Libros que traspasan el papel: “Los restos del día”, de Kazuo Ishiguro

Después que el autor de origen japonés haya sido consagrado en 2017 con el Nobel de Literatura, la plataforma Netflix subió el filme que llevó a la pantalla grande en 1994 su reconocida novela «Los restos del día». Con el protagónico de Anthony Hopkins, participación de Emma Thompson y adaptación de James Ivory, la película supo captar de manera exacta los momentos más intensos del libro escrito por Ishiguro sobre la vida de un mayordomo que sirvió sin cuestionamientos a un influente caballero inglés ligado al nazismo. 

Su nombre estuvo en boca de todos a fines del año pasado, cuando la Academia Sueca lo señalaba como el último ganador del Nobel de Literatura. Sin embargo, mucho antes de eso, sus libros colmaban a quienes lo leían en decenas de países en todo el mundo. Estamos hablando de Kazuo Ishiguro, japonés de nacimiento pero inglés por adopción, que desde hace décadas desanda relatos en papel (lleva escrito más de diez libros que han sido traducidos en más de 40 idiomas) y que en el pasado octubre terminó de traspasar fronteras universales al ser distinguido como merecedor de la mayor distinción en Letras. Distinción que llegó después de otras tan importantes, ya que Ishiguro  ha sido premiado con el Man Booker, es Oficial de la Orden del Imperio Británico y Caballero de las Artes y las Letras por el gobierno francés.

 

Con una prosa detallista y sutil, Ishiguro ha sabido recrear diferentes escenarios y épocas históricas del mundo, desde la Edad Media hasta la modernidad, y por ser sus universos tan bien descriptos, es que algunas de sus novelas fueron llevadas al cine. Es el caso de “Nunca me abandones” -el más reciente- y de “Los restos del día”, novela publicada por primera vez en 1989 y estrenada en pantalla grande en 1994, en la cual nos vamos a detener para hablar en esta sección.

 

Ambientada a mediados de 1950, “Los restos del día” es una novela escrita en primera persona, a través de la voz de Mr. Steven, mayordomo durante toda su vida de una de las tantas lujosas mansiones en las afueras de Londres, en este caso Darlington, edificaciones que fueron símbolo de toda una época imperial. Detenerse en esa década no es casual, ya que a quien ha servido el Sr. Steven fue un gran aristócrata e influente Lord inglés, que justamente debido a sus vínculos interacionales, se vio envuelto en conflictos durante el período entreguerra por construir lazos diplomáticos con la Alemania Nazi, conflictos por los cuales  termina cayendo en desgracia tiempo después, perdiendo no sólo el honor sino incluso su tantísima riqueza.

 

Mr. Darlington fue siempre amo y señor, dueño de tierras, propiedades y grandes decisiones, pero Kazuo Ishiguro no hace foco en él en esta historia, sino en quien le sirvió desde que se levantaba hasta que apagaba su velador de noche, de su fiel testigo que estuvo ahí mientras lograba cada una de sus conquistas políticas o cometía sus peores errores. Y, al hacerlo, el autor genera  un primer guiño, construyendo una historia que será contada a través de personajes que –salvo en su relato- siempre tienen en el mundo un papel secundario en el mundo real.

La novela comienza cuando Steven, ya no servidor  de un inglés sino de un norteamericano, decide salir de vacaciones, en parte para encontrar soluciones a los nuevos problemas de la mansión, y en parte para re-encontrarse con la antigua ama de llaves de la mansión, Ms. Kenton, a quien su memoria no le permite olvidar. Durante días cruzará poblados y paisajes ingleses y ese tiempo manejando el lujoso Ford de su nuevo amo, será el paréntesis perfecto que le permitirá mirar(se) en perspectiva. Digamos que le dará una única oportunidad en toda su vida, de observar(se) ya no como servidor, sino como protagonista de su propio destino.

 

Protagonizada por un ya reconocido Anthony Hopkins (el filme fue rodado después de recibir el Oscar por “El silencio de los inocentes”) más la ductilidad de Emma Thompson, la película “Los restos del día” fue estrenada en 1994 con dirección de James Ivory. La adaptación del libro (más allá de algunas diferencias que no hacen a la historia en general), está muy bien trasladada a la pantalla, y esta mirada para recrear la historia de manera audiovisual se descubre en los recortes que se hacen del relato, hechos ni más ni menos que alguien sumamente respetuoso de la literatura. Hablamos del norteamericano James Ivory (que en febrero último recibió a sus 90 años un Oscar por “Llámame por tu nombre”), quien ya en los `70 se animó a adaptar clásicos como “Las bostonianas”, de Henry James y en los `80 y `90 a Forster con “Maurice” y “Regreso a Edward End”.

 

 

Quien es lector de la novela de Ishiguro sabe que una de los primeros dilemas que presenta el relato es justamente estar narrada en primera persona, además del hecho de ir y venir continuamente entre el presente de quien habla y un pasado próximo. Dilemas que Ivory resolvió de manera inteligente con un protagónico que no deja espacio vacíos en cuanto a voz y corporalidad en las escenas y, en el segundo caso, con transparencias dentro de una misma toma y enfoque que permiten descubrir las diferencias en el paso del tiempo. Lo único que parece no estar a la altura de las circunstancias son las caracterizaciones en cuanto al paso del tiempo de los personajes, quienes no reflejan del todo bien arrugas, canas o detalles de la vejez. Digamos que los salva la vestimenta.

De todas maneras, Ivory sabe cómo hacerle entender a ese espectador quizás no lector que el Sr. Steven recuerda todo el tiempo sus años gloriosos como jefe de mayordomo en Darlington Hall, y también los hechos ocurridos en esa gran mansión. De hecho, uno de los puntos sobresalientes de la película es la recreación con varios personajes de esos diálogos que Steven parece guardar con precisión en su cabeza, reconstruyendo situaciones acaecidas en la casa de su amo.

Encuentros diplomáticos, reuniones secretas, charlas privadas entre Darlington y embajadores europeos son para Steven como fotografías en movimiento que lo interpelan a él durante su vejez, y ayudan al espectador a entender cómo aquello que sucedía dentro de aquellas paredes determinó la dirección del mundo durante años.

 

Con un elenco que se completa con actores como Christopher Reeve, Hugh Grant y James Fox, entre otros, el filme desanda con paciencia el camino que va trazando el Sr. Steven hasta re-encontrarse con Ms. Kenton (Emma Thompson) y si bien por momentos se vuelve algo lenta, llega a buen puerto sobre todo porque se ancla en la capacidad de Hopkins para llamar nuestra atención con mínimos detalles y un cuidado despliegue fotográfico de la Inglaterra de los años `30.

 

Intensa, serena y conmovedora, la película “Los restos del día” es un retrato pausado de la vida de alguien que vivió tratando de entender la dignidad que se oculta en quienes son servidores de aquellos señores que están destinados a tomar decisiones trascendentes del mundo, el retrato de alguien que eligió siempre ser sólo testigo, no sólo de la vida de los demás sino de la propia, aún cuando no se haya caído en la cuenta de ello. Marcadamente ideológica en el planteo de cada uno de sus personajes, la novela nos muestra en primer plano los sentimientos de alguien, pero es sólo una primera invitación, ya que lo que busca realmente el autor es que nos cuestionemos acerca  del lugar que decidimos tomar en el mundo. Porque sentimientos tan personales como el amor, la amistad y la pasión estarán siempre en segundo plano para el Sr. Steven, quien se ha puesto demasiado tarde a pensar en que vivió siempre con lo que resta del día.

 

 

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