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Una lograda producción que nos traslada a la España del siglo XVIII

Desembarcó en Netflix esta serie española basada en la novela «La cocinera de Castamar» de Fernando J. Múñez.
En nuestra sección Libros que traspasan el papel, te damos algunas razones por las que vale la pena verla.  

“Todos seremos iguales cuando todos comamos iguales”, afirma Clara Belmonte, la protagonista de esta historia. Esa frase la define. Ella es una mujer culta, sencilla y de gran corazón que desde la cocina puede encontrar el punto exacto para conectar a los demás con sus emociones. La joven que sufre de agorafobia (es decir fobia de salir a lugares abiertos) llega a la propiedad del Duque de Castamar, un hombre justo que está atravesando el duelo por la trágica muerte de su esposa.

En nuestra sección Libros que traspasan el papel, les compartimos algunas razones por las que vale la pena ver esta serie española basada en el best seller de Fernando J. Múnez. 

Razón 1: Buena producción audiovisual

Los puristas y fans de los libros siempre encontrarán detalles, cambios y escenas a las que criticar por no adaptarse a lo que narra estrictamente la novela original. Pero lo cierto es que es necesario entender que el lenguaje audiovisual es definitivamente otra cosa. En este caso, vale decir que la producción es muy buena. El vestuario, los escenarios y la reconstrucción de la época dan cuenta de un trabajo que nos zambulle en esa España del 1700, tanto en el ámbito de la monarquía y la nobleza como también en ese submundo de sirvientes, desamparados y malhechores.

Razón 2: Personajes logrados

La actriz Michelle Jenner -a quien muchos recordarán por su gran papel en  “La catedral del mar”- vuelve a lucirse en la construcción de Clara Belmonte, esta chica silenciosa y fóbica que encuentra en la cocina el reducto perfecto para ser libre y recuperar algo de la felicidad que le ha sido arrebatada. También Roberto Enríquez es creíble en la piel de Diego de Castamar, un duque que no puede superar la pérdida de su esposa, y cuya nobleza no tiene límites. A esa galería de personajes se le suma un tercero -el actor Hugo Silva quien encarna a Enrique de Arcona-un conde envidioso y sin escrúpulos dispuesto a lo que sea para destruir a Diego.

Razón 3: Atractivas historias secundarias

Hay subtramas que se desprenden de la primera y que ayudan a sostener el ritmo: la ama de llaves que sufre la violencia de un hombre de su pasado; los dos criados que logran llevar adelante su historia de amor; la joven que busca conquistar a Diego pero que en realidad es manipulada por un villano; el segundo hijo del ducado de Castamar, un joven de raza negra que se enamora de la mujer equivocada; el hombre sentenciado por una muerte que no cometió; dos hombres que deben ocultar su romance; y la mujer que ha decidido no entregar su corazón a nadie y cuya ambición es más poderosa que sus sentimientos. Todas funcionan y nutren al argumento principal y llevan a indagar sobre los claro oscuros del alma humana.

Razón 4: El encanto de la cocina

El mundo de la cocina siempre se presenta como un elemento interesante para la literatura. Hay muchos libros que siguen esa línea. Aquí en “La cocina de Castamar” no se trata solo de platos, se trata más bien de ese espacio que pone en tensión las injusticias y diferencias entre nobles y plebeyos, entre ricos y pobres. Hay una búsqueda de encontrar algo de equidad a través del arte culinario. 

Razón 5: Sobre el ritmo narrativo

“La cocinera de Castamar” propone un ritmo narrativo lento pero no por eso aburrido. Hay cierta delicadeza en el relato audiovisual. Planos detalles, primeros planos… Todo eso ayuda a seguir de cerca los sentires de sus protagonistas. Sin embargo, esa estrategia cambia abruptamente en los dos últimos capítulos donde todo se resuelve demasiado rápido. Ese es quizá uno de los puntos más flojos de la serie. 

Razón 6: Una sutil historia de amor

Clara encuentra en el duque un hombre íntegro en el que se puede confiar. El duque encuentra en Clara una mujer fascinante y de corazón bondadoso. La cocina es el pretexto para encontrarse y las diferencias sociales las razones suficientes para mantener distancia. Si bien no hay momentos de pasión desbordante ni tampoco escenas de contenido erótico, es en esa intimidad de hacer una masa de azúcar, en las miradas, en los roces, en los detalles, donde va tomando forma esta linda historia de amor que los fans del género seguramente disfrutarán. 

Fernanda Pérez

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