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Gabriela Margall: “Me gusta que en el primer capítulo se reflejen todos los conflictos de la novela”

La escritora Gabriela Margall publicó recientemente “La institutriz”, una novela que rescata a esta emblemática figura de la literatura universal.
En esta oportunidad el relato se enmarca en la Argentina de principios del siglo XX, dando vida a una historia de amor atravesada por el misterio.

Gabriela Margall lanzó en el mes de febrero “La institutriz”, una novela en la que aborda a este personaje tan emblemático de la literatura pero en tierras argentinas. Fiel a la rigurosidad histórica y al amor como centro del relato, la escritora sobrevuela en este nuevo libro el género gótico de la mano de una narración en la que el misterio se hace presente.

Basta con leer el primer capítulo para comprender que entre Elizabeth Shaw (la institutriz) y Tomas Hunter (su próximo empleador), hay mucho más que un vínculo contractual. Hay un pasado, hay un secreto y una tensión que anticipan que habrá mucho por descubrir en estas páginas.

Elizabeth quiere volver a su tierra natal (un pueblo de Inglaterra) pero la lealtad y el deber la empujan a aceptar su puesto de institutriz en la casa de una aristocrática familia de Buenos Aires. El trabajo se vuelve un problema, ya que sus sentimientos pondrán en jaque esa coraza de severidad que la protege.

Gabriela Margall comparte con Babilonia esta entrevista en la que habla no solo de su reciente lanzamiento editorial sino también de algunos otros títulos que han marcado su carrera literaria.  

-¿Qué te decidió por escribir un libro que tuviera como protagonista a una institutriz, un personaje muy fuerte en la literatura universal?

-La primera vez que me di cuenta que tenía escribir sobre una institutriz fue con la lectura de “Infernales” el libro de Laura Ramos sobre los hermanos Brontë. Allí me encontré con la figura de la hija de Pastor, como fue el caso de las Brontë pero también de Jane Austen y otras que se convirtieron en escritoras.- Muchas de ellas hablan sobre este personaje de la institutriz, porque la figura era bastante común en la época para mujeres que necesitaban trabajar y que cumplían determinada función en la sociedad.

-Un trabajo respetable pero que además les permitía ser económicamente independientes.

-El trabajo de ser maestra para niños podía entenderse dentro de lo que se espera del rol de la mujer en la casa, porque de alguna manera estaba presente el concepto de que la maestra era la segunda madre. Por ejemplo en “Mujercitas” de Alcott, Meg trabaja de institutriz…  Cuando terminé Infernales me dije: “¿Cómo no escribí sobre la figura de la institutriz”.  

 

-Es un personaje muy presente en nuestras lecturas de infancia,  adolescencia, juventud..

– Sí, era tan normal que apareciera la figura de la institutriz que no me había detenido nunca a centrarme en este personaje.

 

-Desde esa mirada general, ¿cómo fue construir las particularidades de un personaje como el de Elizabeth Shaw, la protagonista del libro?

-Cuando entendí que tenía que escribir sobre la institutriz, decidí que la historia debía ser una parte inglesa y otra parte argentina.

La institutriz existe en Argentina en un determinado periodo de tiempo que va desde fines del siglo XIX a principios del XX. Y yo tenía ganas de trabajar sobre ese período así que me vino perfecto.

A partir de ese momento establecí que la institutriz iba a ser inglesa y empecé a definir ciertos caracteres: qué familia argentina iba a querer una institutriz inglesa (en este caso una familia que tuviera relación con Inglaterra ) y otras cuestiones sobre la vida de Elizabeth.

-Con la institutriz siempre aparece también el tema de la orfandad, ¿en esta novela es algo que está presente?

-Sí, porque Elizabeth es huérfana. Había ciertas cosas que eran inevitables. Si iba a escribir sobre una institutriz tenía que haber orfandad, un misterio, una casa venida abajo. Había elementos como ya incorporados que no podía dejar afuera.

Después seguí con el tema de la severidad, la disciplina… Porque estas mujeres estaban solas, trabajaban, tenían independencia… Y por esa razón necesitaban conservar un grado de dignidad incluso superior al de las familias que las contrataba. Tenían que ser como un faro de moralidad.

-Además los trabajos llegaban por recomendación

-Claro, y en el caso de Elizabeth Shaw trabaja con casi adolescentes, chicas de 15 y 16 años. Las prepara para el mundo. Les enseña a pintar, a cantar, a hablar francés… Ese es el tipo de conocimiento que imparte. Porque a veces me preguntan sobre la niñera , y en realidad la institutriz no era una niñera. Los chicos podían tener niñera e institutriz. La niñera era la que te cuidaba, y la institutriz la que enseñaba.

-En el primer capítulo se da el encuentro entre Elizabeth y Tomás, el personaje masculino. Entre ellos se percibe un pasado, una tensión…

-En el primer capítulo quería dejar más preguntas que hechos constatables.

