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“En tiempos de este culto al presente, yo quise nadar en el pasado”

El escritor Alejandro Parisi acaba de publicar su nueva novela “Los Pájaros Negros”, un relato atravesado por la nostalgia de la migración, los errores del pasado que acechan y las amistades que se sostienen en el tiempo.
Por otra parte, el escritor será el próximo invitado de nuestro ciclo «Fisgonas. Un recorrido por bibliotecas ajenas». Será a través de nuestra cuenta de IG @babiloniagl, el viernes 28 de mayo a las 19 hs. 

Alejandro Parisi es un escritor cuya obra suele estar atravesada por el tema de las guerras. Pero no solo sobre el conflicto bélico en sí sino en cómo esos hechos afectan la vida de personas comunes y corrientes. Sus títulos “Hanka 753”, “Su rostro en el tiempo”, “El gheto de las 8 puertas” y “La niña y su doble” son un claro ejemplo de eso. 

En sus textos convive la crónica -ya que en muchos casos aborda casos reales- con la ficción. Esa mixtura se traduce en una narrativa  atrapante, sólida y profunda.

En esta oportunidad, el autor acaba de editar “Los Pájaros Negros”, una novela editada por Penguin Libros Argentina que se centra en la amistad de tres muchachos inmigrantes que se instalan en Argentina pero que deben separarse a causa de un hecho que se irá develando a lo largo del relato. Uno de ellos, ya adulto, contactará a Balestra -detective que los lectores de Parisi ya conocieron en “Con la sangre en el ojo”- y a partir de allí el pasado y el presente irá desovillando la madeja de una gran historia.

Acompañando el lanzamiento de “Los Pájaros Negros”, Alejandro Parisi cuenta a Babilonia algunos detalles de esta novela como así también sobre su proceso de escritura en medio del contexto de pandemia.

-Sos un escritor que tiene mucho de cronista. En tus obras siempre está presente esto de historias narradas por personas que vivieron determinado contexto y situación, aún cuando se trata de una ficción. ¿Qué de ese cronista-escritor, está presente en esta nueva novela?

-Mucho, muchísimo. Durante muchos años entrevisté sobrevivientes de distintas guerras y gente mayor que tuvo la generosidad de contarme su pasado. En tiempos de este culto al presente, yo quise nadar en el pasado. Creo que es importante para entender lo que hoy vivimos, tanto a nivel sociedad como a nivel personal.

Esta vez, al ser ficción, todas las decisiones argumentales y espacio-temporales las pude tomar yo. Y decidí que esos tres amigos que protagonizan “Los Pájaros Negros” tuvieran historias que el lector pudiera conocer desde el comienzo: así, podemos ver a Vito esperando que su padre regrese de pescar en una playa de Sicilia; a Samuel, refugiado en medio de una familia católica polaca mientras sus padres, tan judíos como él, padecían el nazismo al otro lado del Vístula, en Varsovia; y a Julián, un chico vasco que ve con sus propios ojos la destrucción de Guernica. La idea era que la novela fuera polifónica: muchas historias dentro de una, en la cual el detective Balestra tiene la función de un director de orquesta que va armando la historia de esos adolescentes que llegaron a Mar del Plata a fines de la década de 1940 y que dejaron de verse por algo que ocurrió de improviso.

-Tal como contás, aquí las guerras están muy presente (al igual que en muchos otros de tus libros). ¿Qué nos podés contar de eso que empuja a Vito, Samuel y Julián a venirse a la Argentina?

-Vito, Samuel y Julián vienen a Argentina como la mayoría de nuestros abuelos: escapando de la pobreza, la muerte o las persecuciones que se produjeron en Europa durante la primera mitad del siglo XX. A todo eso se suman las ausencias: los sobrevivientes de una guerra arrastran la ausencia de los seres queridos que vieron morir a su alrededor. Eso, inevitablemente, forja las personalidades de todos. Los recuerdos tristes se guardan porque es necesario empezar de nuevo, pero en la vejez vuelven a reclamar el lugar que merecen, como pájaros negros chillando sobre el techo de una casa. Quizá por eso Vito, Samuel y Julián se hacen tan amigos al llegar a Argentina, y por más que se hayan separado de manera abrupta, necesitan reencontrarse cuando la vejez comienza a arrinconarlos.

-Ellos se instalan en Mar del Plata, forjan la amistad de los que se saben lejos de su tierra. ¿Qué le imprimió eso sentimiento de la migración a la trama literaria?

