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“Nos interesó rescatar esa potencia de la novela que es provocar la incomodidad”

«El alma es una sábana blanca» es la versión libre de «Las primas», de la escritora platense Aurora Venturini, que estrena el próximo viernes 10 de mayo en El Cuenco de la mano de PH Producciones. Una trama compleja, un retrato familiar feroz y descarnados ambientado en la década del ´40, delineado por una escritora que camina sin tropiezos entre el humor y el horror.

No hacen falta más de dos o tres páginas de lectura de “Las primas” para darse cuenta que la narrativa de Aurora Venturni tiene esa sustancia que tienen las cosas prohibidas y que no podremos dejar de leerla. Basta recorrer los primeros fragmentos de la obra para descubrir los minuciosos detalles que nos insinúan que aquel universo que nuestra imaginación irá construyendo a medida que una voz en primera persona nos narra será peculiar –por momentos atroz, por momentos extremo- y que no saldremos indemnes de él.

Venturini es precisa para dar en el blanco de la perturbación, del realismo. ¿Será eso lo que atrajo a este colectivo de actores y actrices para llevarla a escena?

El próximo viernes 10 de mayo se estrenará en la sala El Cuenco (Mendoza 2063) la obra “El alma es una sábana blanca”, versión libre de “Las primas” a cargo de PH Producciones, de la autora platense, dirigida por Daniela Martín y Nicolás Giovanna pero en creación colectiva de todo el elenco. Versión libre que se traduce en una producción rumiada durante más de un año puertas adentro, analizando las voces narrativas de la escritora, la trama y sus desenlaces, encontrando la fórmula perfecta para poner en escena el abanico de personajes que habitan la novela. Personajes complejos, tremendos, oscuros, siniestros, pero que también habitan el mundo que vivimos y a los que señalamos una y otra vez libres de culpa y cargo.

Daniela Martín y Nicolás Giovanna, directores de la puesta. PH.Daniel Santos.

Hay algo en la contundencia de “Las primas” que tiene que ver con su historia como novela. Premiada –paradigmáticamente- con la distinción de “Nueva novela” en el 2007 y publicada cuando su autora tenía 85 años, emergió entre obras nóveles y endebles, segura de ser esa voz autorizada para mirar en perspectiva décadas viviendo en una sociedad hipócrita, mediocre, cobarde. Como si Venturini, a la vuelta de todo, se hubiera tomado el tiempo exacto para salir a la luz y elegir el escenario perfecto para exhibir -sin vergüenza y con orgullo- el desfile de monstruos y fantasmas que habían deambulado en su vida, convirtiéndolas en marionetas de la historia que quería contar.

Detrás de esa “novela nueva” se escondía una autora inmensa, una mujer lúcida y aguda, testigo de las peculiaridades burguesas de mitad del SXX en el país, amiga de Evita Perón, exiliada en Europa por esa condición luego del ´55 y por lo tanto conocedora de los ámbitos políticos e intelectuales a nivel internacional.

Por todo esto, dicen desde el elenco, que es necesario y urgente poner ahora esta obra en escena; que esas construcciones reales y fantásticas escritas hace casi veinte años recordando los años ´40, hablan de nosotros mucho más que lo que pensamos.

Como si fuera el tiempo el que nos invitara a esta cita

A pocos días del estreno, parte del elenco respondió a Babilonia las preguntas obvias de -por ejemplo- por qué elegir a Venturini en general y a Las primas en particular y otros cuestionamientos más puntuales, sobre cómo poner el cuerpo los singulares personajes de la trama y- más aún-, la exquisita voz de la autora como absoluta narradora en primera persona.

Daniela Martín, Nicolás Giovanna, Laura Ortiz y Stefanía Moyano fueron develando los puntos centrales de esta puesta que es una invitación  

"El alma es una sábana blanca" seguirá durante todo el mes en cartel.

-La obra está basada en la novela de Venturini, aunque se hizo un minucioso trabajo de adaptación de su trama que modificó incluso su título. ¿Qué queda de ese texto personalísimo de una mujer que pinta el retrato en una singular familia argentina de mediados del SXX?

– Nicolás Giovanna. La pregunta me hace pensar en el ensayo como el espacio donde las sensibilidades del equipo, la red de intercambios, de propuestas, de diálogo hace que aparezca eso que queda, que tiene que ver con un entusiasmo compartido. Primero pienso en eso, en un proceso de más de un año de ensayo que hizo que la obra mute hasta el lugar en el que está hoy. Una novela no está escrita a priori para estar llevada al teatro, entonces el ensayo fue fundamental para hacer ese pasaje de mundos, ese cambio de lenguaje, de sustancia entre el territorio de la literatura y el de lo teatral o escénico. Esto siempre implica que algo se pierda y algo permanezca insista, quede. En ese sentido hay una dimensión poética que circula en toda la novela  maravillosamente y que también está presente en nuestra versión escénica. El lugar de lo fantasmagórico, lo mágico, eso que hace un tajo en la realidad y nos invita a pensar otro mundo; como cuando Yuna en la novela le da a su hermana Betina una cola que arrastra por el piso que es, dice, el alma que se le escapa. Entonces ese escape de alma como un corrimiento del realismo tomó un lugar central en nuestra versión y nos llevó –de hecho- al nombre que hoy tiene.