Ellos se conocen, tienen una historia pasada. Ella está muy temerosa de empezar a trabajar en su casa. Además Elizabeth quiere volverse a su lugar de origen, a la costa sur de Inglaterra. Pero una relación con la familia de Tomás –la señora Luisa, que es también un personaje enigmático, alguien por quien Elizabeth siente lealtad y gratitud-insiste en que tome ese trabajo.

Me gusta que en el primer capítulo se reflejen todos los conflictos que luego se van a desarrollar durante la novela. Todos los elementos  deben estar presentes.

-¿Cómo trabajaste, desde lo histórico, ese contexto en el que se desarrolla “La Institutriz”?

-Habitualmente me ocupo que todo lo que está pasando históricamente en un periodo determinado influya sobre los personajes. Por eso elijo primero el periodo histórico y después invento los personajes.  En realidad es un proceso que va al mismo tiempo. En esta novela en particular me concentré  en el tema de los adelantos tecnológicos. Los inicios de 1900 es una época donde aparecen el avión, los ferrocarriles como el gran avance tecnológico, los barcos a vapor, el cinematógrafo, los automóviles… Hay toda una fascinación por ver hasta dónde puede llegar el hombre, la posibilidad de los viajes a la luna. Empieza a surgir la ciencia ficción, la fantasía sobre la tecnología… Me concentré mucho en eso, sobre todo en los personajes masculinos.

Otro de los temas es lo que se esperaba de una mujer  de la época, lo que se le enseñaba. Lo que una familia se podía permitir en términos de ciertas enfermedades, el comportamiento de una familia de elite… Por eso aparece la figura de la institutriz, para transmitir esos valores y conocimientos, luego va a surgir la educación obligatoria y a partir de eso la figura de la institutriz va a empezar a desaparecer. No es que en la época en la que se desarrolla la novela  no existan las escuela, pero a las mujeres se las mandaba solo un par de años, porque no consideraban necesario que estudiaran. Lo importante era que, desde la educación, una mujer lograra manejar el “arte de la conversación”, eso era algo muy valorado.

-Tus lectores y lectoras, ¿qué van a encontrar de la Margall de siempre en esta novela y qué de diferente?

-El sello Margall está en esa búsqueda de la identidad y el amor, temas que siempre están en mis novelas, también en los detalles históricos. Y lo diferente es que, tal como hablamos al principio, está lo gótico: el misterio, la orfandad, una casa en decadencia…

Otras mujeres de la Historia

En el Mes de la Mujer, aprovechamos la charla con Gabriela Margall para hablar algunos de sus libros que ahondan sobre la vida de mujeres de nuestro pasado histórico que tuvieron protagonismo . Obviamente, el nombre de Mariquita Sánchez (quien aparece en su novela “La dama de los espejos”), emerge junto a la de Encarnación Ezcurra o Manuelita Rosas. Sobre esto, Margall afirma:  “Cuando me encontré con el personaje Mariquita me pregunté ¿¡cómo es que nadie escribió sobre esta mujer de la que hay tanto material y que tuvo una vida tan interesante?!”. Desde los 14 y hasta los 80 y tantos años conoció a todos los hombres importantes del siglo XIX: San Martín, Belgrano, Rosas, Urquiza, Sarmiento…. Con Manuela, en cambio, fue distinto porque ella era una persona más conforme a la época, hacía las veces de embajadora de su padre pero dentro del hogar. En cambio, su madre, Encarnación, era más política. Participaba más activamente en la vida pública”.

Por último, surge el tema del valioso trabajo de investigación que realizaron junto a Gilda Manso y que dio lugar a los tres tomos de “La historia argentina contada por mujeres” que abarca de 1536 a 1900. “Fue un proceso extenso. Y surgió porque me  pasaba que a medida que investigaba para las novelas encontraba un montón de fuentes y testimonios que no se conocían y que reflejan que las mujeres sí habían participado de los hechos políticos en diferentes épocas. Los documentos existen, lo que pasa es que cuando se escribe la Historia (entre 1920 y 1930) se hizo un recorte masculino. … Obviamente hay estudios de género, las mujeres se han dedicado a estudiar su propia historia, y desde los años 70 y 80 (en especial con la llegada de la democracia) emergió todo un nuevo caudal de estudio sobre la mujer. Conociendo estas investigaciones dije: ¿porqué no escribir una historia en la que las voces de esas fuentes sean todas de mujeres? Porque las voces masculinas ya habían sido usadas… Una de las cosas difíciles fue encontrar una fuente para cada hecho histórico que queríamos narrar… Uno pensaría que encontrar testimonios de mujeres afrodescendientes esclavizadas en nuestro país iba a ser difícil, pero no. Tenemos testimonios de afrodescendientes, mujeres campesinas del 1700… Y en cambio sí resultó muy difícil encontrar testimonios de inmigrantes”.

 

Podés disfrutar de algunos fragmentos de la nota en nuestro canal de Youtube. 

Fernanda Pérez

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