Lo que deja la ausencia

Conmovedora y sutil, la nueva novela de la catalana Milena Busquets narra en “Gema” el presente de una mujer que en la mitad de su vida conecta sin poder evitarlo con la muerte temprana de una amiga de su infancia. Después de “También esto pasará”, la autora vuelve a sorprender con su capacidad para bucear por universos internos trayendo a la superficie lúcidas reflexiones.

Dueña de una voz directa, honesta, admirable que da en el blanco en cada frase elaborada y en cada escena construida, Milena Busquets (España) nos invita en la novela contemporánea  “Gema” (Anagrama-2020) a deambular por los recuerdos de una mujer que –en la mitad de su vida- se detiene a recordar a una amiga muerta durante la adolescencia. Gema, así se llama(ba) aquella chica que describe de pelo oscuro y tez pálida, que vio por última vez en el Patio del Liceo Francés para la típica foto escolar, pocos días antes que falleciera, episodio al que vuelve de vez en cuando a su memoria a causa de simples cosas que ocurren en la vida: una palabra, un gesto o una mirada que a activan con algo de ese momento.

Pasado, presente, futuro

Narrada en primera persona y ambientada en Barcelona, la novela comienza con una declaración que suena tremenda y que no es más que la primera puntada de una trama que terminará tejiendo un drama personalísimo.

“Para mí Gema siempre ha sido el nombre de una muerta”, dice la voz principal del libro. Y quien habla es una mujer de cuarenta y tantos, que en medio de su rutina de trabajo como traductora, madre de dos hijos y una dinámica sumamente equilibrada de dos ex maridos y novio reciente, se acuerda –de tanto en tanto- de Gema, aquella amiga de la infancia, que se la llevó una leucemia voraz cuando tenía apenas 15 años.

Como si fuera un relato circular (como la vida misma), Milena Busquets parte del presente narrando un episodio banal en la aburrida rutina que puede tener cualquier mortal, luego tiende puentes hacia el pasado para después proyectar al futuro, buscando adivinar lo que hubiera pasado si las cosas hubiesen sido diferentes, para volver otra vez a su aquí y ahora. Entonces, la protagonista de esta historia (que puede ser tranquilamente su autora, nacida también en Barcelona, escritora y ex alumna del Liceo Francés), de repente sale a cenar con su seductor y joven novio a un coqueto restaurante, repara en que el lugar le suena familiar y conecta directamente con la infancia junto a Gema ya que – oh casualidad-, es el antiguo restaurante del padre de su amiga.

¿Qué será de la vida de ellos? Se pregunta. ¿Cómo habrá sido sobrevivir la muerte de su única hija? ¿Por qué no se había puesto a pensar en eso siendo adolescente? ¿Por qué, además, el recuerdo de la muerte de su amiga no logra encajar en ningún otro recuerdo certero de su infancia? ¿Murió en otoño o primavera? ¿Fue visitarla al hospital? ¿La lloró en aquel momento? 

No lo sabe, o mejor dicho, no lo recuerda, y por eso decide, muy de a poco, abrir la puerta a los fantasmas convocando a otros testigos del hecho como viejas amistades, ex profesores y maestros. Y así, lentamente, como una tenue pero constante brisa que entra por la ventana en primavera, de a poco la memoria le va dictando en los oídos que en ese pasado está la clave que le permitirá mirar desde otra perspectiva su presente.

Morir, amar, vivir

¿Cómo accionan en nosotros la muerte de las personas lejanas o cercanas durante nuestra infancia y adolescencia? ¿De qué manera nos asomamos a ese abismo que a veces nos pisa los talones cuando apenas entendemos de qué se trata la vida? Y si quienes se mueren son los amigos, en la etapa más eterna de la existencia, ¿de dónde sacamos las palabras para explicarlo?

A medida que la protagonista de la novela avanza y camina hacia atrás descifrando sus dudas y certezas, Gema es la excusa perfecta para revisar cada una de las partes que la integran. Ella como pareja, ella como madre, ella y sus deseos, sus anhelos y sus soledades. Ella como amiga, como hija y como una mujer que luego de la muerte de sus padres ha decidido darle la espalda a cualquier otra pérdida. Porque claro, hablar de la muerte es casi lo mismo que hablar del amor y de la vida. 

De hecho, el punto más fuerte de la novela son justamente las reflexiones desde donde la protagonista de esta historia se para en uno de los momentos más críticos de la vida, cuando ya se caminó la mitad de la colina y solo resta comenzar a descenderla. Y en cada reflexión intentará responderse sobre la soledad que siempre nos habita aunque estamos todos juntos.

Pero no es una voz nostálgica, ni dramática, ni siquiera atravesada por la tristeza, sino todo lo contrario. Inteligente, mordaz, lacerante –por momentos-, la voz que habla en primera persona y que nos cuenta con lujo de detalles, casi como una confesión, o mejor dicho, una declaración de principios, nos habla de manera consciente y lúcida aceptando sus errores a la hora de amar, o de estrechar lazos con amistades o incluso en su papel como hija. Y eso es lo que  más conecta con quien la lee. Eso, y su forma tan sutil de equilibrar con algo de sarcasmo la desolación con la esperanza o el temor con la valentía.   

Gema es una novela breve y de lectura ágil pero sumamente profunda, que pone sobre la mesa el valor de la memoria afectiva rindiendo un hermoso tributo a la amistad.

Milena Busquets (Escritora, traductora) sorprendió a propios y extraños en 2016 con la novela «También esto pasará» donde relata la muerte de su madre, la editora Esther Busquets una mujer central en la literatura española del siglo XX. 

Florencia Vercellone

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