Luego está la dimensión del cuerpo. En la novela lo central de los personajes es el cuerpo que tienen, es el lugar donde afectan y son afectados en este círculo familiar. Eso en la novela es brutal: el cuerpo con su errancia, su disfrute, incluso en el lenguaje es el cuerpo el que torsiona y hace que trastabille. En fin, la potencia de la carne que en la obra, que en ese pasar al cuerpo que inexorablemente tiene el teatro, hace que tenga una preponderancia enorme: el desborde, la desmesura, la brutalidad, la ternura como una fisura en los vínculos como atisbos de supervivencia, el lugar de lo corrido, lo marginal, la suspensión del juicio.

En esta actualidad que vivimos de mucho odio, de trolls, de la aniquilación de consensos, de derechos, llevar a escena Las Primas, una novela tan disruptiva, tan lúcida nos hizo sostener ese lugar de la poesía que se nos hizo fundamental en esta coyuntura.  

-¿Qué fue lo que más los atrapó: el drama en sí o la historia detrás de esta mujer que sorprendió a propios y extraños después de los 80 años en el mundo literario? ¿Por qué?

(Dani Martín) En realidad fueron muchas cosas las que nos atraparon de Las primas. Primero fue la novela, porque recién después conocimos sobre la vida de Venturini. Lo políticamente incorrecto de ese mundo: cómo está narrada esa familia en la que hay muchas situaciones que son muy complejas, que estamos todo el tiempo como sociedad tratando de revisarlas, cuestionarlas, de ver cómo hablar, y en Las primas, la autora habla de todos esos temas descarnadamente. Del abuso, del aborto, de la discapacidad, de cómo son descriptas los personajes, las mujeres de esa familia sobre todo. Porque es una familia de mujeres, ya que el mundo masculino está bastante ausente; y lo que está presente es ese profesor que de un modo bastante periférico va logrando meterse en esa familiar hasta quedarse con todo. 

Luego nos apasionó ese mundo de personajes con una singularidad tremenda y ese modo de ser familia también con secretos, con acuerdos, con brutalidades.

– Hablan de un proceso de creación colectiva para la obra donde se potenciaron las diferentes “visiones del mundo” que tiene el equipo. ¿Por qué hacerlo de esa manera?

(Dani Martín) Lo colectivo es un modo de trabajo en el campo teatral cordobés que es muy importante, es –creo- parte de nuestro ADN teatral en Córdoba. Y yo particularmente hace años que me aboco a las versiones libros de textos siempre llevadas a cabo por un colectivo (Griegos, Mundo abuelo, Lengua Madre, entre otras). Por eso nos pareció importante -cuando con Nico armamos el equipo- contar algunas de las hipótesis que teníamos de la novela pero nunca propusimos un camino cierto. La obra la fuimos descubriendo a partir de un año largo de improvisar sobre el material, y para improvisar lo necesario es justamente que actor y actrices pongan en juego cuál es la visión personal de la novela y del personaje que le tocaba encarnar. Y eso también fue con la escenografía, con la iluminación, la música, el vestuario. Esa mirada personal para un trabajo colectivo es fundamental porque esta obra es el resultado del cruce de todas esas miradas combinadas que producen este encuentro.

-¿Podrían señalar cómo esas visiones de mundo, esos bagajes culturales, esas propuestas colectivas se representan luego en la escena?

Laura Ortiz. Tuvimos un proceso creativo sumamente enriquecedor. Mucha charla, reflexiones, intercambios y luego vino la hora de poner nuestros cuerpos y en el cuerpo todo eso que veníamos hablando. Y así como era difícil encontrar palabras para escribir esos universos, del mismo -o más- resultaba hacer la transposición a la escena. Y lo fuimos encontrando con mucho juego: lo lúdico estuvo muy presente a la hora de vincularnos, provocábamos escena a través de relacionarnos desde la singularidad de cada personaje, entonces se empezaba a armar un cuerpo  y una voz a partir de ese encuentro. Lo que hicimos fue seleccionar momentos de la novela que nos parecían interesantes, luego improvisábamos sobre lo que entendíamos cada quien, encontrando dónde apoyar ese personaje, probando. Y todo lo que tuvimos a priori de la novela, ahí empezaba a trastocarse.

