Lo que dejó -y de lo que no se habló- en el #CILE2019

Después de diez días de intensa actividad cultural en la ciudad, Babilonia hace un balance de lo ocurrido en tanto en el Congreso Internacional de la Lengua como en el Festival de la Palabra, eventos donde se abrió el juego para debatir sobre el lenguaje, la literatura, la cultura y las nuevas tecnologías. Las integrantes de nuestro equipo -Florencia Vercellone, Fernanda Pérez, Natalí Ruatta Contigiani y Florencia Lanter- comparten algunas miradas y postales sobre ambos acontecimientos.

 

 

Hablar de lo que no se habla

 

El Congreso es -siempre lo fue- un espacio claramente académico y cerrado al que se le suman -quizá para lograr cierta pregnancia en un público masivo- algunos nombres que gozan de popularidad. En este sentido, y desde que se dio a conocer la localía de Córdoba en esta octava edición, los periodistas sabíamos que los ejes de contenido venían ya estipulados por la Real Academia Española, y que -por lo tanto-, las posibilidades de plantear discusiones ligadas a realidades regionales (tanto latinoamericanas como nacionales o locales) serían escasas.

 

Las sesiones plenarias, ponencias y las mesas redondas tuvieron estructuras expositivas que no generaron debates ni intercambios de posiciones. Algunas fueron interesantes, sin duda, pero es difícil decir si el Congreso Internacional de la Lengua Española ha dejado instalado temas que afectarán o modificarán el uso y las palabras de los hablantes. Lo que sí dejó fueron algunos ejes para debatir (lengua española, lengua castellana, americanismos, las lenguas de los pueblos originarios y el uso del lenguaje en el ámbito tecnológico), como otros que quedaron abiertos y de los que se planteó poco y nada, como es el caso del lenguaje inclusivo. 

 

Por eso fue sumamente relevante saber que en el mismo territorio urbano donde se movían las coordenadas del Congreso, estuvo latente durante los mismos días un «contracongreso», que ofreció una mirada opuesta a la de la Real Academia -sobre todo en relación a su visión hegemónica del lenguaje español- con mesas en las que incluso estuvieron presentes escritores que también fueron invitados por la RAE. Tal es el caso de la cordobesa María Teresa Andruetto , el chaqueño Mempo Giardinelli y el mexicano Juan Villoro. 

 

 

 

Vale decir, entonces, que lo más rico del Congreso no fueron entonces los expositores que reproducían los lineamientos oficiales de la Real Academia, sino las voces disonantes que se escucharon en algunas ponencias, que traían ecos de posturas contrarias o alternativas al cónclave, siempre planteado como un evento sumamente elitista, pero que propone -cabe destacarlo- modos democráticos, convocando y otorgando el micrófono a investigadores, escritores, ensayistas referentes de instituciones de toda Latinoamérica, que -ellos saben-, plantearán sus disconformidades. 

 

En este sentido, y quizás como uno de los puntos más interesantes de los cuatro días que duró el CILE, fue justamente cuando planteó su postura el escritor y docente Mempo Giardinelli, quien frente al Ministro de Educación Alejandro Finocchiaro, desnudó con seriedad y conocimiento la falta de políticas educativas del actual gobierno nacional, y habló de la crisis económica, social y educativa de nuestro país. 

 

«Es que la educación entendida como el sistema de saberes y conocimientos que toda nación provee a la ciudadanía desde la primera infancia y en particular, desde el sistema escolar, es una cuestión no sólo pedagógica, no es solamente un debate de estrategias didácticas para transmitir y coordinar el aprendizaje de millones de niños y jóvenes, es, al menos esto, una cuestión política. Y lo es porque educar al pueblo es una responsabilidad básica de todos los estados, en tanto y cómo hacerlo es una decisión política, pero también lo es no hacerlo. Hacer que un pueblo lea es una decisión política y hacer que no lea, también lo es. Por lo tanto, la precisión lineal del uso de la lengua que habla, en la que lee y se expresa cada pueblo y cada sociedad, también lo es», expuso contundente Giardinelli quien trabaja desde hace décadas e incansablemente en educación y fomento de la lectura desde su Chaco natal. «Es cada vez más evidente el cambio de paradigma que estamos viviendo. Basta con reparar en la educación argentina la intervención de empresas transnacionales que empiezan a gobernar sutilmente el sistema: imponen la disminución salarial, satinizan el sistema de sindicalismo educativo, recortan becas y ayudas, desmantelan la educación técnica, eliminan las instituciones de formación docente y cancela, o quiere cancelar -porque no lo dejamos- la educación para adultos y trabajadores. Así, con las políticas de desindustrialización, sin las debidas consecuencias, es el abandono de la educación en todos los niveles, que quizás desde Buenos Aires, desde el Ministerio que representa el honorable Doctor Finocchiaro no se ve, pero es un abandono pedagógico, edilicio y de formación docente. Lo que un país con el 60% de inflación anual y uno de los 5 mayores endeudamiento del planeta es poco menos que suicida y acaso incendiario, Dios no lo quiera», recalcó. 

