El reconocido escritor local participa en nuestra página con una opinión sobre el momento actual de la literatura de Córdoba:

(Foto: Pedro Castillo/La Voz)
Creo que la literatura de Córdoba se encuentra en un momento muy estimulante. Bajo la nube difusa de “lo cordobés” ya hay una diversidad literaria que permite elegir distintos temas, géneros, estilos y estéticas que leer. La ciudad y la provincia —hasta fines del siglo XX siempre en un cono de sombra doméstico, por su condición de segundonas en el ámbito nacional— se han visto favorecidas por la democratización de la tecnología: la posibilidad de editar e imprimir en pequeñas tiradas a un costo razonable, o de mostrar los textos en formatos digitales, son estrategias que hubieran sido demeritadas con facilidad (despachadas como “amateurs”) en el contexto neoliberal de los grandes grupos editoriales de los años noventa, pero tras la crisis de 2001 se volvieron relevantes y en algunos casos hasta elogiables. A esto se suma el desarrollo de internet y las redes sociales, que permiten darle una mayor visibilidad a todo ese trabajo y a las actividades que lo rodean y lo sustentan: presentaciones, charlas, mesas redondas, conferencias, lecturas, festivales, encuentros, etc. Todos los ámbitos (ciudades, provincias) que antes pertenecían a una especie de “periferia inmediata” en relación con Buenos Aires, ahora han quedado pisando el borde de un círculo literario “ampliado”. Y el borde es un lugar interesantísimo para estar, tanto o más interesante que en el centro (cuya endogamia, en algún punto, harta a sus propios participantes).
No se trata de una explosión de autores, porque Córdoba siempre los tuvo (en especial en la tradición poética; la narrativa se fortaleció más tarde). Lo que sucede es que hay mayores posibilidades de publicación y visibilidad. Por supuesto, esa multiplicidad no necesariamente implica una mayor calidad per se, pero eleva las posibilidades de encontrar trabajos de valor. Hay un circuito creciente de gente-que-escribe-y-lee-a-otros-que-escriben, favorecido sobre todo por el aniquilamiento de la verticalidad autor-lector: con el acceso actual a las nuevas tecnologías, cualquiera puede escribir, editar filmar, pintar, etc., pero también comentar instantáneamente todo lo leído, lo visto en la pantalla, en una muestra, etc. El autor no está aislado de los lectores, y los lectores no se quedan en un rol pasivo, porque hoy más que nunca los emisores somos receptores y viceversa. Esta horizontalidad colabora a magnificar la sensación de que hay mucha gente escribiendo y produciendo cosas al mismo tiempo. A partir de ahí, la valoración de lo que hay es cuestión de lecturas y de gustos.
El autor: Martín Cristal (Córdoba, 1972) es autor de la novela «Las ostras» (Ed. Caballo Negro; Premio “Alberto Burnichón” al libro mejor editado en Córdoba en 2011-2012). Con ella inició una tetralogía, cuya segunda entrega es «Mil surcos» (mención del Fondo Nacional de las Artes en 2013). Antes también escribió las novelas «Bares vacíos» (2001) y «La casa del admirador» (2007) —reeditadas en Nueva York y México DF, respectivamente—, y un cuento para niños: «El árbol de papafritas» (2007). Entre sus relatos se destacan los de «Manual de evasiones imposibles» (2002, Premio Iberoamericano de Cuento “Agustín Monsreal”) y «Mapamundi» (2005). Artículos y relatos suyos han aparecido en publicaciones como La Voz del Interior, Ciudad X y Deodoro (Córdoba), así como en las revistas La Tempestad, Origina, Nostromo y Playboy (México). Comparte sus apuntes literarios en el blog El pez volador: www.elpezvolador.wordpress.com. Más información en www.martincristal.com.ar