propuesta de una amiga de rentar los cuartos. Primero llegan viejos amigos y amores del pasado (lo que moviliza recuerdos y sensaciones confusas), luego extraños que ponen en tensión las relaciones humanas. La tarea de Alira no es fácil, debe encontrar un equilibro entre las exigencias del entorno familiar (una madre intransigente, un hermano ambicioso y otro con escaso interés por asumir los problemas); vínculos  entrecruzados, la llegada de forasteros que rompen con la inercia y la inmovilidad, y una desaparición que podría transformarse en asesinato.

En esa galería de personajes complejos y bien trazados por la autora española, Alira se debate entre el pasado emocional que no puede soltar y los nuevos deseos y sentires que irrumpen en una etapa de su vida de la que ya no espera demasiado. 

Adrián es ese amor de la adolescencia del que no logra despegarse, Damer un muchacho más joven que ella, que integra una especie de  movimiento «ocupa» que quiere volver a imprimirle vida a ese pueblo fantasma. 

¿Es posible volver a sentir a los 50 años? ¿Es posible dejarse avasallar por la pasión? ¿Es posible dar rienda suelta a sus sentimientos frente a una persona que representa todo lo que Alira por momentos rechaza o más bien no entiende?

En ese juego de relaciones familiares, de amistad y de amor, Luz Gabás instala con maestría una trama policial. Un cuerpo, una desaparición, un posible crimen… Los saltos cronológicos nos llevan del presente al pasado, y recién a la mitad de la novela logramos saber quién es la víctima y cómo se sucedieron los hechos.

La escritora española entrelaza con muy buen oficio una historia familiar, aspectos sociales e históricos, el relato romántico y el policial, en una novela que invita a reflexionar sobre el poder de lo heredado y el desafío de abrazar nuevos caminos.

 

Si querés conocer más sobre esta historia, te invitamos a revivir la entrevista que hace algunas semanas compartimos con Luz Gabás. 

Fernanda Pérez

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