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Joël Dicker construye un buen policial pero le sobran algunas piezas

Nuestra sección de comentarios y críticas de libros se trasladó este año a los días martes.

En esta oportunidad nos dedicamos a «La desaparición de Stephanie Mailer», la nueva novela del escritor suizo que si bien cumple con las expectativas del género por momento se excede en la cantidad de personajes que aparecen durante la historia (en algunos innecesarios).

De todas maneras es un libro atrapante y sólidamente construido. 

 

 

 

 

Después de “La verdad sobre el caso Harry Quebert” o «El Libro de los Baltimore”, es de esperar que el escritor suizo Joël Dicker garantice entretenimiento y un buen despliegue del género policial en su última novela titulada “La misteriosa desaparición de Stephanie Mailer”, la misma que presentó el año pasado en Argentina.

 

Esta es una historia construida a partir de relatos que se desarrollan en distintas épocas pero que están unidos por un cuádruple asesinato ocurrido el 30 de julio de 1994. Ese día, el alcalde, su mujer y su hijo son baleados en su casa. Junto a ellos muere también una joven, testigo involuntaria del hecho.

El inicio ya es inquietante…. Un esposo esperando ansiosamente a su mujer que no regresa de su rutina diaria… Un pueblo envuelto en los preparativos de un esperado festival de verano… Un clima de calma y algarabía que se ve quebrado por la muerte. Y el desconcierto de los habitantes del Orphea, ese pueblo en el que al parecer todo es tranquilo. 

 

Los detectives Jesse Rosemberg y Derek Scott logran en ese momento dar con el culpable y el caso queda cerrado. Pero 20 años después, cuando Rosenberg anuncia su retiro de la fuerza policial, aparece en escena la periodista Stephanie Mailer quien abre una pequeña hendija por la que se cuelan las dudas sobre aquél pasado. Al parecer Rosenberg y Derek culparon a la persona equivocada. Al parecer no supieron ver lo que tenían enfrente. El juego es sencillo: si alguien dice “¿qué ves?” mientras muestra su mano, seguramente esa será la respuesta. Sin embargo, quien mira con ojos detallistas y astutos verá algo más que una mano, verá también  cinco dedos. 

 

Instalada la incertidumbre, ya Rosenberg no se conforma con lo resuelto en el pasado. La curiosidad se hace aún mayor cuando días más tarde Stephanie Mailer desaparece. Desde entonces, Derek y Rosemberg deciden reabrir la investigación. Al equipo se le suma la brillante Ana Kanner. Los tres se verán inmersos en un espiral en el que pasado y presente irán develando pistas para llegar a la verdad. A medida que avancen en la investigación, ese pueblo apacible se volverá una caja de pandora: secretos, mentiras, violencia, estafas y personajes que rozan lo estrafalario. Todos guardan o esconden algo, y en ese «algo» está la clave. 

 

El libro es entretenido y utiliza de manera correcta los condimentos del buen policial, pero lo cierto es que por momentos abusa de la cantidad de personajes que aparecen en escena. Algunos son atractivos, pintorescos y necesarios a la trama. Otros no le aportan demasiado y hacen perder el eje de la historia.

Incluso el relato se extiende un poco más de lo necesario (vale aclarar que es un libro de 650 páginas), pero aún así eficaz.

 

Dicker va uniendo con precisión las piezas de un complejo rompecabezas, aunque por momento parecen sobrarles algunas.

 

 

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