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"El orden de los actores", un cruce entre tiempo, destino y amor

 

A través de una prosa plagada de detalles, el cordobés Ricardo Irastorza nos invita a ser parte del universo planteado en su nueva novela, “El orden de los actores” (Comunicarte), la cual fue presentada hace pocos días en nuestra ciudad.

Al igual que en propuestas anteriores del escritor, Irastorza nos hace creer que no es ambicioso y que se conforma con narrar historias mínimas, cuando en realidad estos “pequeños” relatos  terminan siendo tan contundentes, que permiten construir una trama a la que no le falta ni le sobra nada.

Ocurrió antes con “El modo exacto de estar en el mundo” y pasa ahora con su nuevo libro, aunque se nota en este último un crecimiento sumamente interesante en la construcción del perfil logrado para cada personaje.

“El orden de los actores” se (y nos) mueve de lugar y tiempo. Comienza narrando hechos en Europa, en España para ser precisos, y pone el foco en Fermina y José. Con ellos dos –y algunos otros personajes más- le basta a Irastorza para ir reconstruyendo una época en particular -una época difícil, injusta, despojada de sueños y futuro vale decir- y en cada párrafo logra descubrir aquella particularidad de cada cosa o persona para retratar así la historia del mundo y quienes lo habitan. Lo personal y lo íntimo de Fermina y José guardan directa relación con ese momento que les toca vivir.

Un gesto, una mirada, un pensamiento, un exabrupto. Todo en el relato, por pequeño que sea, tiene que ver con lo que es y lo que vendrá. 

Por eso Irastorza cuida mucho de cada palabra utilizada para retratar una escena, porque sabe que puestas en el lugar preciso,  se lucen y resaltan del resto, como el clavel rojo que elige para su representar al protagonista y que se  lo hace llevar prendido de la solapa durante casi toda la historia.

 

La novela comienza en un lado del océano pero luego se traslada, traspasa el charco y llega a Argentina, porque parte del objetivo de la trama central está justamente en mostrar cómo la vida de las personas están cruzadas por las decisiones tomadas a cada instante en un contexto histórico determinado. Ya lo dije, lo social y lo íntimo se mezclan continuamente en la propuesta del autor cordobés, porque para el escritor lo personal y lo político terminan siendo causa y consecuencia en nosotros. Entonces Fermina y José que se conocen y se aman, llegan a la América y aquí vagarán hasta encontrar un lugar propicio para continuar. Pero el punto de llegada no le sienta cómodo a Irastorza, quien propone entonces otro nuevo viaje de ¿ida?, despertándonos esa latente curiosidad de imaginar qué hubiera sido de nosotros, que venimos de antiguos barcos, si otra hubiese sido la historia.  

Y como en aquella extensa llanura pampeana que eligieron para quedarse, la historia de Fermina y José comienza a perderse en la trama de la novela dando paso a la de Gina y René, que son parte de una generación que no sabe bien de dónde viene y hacia dónde va y se pasa la vida tratando de averiguarlo.

 

Así, Aquellos Fermina y José parecen desdoblarse en el tiempo para ser Gina y René, sólo para demostrar cómo el paso del mismo es como un río que trae novedades pero también un puñado de repeticiones.  Con una prosa que parece ligera pero llega a la médula, “El orden de los factores” plantea, entre otras cosas, la idea del amor, la felicidad o el destino, como una leve brisa que nos acompaña, pero que nunca sabemos si realmente podemos sentirla propia, y de la vida como juego cruzado, donde no sabremos nunca cuál es el mejor resultado, ya que a veces las cosas dependen de cuál es el orden de los actores.

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