«Los libros son una excusa hermosa para seguir desandando el camino ancestral»

La periodista y escritora Magda Tagtachian lanzó en febrero “Alma Armenia”, una novela que relata una historia de amor e identidad en territorios de la Armenia actual.

“Nomeolvides Armenuhi” fue el libro que la impulsó a indagar en sus raíces. La historia de su abuela armenia la llevó a transitar un sendero atravesado por el genocidio, el desarraigo, la memoria y la reconstrucción. Sin embargo esa Armenia de sus antepasados tenía aún más para contar y es por eso que la escritora y periodista Magda Tagtachian volvió a esas tierras para ahondar sobre ese (su) pueblo,  desde una mirada actual y contemporánea.

El relato que empezó a gestarse a partir de un viaje y experiencia personal, inspiró a la novela “Alma Armenia”, que salió en febrero de este año bajo el sello VeRa Romántica.

A través de estas páginas Tagtachian nos invita a descubrir otra Armenia, la de ahora, y lo hace a través de personajes adorables, profundos y sinceros.

Iniciando las entrevistas babilónicas, hablamos con la autora sobre este libro que viene alcanzando una buena repercusión en el público lector. 

-Leía en una columna que publicaste en Infobae que fue a partir de un viaje a Armenia donde se empezó a gestar esta novela.

-Sí, ese viaje fue el detonante. Ocurrió en 2016 y, como contaba en el artículo, mientras viajábamos el piloto nos dijo: «Sobrevolaremos Armenia rumbo a Artsaj, a no más de 200 metros del suelo. Perforar el aire a ese nivel sería entrar en espacio azerí. Nos pueden derribar». En ese momento, todos nos miramos, nos dimos cuenta que estábamos en peligro. 

Uno como periodista está acostumbrada a correr detrás de la noticia, nos acostumbramos a la adrenalina, al estrés, pero esa fue una experiencia que me movilizó mucho. Hice dos viajes a Armenia (el segundo fue en 2018). Esa región, donde hay territorios en disputa, me llevó a pensar en esta historia.

 

(Antes de seguir hablando del libro Magda Tagtachian explica con precisión detalles históricos y políticos de ese territorio en el que conviven Armenia, Artsaj y, Azerbaiyán. Conoce con profundidad el tema y considera valioso entender aspectos geopolíticos de la región a los fines de hacer más comprensible el escenario de esta novela).

 –  ¿Los viajes surgieron por inquietud periodística o por el deseo de indagar en el pasado familiar?

– Por ambas cosas: por curiosidad periodística y por mi origen armenio. Los armenios tenemos un sentimiento de nacionalismo -en el buen sentido de la palabra- muy fuerte. Tener territorio armenio es algo muy preciado hoy. Debemos tener en cuenta que de los 2 millones de armenios que habían, los turcos mataron a un millón y medio.  Armenia se quedó sin territorio y para que te des una idea hoy tiene el tamaño de Misiones (incluso es un poco más chico). Además no tiene salida al mar y cuenta con pocos recursos. 

La reivindicación de Armenia como país es algo más reciente, pero este pueblo existe desde la antigüedad. Armenia se convirtió al cristianismo en el año 301, antes era pagano.

-Y la intención de escribir la novela, ¿surgió antes o después del primer viaje?

-Yo viajé por primera vez en 2016 y en ese momento no pensaba escribirla. Luego volví en 2018, recorrí Armenia, Artsaj… Pero cada vez que fui documenté todo: grabé, filmé, recopilé material. No sabía que iba a escribir. Sin embargo, yo tenía en la cabeza una historia de amor, era algo que estaba pendiente. Me atrae el tema de las relaciones de pareja y a su vez deseaba narrar algo sobre la armenia actual. Inicialmente no había previsto unir las dos historias, pero en una noche de desvelo surgió la idea de fusionarlas. Desde ese momento estuve 10 meses escribiéndola, fue como un huracán sobre mi cabeza. El proceso me generó un gran agotamiento mental.

Escribir es como abrir la llave de agua, de pronto empieza a salir todo y es imparable.  

– Vos ya habías escrito sobre esa Armenia del genocidio y la diáspora, ahora estaba el desafío de escribir sobre la Armenia actual. ¿Cómo fue ese proceso?

