“Lo que más me gustó trabajar en este libro fue la relación entre las dos protagonistas”

Mariana Guarinoni nos cuenta sobre “Las espías en Buenos Aiyres”, su nueva novela que tiene como protagonista a dos mujeres fascinantes de nuestro pasado histórico:  Annette Périchon y Mary Clarke.  

El espionaje siempre tiene su lado fascinante en la literatura. Pero si a eso le sumamos mujeres espías y el contexto del siglo XIX en Argentina (con amantes, amores, enfrentamientos  y conspiraciones), entonces es probable que se trate de una de esas historias que tienen mucho para decir y develar. Ese es el camino que recorre “Las espías en Buenos Ayres”, la nueva novela de Mariana Guarinoni que toma personajes y hechos reales a los que fusiona con una atractiva trama ficcional.

Annette Périchon (conocida por ser la amante del Virrey Liniers y la abuela de Camila O’Gorman) y Mary Clarke (una inglesa que usó varios nombres y a la que se conoció también como Clara la Inglesa), son los principales pilares de un relato en el que la pasión, la intriga y los avatares sociales y políticos de la época van de la mano.

En diálogo con Babilonia Literaria, Mariana Guarinoni nos expone los aspectos más significativos de “Las espías en Buenos Ayres”

-¿Qué te motivó a trabajar una historia vinculada a esas espías de nuestro pasado histórico?

-En todos mis libros me gusta sacar a la luz el rol de mujeres. Muchas fueron protagonistas de la Historia pero quedaron ocultas por la visión masculina de los historiadores. En la época de las invasiones inglesas hubo una tarea de inteligencia previa y espionaje, de ambos bandos, que permitió llegar a la invasión y a la posterior Reconquista. En eso fueron clave muchas mujeres. Yo encontré a dos de ellas muy importantes -mujeres reales- y decidí contar sus historias en esta novela: Annette Périchon y Mary Clarke.

Empecemos por Annette Périchon -Ana, en lengua criolla-. ¿Qué te atrajo de ella para transformarla en un personaje literario?

-Marie Anne Périchon de Vandeuil era llamada Annette Périchon o Anita La Périchona, según fuesen amigos o enemigos. El apodo La Périchona era despectivo, por eso no lo usé como narradora. Sí lo puse en boca del pueblo durante una protesta contra Liniers, porque sus enemigos la usaron para atacarlo cuando era virrey.

Anne fue una mujer fuerte, que escapó de la colonia francesa donde había nacido (frente a la costa africana) por miedo a los republicanos de la Revolución Francesa. Un tío abuelo suyo había sido ejecutado en la guillotina y la familia buscó refugio en un virreinato español. Llegó al Río de la Plata junto con sus padres, su marido -Thomas O’Gorman- y sus hijos. Fue un personaje muy recordado de aquella época del virreinato por el peso de sus acciones, como se ve a lo largo de la novela. Las intrigas de Annette con el comandante Beresford permitieron que Liniers, que estaba en las afueras, consiguiera un pase a la ciudad, desde donde organizó la Reconquista bajo las narices de los ingleses. Fue mucho más que la abuela de Camila O’Gorman, aunque se dice que la complicidad entre abuela y nieta y sus largas confidencias impulsaron a la joven Camila a huir con el cura Ladislao. A esas charlas las usé para abrir y cerrar la novela.

La otra protagonista es Mary Clarke (en ese punto la autora aclara que Mary, también era conocida como Mary Lochard, Mary Johnson o Clara la inglesa, ya que tuvo muchos nombres).

-Mary es mi personaje favorito, tiene una fuerza increíble. Si bien se menciona la fonda de Clara, la inglesa en muchos libros de Historia por haber sido escenario de reuniones de personajes importante de nuestro pasado, nunca se cuenta sobre su vida.

La encontré al descubrir que ella regenteaba los prostíbulos que eran propiedad de O’Gorman, marido de Annette, y empecé a buscar más información. Es increíble todo lo que vivió: llegó a estas tierras por un motín a bordo de una nave inglesa que la llevaba a la colonia penal de Australia, sobrevivió gracias a dos affaires: con el capitán original primero y con el amotinado después. Se casó varias veces y enfrentó muchas cosas más que están en la novela. Creo que podría haber hecho una historia entera sólo con ella, pero me gustó la posibilidad de explotar la relación entre esas dos mujeres. Dos extranjeras que luchan por sobrevivir en una tierra extraña, relacionadas por un hombre en común, que huye y abandona a ambas. Me ofrecía una trama llena de matices que no quise desaprovechar.