 

 

Mujeres visibilizando ausencias

 

Otras postales disidentes y, por lo tanto, interesantes, fueron las que dejaron las escritoras Luisa Valenzuela, Claudia Piñeiro, Elvira Sastre y María Teresa Andruetto, quienes alzaron su voz femenina ante un Congreso que cumplió con la propuesta de equiparar la presencia de mujeres y hombres en las ponencias, pero se resistió al debate del lenguaje inclusivo. «Nada está más visible cuando no lo está», señaló con certeza Andruetto en el discurso de cierre. Ante miles de personas, marcó no sólo la importancia que debería darle la Academia a discusiones tan actuales como lo excesivamente masculino del castellano, sino también la falta de referentes mujeres en la RAE y en el Instituto Cervantes. 

 

Y fue días antes, precisamente el jueves, que la escritora argentina Luisa Valenzuela se animó a romper el código tácito estipulado, y en el marco de su discurso sobre le relevante de la lengua como materia viva, recordó una charla en la Feria de Guadalajara cuando «los, las, les integrantes de la mesa» hablaban de Sexo y Lenguaje. Así, con una simple expresión, ese «les» tan discutido en estos tiempos por los amantes de las reglas, se coló sin permiso y dijo presente también en la programación. «Las mujeres fuimos relegadas a un plural que no nos incluye. Lo patriarcal signó en nuestra lengua y no sé si podemos parar el ninguneo con la ‘e, tan molesta al oído, pero que abarca todos los géneros y sale del banal binarismo de la o y la a. Cada uno encontrará su manera de escapar de la invisivilización de la mujer en nuestra lengua. Es un llamado a la creatividad», reflexionó.

 

Piñeiro y Sastre, por su parte, plantearon también en sus discursos el debate por el lenguaje inclusivo, la lucha feminista y su visibilidad a nivel mundial. En primer lugar Piñeiro, dentro de la mesa «El valor del español como lengua de culturas. Literatura, oralidad y folclore», desplegó su postura con un extenso escrito que tuvo como corolario un anclaje artístico-musical, trayendo a colación las coplas verdes de Mariana Carrizo (escritas en apoyo a la ley de Aborto legal, seguro y gratuito), los versos en qom de la formoseña Charo Boragin y un tema de Miss Bolivia.

 

Aplaudida por la multitud que la escuchaba atenta, entre otras cosas, señaló:»Hoy, siglo XXI, discutimos usos de la lengua en la literatura, oralidad y en el folclore, pero existen marcas de aquella fundación, una cierta resistencia ancestral sigue haciendo eco de esos usos y particularidades en cada una de las distintas lugares de la lengua. Lo que no se habla produce malestar. Soy escritora y como dice Reynaldo Arenas los escritores estamos encaprichados en ponerle palabras a los silencios, los silencios actuales y a los anteriores, incluso a los que vienen desde hace más de 500 años atrás. En el 2019 me resulta imposible no hacer un pararelismo entre una lengua que quiere imponerse sobre un territorio dominado y la férrea oposición de muchos a que la lengua se modifique adoptando los usos que introdujo la perspectivas de géneros.De nada sirve ni oponerse ni tratar de imponer un lenguaje atravesado por la realidad. La lengua está viva y siempre será con el tiempo lo que el uso determine. No sabemos si el lenguaje inclusivo terminará siendo adoptado por la lengua española, lo sabremos en el futuro, pero muchos de los que están en contra del uso del lenguaje con perspectiva de género, argumentan desde el lugar de una supuesta superioridad, con subestimación y algo de prepotencia, casi como el conquistador que está imponiendo sus reglas en otro territorio. Pero en este caso, en este siglo, ese territorio no es geográfico, es humano, es la mujer y los géneros no binarios».

 

Dando un cierre de lujo y con sello local al Congreso, María Teresa Andruetto eligió para su discurso una palabra que tiene una carga profundamente negativa en nuestra sociedad en los últimos años, y desde allí, de la palabra «grieta», se ubicó para dar su opinión, planteando que justamente desde un lugar de quiebre es que surge la luz. 

