Recomendados del Club de Lectura: “La hija del caníbal”

Durante agosto, y bajo el lema “Tres (inolvidables) novelas españolas”, nos reunimos -de manera virtual- para leer esta hermosa historia escrita por la madrileña Rosa Montero, publicada en 1997.En esta nota te contamos las fortalezas de este relato y una ruta de lectura para que la disfrutes.

Una nueva sección se presenta en Babilonia y tiene que ver con los libros que abordamos en nuestro Club de Lectura. En esta columna, te contamos por qué elegimos determinados textos y a continuación te indicamos las reflexiones que fuimos haciendo sobre el mismo, como una forma de continuar/proyectar/multiplicar los diálogos que surgen en cada encuentro.

El primer párrafo

Uno de los ejercicios que solemos hacer en el Club de Lectura es detenernos en el primer párrafo del libro elegido para analizar cuáles son los ejes que lo atraviesan y que marcan las coordenadas por donde pasará toda la historia. ¿Puede un primer párrafo hacer todo esto? A veces sí, y para decirlo nos valemos de lo que alguna vez señaló la escritora, tallerista y jurado en muchísimos concursos literarios Alicia Sternberg. Ella apuntó en el libro «Maestros de la literatura»: “Un texto bueno te atrapa desde el primer párrafo. La mayor parte de los que escriben intentan contar algo que después no cuentan, no escriben. Ese es el peor de los defectos de los textos”. 

Ahora sí leemos el primer párrafo de «La hija del caníbal»: 

“La mayor revelación que he tenido en mi vida comenzó con la contemplación de la puerta batiente de unos urinarios. He observado que la realidad tiende a manifestarse así, insensata, inconcebible y paradójica, de manera que a menudo de lo grosero nace lo sublime; del horror, la belleza, y de lo trascendental, la idiotez más completa”.

Así comienza la novela de Montero, párrafo que nos deja en claro varias cuestiones. 

Primero, que la ironía de su autora será uno de los soportes fundamentales de su narrativa. Montero, como en otros tantos de sus libros, toma el humor como herramienta fundamental del lenguaje -y la humanidad- y lo convierte en el hilván para unir fragmentos de la vida, hechos fortuitos que nos ocurren, piezas de lo cotidiano que no siempre se lían entre risas. Ausencias, pérdidas, dolores, desamores, encuentros y esperanzas. Montero satiriza, juega con lo macabro y se mofa todo el tiempo del lugar donde muchas veces nos pone la vida. Y lo hace porque sabe que no hay mejor forma de observar el mundo, que con la sencillez de sentirse uno más en el complejo entramado de la existencia. 

No es el género, es el tono

En otro de los puntos donde nos detuvimos fue en el análisis la original voz (¿española/madrileña/cronista?) que tiene su autora para narrar la historia, que nos saca del registro natural en que se puede leer la novela, para llevarlo a otro totalmente diferente.

“La hija del Caníbal”, que obtuvo el I Premio Primavera de novela de España, comienza cuando su protagonista –Lucía Romero- nos cuenta lo que le ocurrió días antes de año nuevo en el aeropuerto de Barajas, mientras aguardaba un avión para irse de vacaciones con su marido Ramón. Lucía nos cuenta -sí a nosotros, como si estuviéramos muy cerca o fuéramos amigas de ella-, que su compañero (con quien mantiene un vínculo unido más por la rutina que por el amor) –y sin aviso alguno- desapareció sin dejar pistas luego de ir al toilette de la sala de embarque. Lucía comienza a desesperar cuando nota la ausencia de Ramón y cuando se da cuenta que lo que le sucede tiene que contarlo a la policía para iniciar un arduo camino de declaraciones y testimonios.