-Lo que hice fue contraponer la idiosincrasia de la armenia actual con la del armenio de la diáspora, que claramente no son lo mismo. Hay una raíz común que nos une y que nos hace sentir familia enseguida, pero el armenio que vive hoy en Armenia tiene otras características.

Por eso hay un personaje que se llama Nané (prima de Alma, la protagonista) que es una mujer criada en la armenia soviética, mientras que Alma es una armenia de Occidente. Ella nació en las afueras de Boston, es descendiente de la diáspora armenia. Ambas tienen una relación entrañable, pero son diferentes.

Alma ha crecido en el seno de una familia armenia, fue criada por sus abuelos con costumbres armenias pero no ha viajado nunca a la Armenia actual.

-Seguramente habrá un hecho que la impulsa a emprender el viaje…

-Sí, ella está enamorada de un compañero de trabajo. Pero es un amor bastante contrariado, entonces en un momento en el que se siente un tanto desolada decide hacer el viaje en busca de su identidad. Allí se encuentra con Nané, su prima. Se hacen muy cercanas y se ayudan una a la otra.

 –Ya metiéndonos de lleno en la novela, Alma se aleja de un amor contrariado, ¿en su viaje conoce a un nuevo amor?

-En realidad, cuando Alma se pelea con su enamorado en Boston conocé allí a un armenio de Armenia, quien es un corresponsal de guerra en Artsaj y novelista . Alma va a una Feria del Libro por su trabajo y se encuentra azarosamente con este hombre llamado Hrant. Él es quien le dice que debe viajar a Armenia, y entonces  -en un momento de crisis- finalmente se decide a ir.

-El concepto de “viaje” es fuerte. Tiene que ver con tu experiencia personal y será también lo que impulsará a Alma, la protagonista de la novela.

-En mi caso como en el de Alma, aparece el deseo del viaje a las raíces. Eso suele ser un pendiente de la mayoría de las personas, hay un deseo de buscar en las generaciones pasadas. Queremos saber qué ocurrió y cuál es la historia de la que venimos.

A mí me pasó y quiero seguir escarbando en mis orígenes, siento que me falta aún mucha información.

En esa búsqueda la novela me venía como anillo al dedo. Resolvía dos cosas: por un lado el enorme amor por escribir y por el otro el hacer ese viaje, que es también un viaje interior… Y sobre eso último, quisiera hacer una aclaración. Uno puede ir al lugar de sus orígenes sin necesidad de sacarse el pasaje de avión. Si tenés la posibilidad de hacerlo mejor, pero hay mil posibilidades de viajar adentro de uno. Es como un manantial que llevamos dentro, lo que hace falta es la decisión, el deseo de viajar en la profundidad. La búsqueda, el amor, la política, la historia, no van por separado está todo junto.

– ¿Y tu viaje interior cómo empezó?

-Mi viaje interior lo empecé mucho antes de ir a Armenia. Un día reuní a mi familia y les dije que quería preguntar todo sobre nuestro origen.

 –Debe ser maravilloso ahondar en las raíces familiares pero también un desafío.

       –Yo siento mucha felicidad realmente. En este camino de búsqueda interior siento que todavía me falta mucho por recorrer, y esa búsqueda interior no me ancla en el pasado -aunque empecé revolviendo el pasado-  sino que me hace mirar el presente y el futuro.

       El camino que empecé con Armenuhi y que sigo ahora con Alma, me llevó a hacer nuevos amigos en Armenia, a recuperar a familiares allá… Vivo todo esto con mucha felicidad, ilusión y agradecimiento.

      – ¿Tenés la intención seguir escribiendo sobre Armenia?

      -No lo tengo en claro todavía. Lo que sí siento es que la temática de Oriente y Medio Oriente me atrae muchísimo. Necesito seguir buscando en ese lugar del mapa y esa búsqueda mía interior se va a ir reflejando en mis obras.

      Los libros son una excusa hermosa para seguir desandando el camino de dónde vengo, el camino ancestral. Todos tenemos una marca para dejar, estamos de paso en este mundo. Ese círculo vital es hermoso y debemos ser consciente de eso. 

Fernanda Pérez

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