Escribir es un trabajo. Reflexiones de autores y autoras locales sobre la situación actual del sector

Vivir de la escritura no es sencillo. Publicar, difundir, ampliar la comunidad lectora, participar de ferias y otros espacios, y hacer de esto  un trabajo redituable es casi una odisea. Adelantándonos al encuentro del 1 de septiembre en la Legislatura –destinado al sector de escritores y escritoras de Córdoba- dialogamos con Eugenia Almeida, Javier Quintá, David Voloj y Marta D’Argüello sobre el contexto que nos atraviesa y la necesidad de políticas públicas para promover y fortalecer la actividad literaria.

Hace algún tiempo se generó el debate sobre si escribir era o no un trabajo. Pareciera ser que el concepto de “vocación” suprime toda posibilidad de hacer de esa profesión algo redituable y digno. Realizar una charla, taller o conferencia de manera gratuita (aunque eso conlleve un proceso de preparación, estudio, traslados, etc.) lamentablemente no es algo extraño en el mundo de la escritura. Por suerte, poco a poco esa tendencia empieza a revertirse. Aunque todavía queda mucho por transitar.

En la pasada edición de la Feria del Libro de Buenos Aires se dio a conocer un tarifario (proceso de un extenso trabajo de la Unión de Escritores y Escritoras) para las múltiples actividades que conlleva el trabajo de un autor. Y, aunque los montos siguen siendo tal vez  bajos para un contexto inflacionario como el actual, es sin dudas un gran paso que marca una postura clara: escribir es un trabajo y por ende debe ser remunerado.

Sea que publiquen en sellos multinacionales o nacionales o que provengan del mundo de los autopublicados, para los autores y autoras las problemáticas son similares. La falta de políticas públicas que acompañen al sector, contratos leoninos, el pago semestral o retraso de las regalías, el alto costo de producción de los libros en formato papel y la escasa difusión, parecen ser monedas corriente.

Sin dudas, el autor es el eslabón más precarizado dentro de la cadena que conforma el ecosistema del libro. Y es por eso que adelantándonos a la jornada del 1 de septiembre en la Legislatura (ver más info en subtítulo), hablamos con referentes locales para ahondar sobre cómo evalúan la situación de quienes escriben en Córdoba.

Eugenia Almeida, Javier Quintá, David Voloj y Marta D’Argüello son escritores que provienen de ámbitos distintos. Por otra parte, sus obras también se enmaran en estilos y narrativas muy diferentes. Pero es justamente, esa diversidad, la que le imprime a esta charla con Babilonia miradas y experiencias valiosas y significativas  sobre el panorama actual de la escritura.

Problemáticas y políticas públicas

“Hay varias problemáticas que afectan a los escritores y escritoras de Córdoba”, comienza Javier Quintá autor de “Feed lot” y “Defensa personal” y coordinador de la plataforma Somos Bardos. “Entre éstas la dificultad para generar espacios de trabajo. También la precarización, el difícil acceso a los espacios de difusión y visibilidad de la propia obra. Sumaría también los pocos eventos en relación al libro (la Feria del libro de Córdoba pareciera más destinada a la venta de libros que a una fiesta del libro) y la falta de una red que vincule a las publicaciones con los lectores”.

En relación a esto, David Voloj (autor de “Cicatrices”, “Asuntos internos” y “Recursos urbanos”, entre otros), señala: “A nivel más coyuntural, actualmente hay un gran problema con los costos del papel y con lo difícil y oneroso que es publicar un libro, hacer una tirada y sostener los precios. Todo lo que tiene que ver con la producción y comercialización del libro está afectando muy fuerte a los escritores porque se restringe la cantidad de autores que una editorial decide publicar y a su vez hay una gran concentración del mercado en Buenos Aires. Por otra parte hay un cambio de época. La idea del escritor profesional que trabajaba para un medio de comunicación gráfico, (algo que ocurría desde fines del siglo XIX y que signó el trabajo del escritor durante el siglo XX), hoy con las redes sociales, la masificación de la palabra y la proliferación de voces a través de internet, ha hecho que esa forma de trabajo del escritor asociado a la ficción se vea en crisis. Por lo que tiene que reinventarse”.

Por su parte, Eugenia Almeida  (autora de “Desarmadero”, “La tensión del umbral”  e “Inundación” por destacar algunos de sus títulos), retoma algunas de esas problemáticas pero hace foco en un tema clave: la necesidad de políticas públicas que se sostengan en el tiempo. “Dificultades de escritoras y escritores hay muchas. Necesitamos de políticas públicas que apoyen nuestra lucha permanente para que la escritura sea reconocida como un trabajo. También se requiere de políticas públicas que apoyen a escritores que están comenzando su carrera  a través de concursos, becas, subsidios, etc., y para escritores que ya tengan un camino recorrido. Pero deberían ser apoyos reales, no de 10 mil pesos para escribir una novela, porque el objetivo es que ese autor pueda dedicarse a escribir y no usar su tiempo y fuerza de trabajo en otra cosa. También es necesario crear un régimen jubilatorio particular porque la escritura no está muy reflejada como una actividad reconocida y en realidad siempre terminamos aportando en otros espacios laborales. Hay que trabajar en políticas públicas regionales como una forma de fortalecer la producción de bienes culturales. En este marco, también se requiere de políticas públicas que apoyen la lucha que está haciendo la Unión de Escritores y Escritoras en relación a muchos aspectos pero especialmente en este  tarifario de honorarios mínimos”.