En el momento donde entrábamos en diálogo con nuestra minusvalía, como se refiere Venturini en la novela sobre algunos personajes, allí venían prejuicios, preconceptos y la pregunta: ¿de qué nos estamos riendo cuando leemos la novela? Y no hay demasiadas respuestas.

Laura Ortiz, parte del elenco. PH Daniel Santos.

– En términos de texto, ¿qué desafíos planteó la voz narrativa de Aurora Venturini? ¿Cómo fue desarmar ese relato punzante, feroz en primera persona?

Estefanía Moyano. Si hay una pregunta que nos sostuvo durante todo el proceso creativo fue precisamente esa: cómo llevar a escena Yuna, narradora de la novela. Yuna cuenta en primera persona lo que pasa a su alrededor y lo hace de manera muy singular, original, de una manera delirante, desopilante. Una característica es que esta narradora tiene problemas en el habla, en la oralidad, dice –expresamente- que la palabra hablada le fue negada y por tanto lo que hace es escribir. Y escribe pensando en sus lectores, nos habla, directamente. Lo que sabemos de ella es lo que escribe y su modo de decir nos atrapa de entrada. Cuenta cosas terribles, crueles, pero lo hace de una manera muy particular, sin  hacer énfasis en eso que cuenta, es como si dijera: las cosas son así y eso causa un efecto muy interesante en quienes la leemos porque nos reímos a carcajadas de cosas brutales y automáticamente después nos preguntamos entre tantas otras cosas ¿de qué nos estamos riendo?

Nos interesó rescatar esa potencia de la novela que es provocar la incomodidad y disparar las preguntas que se vuelven urgentes en este presente. Mantener esa incomodidad es algo que buscamos, la incomodidad y el equilibrio precario entre el humor y el horror, entre la ingenuidad y la lucidez, entre lo lúdico y lo siniestro.

Abordamos la obra reconociendo a Yuna como espectadora de todo eso que la rodea y traductora de eso que vive. Toma las cosas que las rodea y las vuelve arte: la monstruosidad de lo familiar, la deformidad, toda su realidad que la rodea es la materia prima con la que ella crea distintas obras. 

Aurora Venturini publicó "Las primas" a sus 85 años.

– ¿Cómo fue la elección de los personajes en escena y qué permiten anclar del texto?

Dani Martín. El proceso fue un  poco a la inversa. Cuando con juntamos con Nico nos pusimos a pensar con qué actores y actrices teníamos ganas de trabajar, a quiénes teníamos ganas de invitar para hacer ese proceso de creación. Sí tuvimos la hipótesis de que no nos interesaba una obra con una protagonista –porque todo lo que sabemos lo sabemos por la voz de Yuna- sino que nos interesaba descentrar la voz, multiplicar, y escuchar de su propia voz las historias, las miradas, sentires de los distintos personajes. Luego empezamos a jugar: quién podría construir tal personaje, proceso que fue muy divertido, quién le podía dar carnadura a cada uno. Ahí se armó el equipo. Entonces bastante avanzado los ensayos pudimos pensar que la obra lo que iba a contar eran recuerdos desordenados, casi como sueños de Yuna que en la novela ella los cuenta como en un presente. Ahí hay algo de esa clave onírica, del trabajo de la memoria, que nos permitió desorganizar las escenas, o sea, que no tengan una lógica narrativa progresiva. Y también nos permitió jugar con la lógica de la novela, que no necesariamente las situaciones se cuentan igual o con los mismos personajes en la obra.

Fuimos desarmando el texto, de hecho algunas cosas están en el libro y otras son nuestras. Por eso creo que más que anclar, lo que hicimos fue ir abriendo esos mundos.

Dónde y cuándo

“El alma es una sábana blanca” estrena el próximo viernes 10 de mayo a las 21 en El Cuenco (Mendoza 2063) y presentará funciones los días 17, 24 y 31 de mayo a la misma hora. Las anticipadas se pueden conseguir en ANTESALA a $6000, estudiantes y jubilados $5000.

Además de la dirección de Nicolás Giovanna y Daniela Martín, la obra cuenta con las actuaciones de: Adrián Azaceta, Estefanía Moyano, Laura Ortiz, Gilda Reynoso, Ana Ruiz y Alicia Vissani. Diseño escenográfico: Agostina Barborini, realización escenográfica: Andrea Musso / Agostina Barborini, diseño lumínico: Sara Sbiroli, diseño sonoro: Leandro Doliri, asesoría de vestuario: Ariel Merlo , Imagen de gráfica: Daiana Martinello, diseño gráfico: Laura Felipe y producción de Andrea Musso.

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