– Por lo visto hay mucho trabajo de investigación, ¿cuáles fueron las mayores dificultades que encontraste en ese proceso?

La principal dificultad que encontré en la investigación para esta novela es que los historiadores de los siglos pasados cuentan todo desde una visión muy masculina. Los datos sobre las mujeres son escasos y a veces erróneos. Encontré un par de errores que no coinciden con los datos de Annette en los archivos del censo porteño de 1827, por ejemplo. Vi los originales en el Archivo Gráfico de la Nación y difieren de lo que se cuenta en los libros, pero no puedo aclarar nada sobre este tema sin hacer spoiler, por eso me lo reservo para charlas en vivo con lectores que ya hayan terminado de leer la historia.

Por otro lado, esta novela me permitió ver “las invasiones inglesas” -un tema tan conocido para nosotros como criollos- desde otro ángulo. Entender cómo fue la vida cotidiana durante la invasión y, en especial, después de la retirada del enemigo. También qué cosas tuvieron que hacer para sobrevivir esta francesa casada con un irlandés y, por su parte, un grupo de inglesas.

Es un abordaje muy interesante, porque siempre lo estudiamos desde el otro lado.

-En la novela también aparece la figura del virrey Liniers (un personaje controvertido). ¿Cómo fue trabajar sobre esa figura histórica?

-No considero al virrey Liniers una figura difícil de abordar. Él fue muy querido por su labor en la Reconquista y siempre tuvo en claro sus ideales de lealtad al rey de España. Si bien su acción en la Contrarrevolución causó enfado entre los independentistas, eso mismo le costó la vida, lo cual en cierto punto lo redimió de su accionar porque no afectó el proceso de liberación de las colonias. En cambio me resultó más difícil trabajar con héroes de mayo, como Castelli o Moreno, en el rol de crueles asesinos de Liniers. Un tema filoso.

En aquellos días se vivió una guerra entre personas que poco antes eran amigos y comían en las mismas mesas. Me animé a mostrar que la revolución fue mucho más que lucir cintas celestes y blancas frente al Cabildo. Hubo muchas decisiones difíciles detrás de la escena.

-¿Qué fue lo que más te gustó de trabajar en este libro? 

-Lo que más me gustó trabajar en este libro fue la relación entre las dos protagonistas: Annette y Mary. En un momento Mary se enamora de O’Gorman, el marido de la otra, pero la trama no es un triángulo amoroso, porque a Annette no le importa ese marido. Ama a otro hombre. Pero cuando Thomas huye tras la Reconquista y las abandona a las dos, hay algo poderoso que las une, aunque sean enemigas. Hay mucho sufrimiento, pero también mucha resiliencia. Son dos mujeres fuertes que le ganan a la adversidad. Y sus vidas merecen ser conocidas.

-Dentro del proceso de investigación y escritura, ¿hubo algo que te llamó la atención, te sorprendió o conmovió?

-Un tema que quiero destacar, y que descubrí con la investigación para esta novela, es la existencia de la Casa de la Reclusión o Residencia para mujeres escandalosas, en el Buenos Aires de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Creada por el virrey Vertiz, recién desapareció junto con las demás instituciones monárquicas en 1810. Allí cualquier hombre podía encerrar a su mujer, a su hija, a su hermana, a cualquier familiar o criada a su cargo. Bastaba con acusarla de conducta escandalosa y pagar su mantenimiento por el período que así lo deseara. ¡Era como poner en penitencia a las mujeres y encarcelarlas si enojaban al hombre de la casa! En ese lugar cayeron Mary Clarke y más de sesenta mujeres inglesas que llegaron en la nave Lady Shore, porque no había otro lugar donde alojarlas. Las atrocidades que vivió Mary en la Residencia son reales. Están documentados hechos similares a los que cuento en mi novela “Las espías en Buenos Ayres”.

 

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