-Esta novela no tendría sentido sin las consecuencias de la migración. Como el país. “Desde que Dios y Darwin nos echaron del Edén Africano, los inmigrantes no paramos de sufrir y añorar”, dice Balestra, y un poco es lo que pienso yo como autor y como nieto y bisnieto de inmigrantes. Si la gente migra, es porque la está pasando mal o fatal en su lugar de origen. Y sin embargo, al rehacer su vida en otro sitio, aquel lugar que los expulsó se convierte en legendario, esa Ítaca a la que todos queremos regresar, como Ulises.

 –Además de Vito, Samuel y Julián, en la novela hay un cuarto personaje importante al que ya nombraste y del que ya escribiste: el detective Balestra. Es a quien uno de los amigos –ya adulto- contrata para tratar de conectarse nuevamente con los otros dos. Balestra tiene un pasado que también hace a la trama de “Los Pájaros Negros”. ¿Qué nos podés contar de este personaje?

-Balestra es un detective privado uruguayo radicado en Buenos Aires desde que escapó de Uruguay, renunciando a la fortuna familiar y el mandato paterno de ser comisario como su padre, que participó de la dictadura uruguaya. Fue el protagonista de “Con la sangre en el ojo” (Grijalbo, 2015) y espero que me siga acompañando durante varias novelas. Un tipo huraño que pasa la semana en Buenos Aires resolviendo casos de poca monta, y que, religiosamente, cada viernes se marcha al Delta del Tigre, donde tiene una casa junto al río, en un lugar equidistante de Argentina y Uruguay. Como esos tres amigos que debe rastrear, él también es un inmigrante. Por eso siente empatía por estos tres tipos que, cincuenta años después, evitan reunirse. ¿Por qué se dejaron de ver? Eso se pregunta Balestra, mientras enfrenta sus propios fantasmas y ausencias: su madre con Alzheimer recluida en un geriátrico de Haedo, convencida de que está en Montevideo, su única hija viviendo en Barcelona, su ex mujer en el olvido, una amante de la que no termina de separarse y dos ayudantes que lo acompañan en sus pesquisas. Como corolario, su padrino, comisario de la PFA, temiendo que el pasado vuelva para exigir justicia lo enfrenta con ese policía que el propio Balestra podría haber sido.

-Todos esos pasados de los personajes construyen una especie de subtrama. ¿Cómo repercute eso en la estructura narrativa?

– Es el centro de la historia. El pasado, los errores que cometieron los personajes, no están debajo de la alfombra. Al contrario. Son como pájaros negros que guardan silencio sobre el techo de la casa pero que están ahí, acechando, hambrientos de justicia, esperando la debilidad de cada uno para volver a trinar y traer de regreso eso que hicieron y que preferirían olvidar.

-En un artículo que publicaste en un medio nacional, hiciste referencia a escribir en tiempos de pandemia. ¿Cómo fue la experiencia de escritura en medio del complejo e incierto 2020?

-Maravillosa. En general, siempre que escribo es porque ya hay una idea previa. No soy de pasarme ni un segundo frente a la página en blanco si no tengo nada que escribir. Al mismo tiempo, tanto como lector y como autor pienso en la literatura como una ventana que me saque de mi realidad cotidiana. Así que en abril de 2020 se juntaron esas dos cosas: mis ganas de reencontrarme con Balestra y la necesidad de salir de aquellos primeros días de la pandemia. Así, durante tres meses me alejé de todo y me concentré en esta novela que me permitió pensar en otras cosas. Sin embargo, tengo que decir que nunca pensé que la pandemia duraría tanto y que la novela sería publicada antes de que desaparezca el Covid.

-Si tuvieras que definir en pocas palabras a “Los Pájaros Negros”… ¿Qué dirías?

– Es una novela de exilios y migraciones, de ausencias y errores pasados, pero también de amistad y de personajes potentes, imperfectos pero con grandes convicciones.

Alejandro Parisi se suma al ciclo “Fisgonas”

El escritor, será el próximo invitado al ciclo “Fisgonas. Un recorrido por bibliotecas ajenas” que llevan adelante Florencia Vercellone y Fernanda Pérez, coordinadoras de Babilonia Literaria.

Las periodistas compartirán un vivo por Instagram con Parisi, para conocer su biblioteca. La cita es el viernes 28 de mayo a las 19 por la cuenta de Instagram @babiloniagl

Fernanda Pérez

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