 

«Hay una grieta en todo, dice Leonard Cohen, y entonces es ahí en la fisura donde quisiera mirar.No fue sencillo para mí aceptar la invitación para cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene la comunidad a la que pertenezco y también por mis propias disidencias. Pero me tranquiliza dos cuestiones. La primera es que antes de aceptar hice saber mi postura y la invitación se sostuvo con el mismo espíritu democrático que agradezco, y la otra es que estoy aquí como escritora y el lugar de quién escribe es, en lo que respecta a la lengua, un lugar de desobediencia, de disenso.En nombre de esas dos cosas digo estás palabras».

 

En otro pasaje de su ponencia, se preguntó si hubo mujeres «y en qué proporción» en la discusión de contenido dentro de la RAE, y marcó que le costaba entender cómo en un total de 250 ponentes de 32 países ninguna mesa planteara la discusión del lenguaje inclusivo.

 

Así lo expresó: «El lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica que tiene la lengua que habitualmente nos es invisible, claro que compartimos la lengua, claro que la lengua no es de nadie, claro que corremos el riesgo que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política, claro que no sabremos lo que pueda pasar con la literatura, claro que no puedo saber yo, en el largo plazo, si ese lenguaje que viene a irrumpir se estabilizará y de qué modo, si ingresará, y de qué manera a la literatura, pero sorprende que no se haya incluido en el temario algo que está moviendo los cimientos de nuestras sociedades».

 

La lengua en tiempos digitales

 

Un debate sí puesto a consideración por una preocupada Real Academia Española es aquel que tiene relación entre la palabra y el mundo digital, no sólo por la reproducción sin discusiones de un lenguaje en foráneo como el inglés, sino también por la denominada economía de terminologías en la escritura y la oralidad en las nuevas generaciones. 

Con un plenario compuesto por Armando Casas, Raquel Krawchik, Indira Montoya, Giovanni Parodi, Soledad Puértolas y  Eloy Urróz, bajo la coordinación de Santiago Sylvester y con Francisco Arellano Oviedo como presidente, se desarrolló en este sentido la conferencia «El poder de las palabras y las imágenes en la era digital».que aportó interesantes datos sobre la cuestión. En el marco de este debate, fue la escritora española Soledad Puértolas, quien puso de manifiesto cómo la era digital desacerbada genera cambios rotundos, y hasta preocupantes en las generaciones actuales, especialmente durante la infancia, limitando la creatividad y atrofiando el poder de la imaginación. Es en ese punto en que el lenguaje intercede con la palabra para hacer justicia en medio de tanta fugacidad.

 

En otra mesa, que buscaba debatir lo digital pero desde el periodismo planteando «los retos de una lengua en internet», fue interesante escuchar editores y redactores de diferentes países como la mexicana Patricia Nieto y el español Mario Tascón, y también al argentino Martín Caparrós, que no dudó plantear su postura sobre lo que actualmente se llama «crisis del periodismo» . » Actualmente se habla mucho de la crisis del periodismo pero yo trato de insistir que lo que en realidad está en crisis es un modelo de periodismo que durante mucho tiempo fue muy eficaz, sobre todo durante el siglo XX, que consistía en esos grandes diarios institucionales eran lo detectores de la verdad y que con sus títulos fijaban agendas. Y esos grandes diarios quieren convencernos que su crisis es la crisis del oficio periodístico. Pero yo creo que este oficio está en búsqueda, como siempre».

 

 

Una fiesta de la palabra

 

 

Paralelamente al Congreso (que requería inscripción previa para participar), desde el año pasado se comenzó a esbozar el Festival de la Palabra. Sin dudas, el evento fue un acierto. Puso en valor a autores locales (que en el CILE solo estuvieron representados solo por Perla Suez, Cristina Bajo, Carlos Schilling y María Teresa Andruetto -cuando la lista es inmensamente más rica y diversas no sólo en cuanto a género sino también generacional y territorialmente) y además permitió popularizar el acontecimiento internacional a través de charlas, espectáculos y muestras abiertas al público en general.