Vale decir que el tarifario   que actualmente está circulando a nivel nacional ha permitido ponerle un valor monetario a las diversas actividades del escritor.  Frente a eso Almeida (quien participa activamente en la Unión de Escritores y Escritoras) afirma: “Me consta que fue un gran esfuerzo construir ese tarifario, y lo celebro…En líneas generales el tarifario no debería generar problemas. La dificultad se da en algunos casos porque mucha gente considera que lo que hacemos escritores y escritoras (que no es solo escribir, sino dar charlas, conferencias, talleres), no es un trabajo. Y eso también se relaciona con la falta de políticas públicas para que se reconozca como tal. Quizás plantear lo del tarifario pueda generar rispidez con quienes están acostumbrados a hacer gestión cultural en base a gente que trabaje gratis (cuando ese gestor seguramente cobra dinero). Pero en líneas generales el tarifario no ha generado problemas, por el contrario: facilita el que se reconozca este trabajo”.

Retomando el tema de las políticas públicas, David Voloj  remarca la necesidad de un trabajo más cercano con las áreas de Educación. “Creo que tiene que haber una mayor articulación entre el Ministerio de Educación y la producción literaria local, regional y nacional. Los ministerios de Educación deben o deberían atender a una situación muy singular, y es que hay muchos escritores que viven en sus ciudades de origen, que producen ahí, que son docentes y que pueden  generar un encuentro más directo”.

Marta D’Argüello (autora de “Quédate en el pasado», «Relación prohibida», de la saga Sin Censura e integrante de la SADE Córdoba), coincide en lo que expresan sus colegas pero suma algunas otras barreras que deben sortear quienes –al igual que ella- provienen del ámbito de los “autopublicados”. “Son muchos los escritores que desean compartir y difundir sus trabajos, por lo que los eventos de mayor convocatoria, como las ferias del libro en las distintas provincias, deberían darle más espacios a los nóveles y no limitarse solo a los conocidos. El Estado debería brindar más acceso a sitios públicos para presentaciones, charlas y talleres. Por otra parte los autores ‘autopublicados’ no contamos con difusión en los medios locales ni nacionales. La mayor difusión y respaldo viene desde las redes a través de los perfiles de grupos de lectura y lectores en general. Ellos son quienes acompañan y promueven el trabajo de sus autores favoritos o los que descubren gracias a las ‘lecturas conjuntas’, modalidad en crecimiento permanente”. Por último, y sintetizando, D’Argüello destaca algunos otros puntos complejos para el sector: “Para los que no cuentan con un respaldo editorial es muy complicado asumir los costos de corrección, maquetación, portada, etc. Suele ser casi imposible. Además hay una  falta de protección legal que sea efectiva contra la piratería. Por otra parte los contratos con editoriales deberían ser más equitativos en cuanto a los derechos y regalías. Y hay una gran falta de difusión masiva de leyes y proyectos”.

Libros, circulación y difusión

Las nuevas tecnologías han impactado de manera directa en la circulación de los contenidos y en la difusión de los libros. Son pocos los espacios, suplementos y medios que le dedican un lugar significativo a la literatura (y a la cultura en general). Incluso también hay cierta desprofesionalización del rol del comunicador especializado en estos temas.

En la mayoría de los casos, los libros desembarcan en la redes de la mano de “influencers” que en muchos casos son lectores que tienen un genuino interés por las obras pero en otros solo funcionan como meros “mostradores” de portadas. En medio de todo eso, a los autores y autoras se les hace difícil encontrar los espacios de comunicación legítimos para que su obra llegue a lectores o potenciales  lectores.

 

“En Córdoba daría la sensación de que los canales de difusión literaria, de crítica y reseña que aún quedan (para los pocos interesados) pasan más por las redes sociales, las columnas en radios o revistas culturales especializadas, que por los ‘grandes’ medios. A nivel nacional (Buenos Aires) me parece que es distinto. Igual, creo que hace tiempo que los medios ‘nacionales’ (de Buenos Aires) sirven para contarnos al resto las cosas interesantes que hay para leer y que no veíamos o no queríamos saber hasta que nos lo dicen. O sea, noto cierta mirada colonizada producto de muchos factores, desde históricos a sociales y económicos. Además, están las condiciones del mercado editorial que son más limitadas fuera de la Capital Federal. Pero, pregunto, sin saber: ¿Cuánto destina el gobierno nacional para actividades culturales fuera de la Capital? ¿Cuánto el gobierno de Caba o Rosario, en comparación a una provincia como Córdoba?”, expone Javier Quintá.