Dicho todo esto, podríamos suponer que la novela se presenta como un policial (puesto que hay que buscar y encontrar a Ramón) o tal vez en un thriller (porque Ramón puede estar muerto y el asesino acecha a la protagonista), pero sin embargo y con una enorme habilidad, Montero monta en escena no un policial ni un thriller sino un drama con todas las letras, que -atravesado por el humor-, se convertirá en un inmenso relato (casi monologado) donde una mujer de cuarenta y tantos se dará cuentas así, de buenas a primera, quién es y qué quiere de su vida.

Es decir, Lucía hará de detective inexperta buscando a su marido, pero ese recorrido no será leído por nosotros en clave policial, sino como el derrotero de alguien que un día cualquiera descubre las fisuras en la represa que es su vida antes que el agua la tape por completo.

Lucía & Cía.

Volviendo al principio del libro, quien nos guiará de principio a fin de la novela será Lucía, en primera o tercera persona (tiene el raro hábito de hablar de ella como si hablara de otra) aunque compita por momentos con Félix Roble, un vecino anarquista de Lucía de más de 80 años, una especie de antagonista que la complementará en sus andanzas mientras descubre dónde está su marido secuestrado. Y también aparecerá Adrián, otro vecino, el antagonista del antagonista, un joven bastante vacilante que decide ayudarla de pura caballerosidad y también porque no tiene otra cosa más que hacer que ser testigo de las aventuras (o desgracias) ajenas.  

Los tres se convertirán en una especie de cofradía urbana que se moverá en dos registros y tiempos: hacia afuera y de manera acelerada, tratando de desentrañar el secuestro de Ramón, hurgando entre misiones secretas y policiales o descubriendo un submundo político/ilegal. Y hacia adentro y de manera serena, tratando de desentrañar los complejos interrogantes de la humanidad.

Otro título de la autora

Voz reflexiva

En palabras de su autora, esta novela no hace más que hablar sobre el paso del tiempo. Tenemos a Lucía, que en la ¿mitad? de la vida se pregunta cuestiones existenciales, a Félix, que irá deshilvanando su recorrido como militante anarquista desde principio de siglo hasta los ´90, anclando por lo tanto la novela en la historia política de España, y a Adrián que de a poco descubre (parafraseando a otros) lo que le interesa hacer o ser.

Pasado, presente y futuro se encarnizan en ellos y sus pensamientos y diálogos nos invitarán a nosotros como lectores a reflexionar sobre el amor, el dolor, la soledad, el matrimonio, el destino, la muerte y la juventud.

 

En el Club de Lectura elegimos y leemos muchísimos fragmentos que nos invitan a pensar(nos) a través de lo que piensan los personajes. Elegir uno de “La hija del caníbal” es difícil porque párrafo tras párrafo nos regala bellísimas, agudas, certeras reflexiones. Pero entre tantas, les dejo dos:

“Entiéndeme bien: no estoy hablando del temor por la suerte de Ramón ni del sobresalto por el secuestro, sino del miedo exudado gota a gota, tan tuyo como tu piel, el pánico a saberte viva y condenada a muerte. Quién no ha visitado el pozo del miedo alguna noche, en el entresueño antes de aletargarse. Dormir es ensayar la muerte, por eso atemoriza”.

“Somos palabras, palabras que retumban en el éter – dijo Félix-. Palabras musitadas, gritadas, escupidas, formuladas por bocas titubeantes. Yo no creo en el Más Allá, pero creo en las palabras. Todas las palabras que las personas hemos dichos desde el principio de los tiempos se han quedado dando vueltas por ahí, suspendidas en el magma del Universo”.

 

“La hija del Caníbal” no es más que uno de los inicios para recorrer el tremendo camino como escritora de la española Rosa Montero, que se continúa con obras como: “Historia del rey transparente”, “Crónica del desamor”, “La ridícula idea de no volver a verte”, “La carne” o “La buena suerte”.

Para cerrar, les dejamos ni más ni menos que un video que nos regaló su autor para iniciar el Club de Lectura y que nos sirvió de ABC para abordarlo.

Florencia Vercellone

Read Previous

Novedades editoriales

Read Next

Llega a Netflix “El olvido que seremos”