 

A destacar, la apuesta por una grilla con contenido juvenil en el que Hecatombe y raperos lograron una enorme convocatoria de este segmento en la Plaza San Martín, mostrando quizás de una manera concluyente, cómo la palabra se hace carne multidisciplinariamente. También mesas en las que se pudo disfrutar de muchos autores locales y nacionales hablando y debatiendo, clases magistrales con Soledad Villamil, Eduardo Sacheri o la dupla conformada por Marcelo Piñeyro y Claudia Piñeiro, demostraron que Córdoba es un escenario sumamente fértil para eventos donde diferentes públicos (no sólo los lectores) pueden confluir, si se sabe mixturar la programación. Fue interesante ver cómo el curioso de las artes plásticas, de la música, del teatro, del cine, pudo sentirse también parte de este Festival y entender que la lengua es un río que todo lo atraviesa. 

 

Quizás sí, jugó un poco en contra la superposición de actividades. Tal vez más de 30 ó 40 propuestas por día durante 10 días en al menos 10 espacios diferentes fue demasiada información para quienes querían disfrutar de la esta nutrida grilla.

 

 

Por otra parte, funcionaron muy bien los espectáculos previstos como veladas musicales/literarias, en los cuales se vieron a miles de cordobeses respondiendo al llamado de clásicos y otras propuestas armadas para la ocasión con cruce de artistas nacionales e internacionales. Hablamos del homenaje a «Rayuela» de Julio Cortázar a cargo de Vargas Llosa y otros invitados el jueves en el Teatro Real, la función al aire libre y con más de 20.000 personas en Ciudad Universitaria de la mano de Les Luthiers, el tributo tanguero a Joaquín Sabina en el Libertador junto a la Orquesta de Cámara, cantantes locales y la voz de Adriana Varela más la lectura de poesías de la española Elvira Sastre, Benjamín Prado y el mismísimo Sabina, que se transformaron en los eventos más fuertes de una grilla que, en la noche del sábado, cerró con un espectáculo exquisito a cargo de la actriz española Nuria Espert que recorrió con sensibilidad y contundencia el «Romancero gitano» de Federico García Lorca. 

 

Vale decir también que entre tanta programación el público por momentos estuvo desorientado, pero sin dudas el Festival se ganó su lugar en la agenda cultural de la ciudad (ver «Sobre la organización»). 

 

En la conferencia de prensa realizada previamente a la apertura del Congreso, el Ministro de Educación de Córdoba, Walter Grahovac prometió que este Festival se repetiría a partir de ahora anualmente en la ciudad, queda saber si esto realmente se concretará, y cómo se coordinará con el gran evento literario local que es la Feria del Libro y el Conocimiento. 

 

 

Sobre la organización 

 

Si bien los lineamientos de contenido no eran decididos por la comunidad académica cordobesa o argentina, sí es cierto que la logística corría por parte de las instituciones organizativas del Congreso. De hecho, hubo un equipo de prensa que estuvo especialmente contratado para el CILE, equipo que lamentablemente no pudo dar respuesta a ninguno de los problemas de cobertura que surgieron a lo largo de este evento y del Festival de la Palabra (que tuvo actividades muy convocantes como el show de Les Luthiers o el homenaje a Joaquín Sabina). Más aún, casi todos los problemas surgidos en torno a los ingresos y entrevistas debieron ser resueltos por los colegas de prensa de la Agencia Córdoba Cultura, del Gobierno de Córdoba o de la Dirección de Cultura de la Municipalidad que, conocedores del tema, tuvieron intervenciones atinadas que hicieron más fácil el trabajo de la prensa. Fueron múltiples las quejas de colegas (e incluso de asistentes al Congreso) de otras ciudades en cuanto a las dificultades de no saber los alcances de su acreditación para cubrir ponencias y sobre todo actividades paralelas, como fueron los espectáculos citados con anterioridad. Cruces de información y sobre todo falta de anticipación para entablar vínculo con autores/académicos internacionales fueron moneda corriente y recién al segundo o tercer día las directivas logísticas y organizaciones fueron tomando un cauce más fluido.

 

Tampoco se entiende porqué con tantos expositores, hubo tan escasas conferencias de prensa o entrevistas programadas, algo que sin dudas hubiera sido más enriquecedor que la cobertura de los plenarios, tan acotados y específicos en sus temarios. 

 

En la jornada inaugural sorprendió incluso, que entre los invitados especiales solo hubieran algunos  humoristas y un grupo muy reducido de escritoras locales. Es probable que se hayan hecho más invitaciones y que hubo inasistencias, pero es sorprendente que en una Córdoba con tanta actividad literaria y cultural, los convocados quedaran reducidos a un número tan pequeño y a géneros tan acotados.  

 

Video resumen de los eventos aquí.

 

 

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