Sobre eso, Eugenia Almeida reflexiona: “Siempre es poco el espacio para la difusión  en general. Y también tienen una presencia muy dispar… Falta mucha difusión del trabajo local. No debería quedar encapsulado en la Feria o en el espacio Barón Biza, sino que tiene que haber políticas públicas todo el tiempo de promoción y difusión de lo que se está haciendo para que los lectores también puedan conocer lo que se escribe y se publica”.

“Creo que los medios de Córdoba no difunden mucho las obras locales. Salvo algunos en particular vinculados con la cultura universitaria o iniciativas que circulan en las redes . En líneas generales los principales medios de comunicación han reducido sus páginas para los suplementos culturales. La política editorial es muy diversa y complicada y atiende bastante poco a la cultura local”, completa David Voloj.

Llegar a las y los lectores

Vale aclarar que para gran parte de la comunidad de escritores, las vidrieras y espacios de difusión están vinculados a las ferias, encuentros literarios, actividades en  bibliotecas y librerías, y algunas otras acciones que permiten esa cercanía entre el libro y la comunidad lectora. Frente a este tema, Eugenia Almeida manifiesta: “Hay dificultades para que el público conozca lo que se está haciendo y para revertir eso se podrían hacer muchas cosas. El Estado debería acompañar e impulsar esas acciones. Hay ferias armadas por editores, hay varias propuestas que hacen otros actores del ámbito del libro, pero a veces es difícil visibilizar eso. Se necesitan programas que tengan continuidad y financiamiento. Por eso, y aunque parezca muy obvio, faltan políticas públicas para los lectores. Hay algunas muy interesantes a nivel nacional pero podrían ser mucho más interesantes. Hay que pensar en gobiernos que consideren que la cultura es un factor importante para la vida de un país y también un sector productivo importante. Necesitamos pensar, a nivel regional, políticas de lectura, generar espacios para que las personas puedan convertirse en lectoras y lectores. En eso falta todo por hacer”. 

En esa línea, Javier Quintá adhiere: “Se requiere invertir dinero para que los libros sean más accesibles, para que los autores puedan circular y darse a conocer. Necesitamos promover más actividades en relación al libro, no sólo en cantidad sino en calidad. Actividades que sean atractivas, que fortalezcan el vínculo entre los posibles lectores y los libros, que construyan más y nuevos lectores (más papel, menos pantallas). Y eso debe hacerse de manera transversal, no solo en las escuelas, sino en la vía pública: generar espacios de lectura, de silencios, en la calle, en un colectivo, en la espera en un hospital, etc. Contagiar la experiencia de la lectura como un hecho novedoso y no reducido a la tediosa práctica escolar”. 

Por su parte, Marta d’Argüello hace foco en el libro digital y en algunas  limitaciones que encuentran los textos para su circulación. “Uno de los problemas es la falta de adaptación al formato digital de muchos lectores. Ese sistema achica considerablemente los costos. Y por otra parte, para quienes venimos de la autopublicación tenemos escasas oportunidades de exhibir las obras  en las librerías sin el aval de un sello editorial… Creo que el número de la comunidad de escritores avanza mucho más que los espacios y oportunidades, de parte del Estado provincial, para contenerlos”.

Por su parte, David Voloj completa: “El costo de los libros es un factor que afecta a los lectores. También hay una falta de formación de lectores en relación a nuestras propias coordenadas culturales, en parte también por el sistema educativo. Y, como señalé antes, falta difusión. Me parece que son las tres patas que afectan nuestra llegada como autores y la construcción de un público lector”.

Jornada abierta para autores y autoras

En el marco del Ciclo para el Desarrollo del Ecosistema del Libro, que desde Babilonia Literaria venimos desarrollando en forma conjunta con la Legislatura y la Red de Gestión Cultural Pública, el próximo jueves 1 de septiembre tendremos una jornada de debate y trabajo destinada a autores y autoras de Córdoba.

Cabe destacar que la iniciativa surgió como acompañamiento al Programa Estímulo a las Ediciones Literarias, pero luego fuimos sumando a otros actores del sector a los fines de llegar a fin de año con un informe completo y un plan de acción para 2023 que incida en el desarrollo de políticas públicas.

Hasta el momento ya compartimos encuentros y jornadas de trabajo con editoriales, directores/as de áreas de Cultura de distintos municipios de Córdoba y bibliotecas del territorio provincial.

En esta oportunidad queremos generar un espacio para escritores/as a los fines de compartir y exponer algunas de las dificultades que presenta ese sector. 

La actividad se llevará a cabo el próximo jueves 1 de septiembre a las 18 en la Legislatura Provincial. Lo ideal es participar de manera presencial, pero quienes no puedan asistir por cuestiones de distancia o por alguna otra razón también podrán acompañarnos vía online.

Solicitamos confirmar asistencia a través del formulario de Google del siguiente Link. En caso de conocer a otros autores y autoras interesados, sugerimos que reenvíen la invitación.

Es una propuesta abierta a toda la comunidad de escritores de Córdoba.

Fernanda Pérez

Read Previous

Libros que traspasan el papel: Romance, policial y fantasy

Read Next

Novedades editoriales