El adiós imposible

En “Así hablaba mi madre”, de Rachid Benzine (escritor marroquí radicado en Francia) un hijo reconstruye la vida de su progenitora mientras la acompaña y la cuida en el final de sus días. Él es escritor y ella, analfabeta, y su rutina se organiza a partir de la lectura de una obra de Balzac. Un relato íntimo y profundo que nos invita a reflexionar sobre los vínculos familiares y el paso del tiempo.

A veces, para narrar una gran historia se necesitan muchos recursos narrativos, complejos personajes y un escenario que despliegue página tras página diferentes espacios para complacer un lector en continua exigencia.

Y otras veces, solo se necesita un relato íntimo que vaya tirando del hilo muy de a poco para poder describir la felicidad y desdichas de un hombre o mujer común, durante toda una vida.

El libro del autor de origen marroquí Rachid Benzine (radicado en Francia desde hace años) nos viene a enseñar eso.

Planteada desde un código de lenguaje teatral, esta historia se sitúa -casi en su totalidad- en la habitación de una ¿pequeña? casa, donde una mujer mayor aguarda el final de sus días acompañada por su hijo, quien cuida de ella desde hace décadas. Todo ocurre o parece ocurrir en ese austero espacio, donde las palabras escasean y los silencios marcan el paso de las horas, y en el cual el protagonista se detiene a rememorar la vida de su humilde madre. 

Él es escritor, de hecho es profesor de Letras en una universidad. Palabras le sobran –entonces- para construir imágenes que hablen de la soledad, el dolor o la ternura que le sigue generando cuidar a su madre. Ella, en cambio, es analfabeta y jamás sintió deseos de aprender a leer. Sin embargo, eso no le impide vincularse con su hijo erudito, a quien -antes que todos-, le marcó –quizás sin formación pero con muchísima vehemencia- el camino de voluntad y trabajo que debía seguir para alcanzar sus sueños.

Él lee en un loop interminable “La piel de zapa”, de Balzac, novela que la anciana madre pide que le narren desde hace años.  Día tras día, semana tras semana. Y la rutina es tan repetitiva que son las palabras en el aire las que los esperan a ellos hasta que lleguen a pronunciarlas, para reflexionar luego sobre aquello que el autor quiso decir.

La vida de una mujer común

“Seguramente se preguntarán qué es lo que hago en el cuarto de mi madre. Yo, el profesor de Letras de la Universidad Católica de Lovaina. Que nunca logró casarse. A la espera, con un libro en la mano, del posible despertar de su progenitora. Una mamá cansada, agotada, desgastada por la vida y las vicisitudes”.

Así comienza el libro, estructurado en primera persona y con una pregunta en boca de su protagonista –y que sobrevuela hasta la última página-, acerca del por qué asumió ese rol protector, si su familia está compuesta también por otros cuatro hermanos.

¿Por qué somos quienes somos en el complejo sistema fraternal?, parece preguntarse el autor. “Cada uno hace lo que puede”, dirá Benzine en algún momento.

Y sin saber muy bien el por qué, tratará de responder su pesar, narrando/ recordando/ rescatando del olvido la historia de esta mujer, viuda desde muy joven, de origen marroquí campesino e inmigrante en Europa en los años ´50, a quien la vida no le dio demasiadas opciones para elegir su destino.

“Siempre nos dio mucho, pero nunca se atrevió a pedirnos ayuda. Ya que el sacrificio es su única línea de conducta. Y el servicio a los demás, una segunda naturaleza”, dirá también el autor.

Y mientras nos narra, él mismo se topará también con fragmentos de la obra de Balzac presentes en su cotidianeidad, fragmentos que su madre repite cual mantras y que nos llevarán –a nosotros como lectores- a reflexiones íntimas.

“Así hablaba mi madre” es una novela corta y profunda, que nos invita a pensar sobre aquellos temas que atraviesan la vida de cualquier ser humano, como son los vínculos familiares y el acompañamiento durante la vejez de nuestros padres.

Con una pluma sumamente sencilla, amable y directa, el autor se ubica tranquilamente en el centro de la escena y muy de a poco va abriendo con palabras ese pequeño mundo que lo rodea y que –a pesar de las distancias- termina siendo muy parecido al nuestro.  

¿Cuál es el valor de nuestra rutinaria presencia en el ocaso de la existencia de nuestros padres? ¿Qué tesoro de imágenes, gestos y silencios se encuentra al final del arco iris desteñido y opaco que recorremos cuando los acompañamos en el final de sus vidas?

Estas preguntas parecen atravesar la novela de Benzine (también dramaturgo) relato que no es más que una sentida/exquisita reconstrucción fantástica de la vida y muerte de una simple mujer, a partir de los ojos de un hijo que nunca jamás la dejará partir.

Florencia Vercellone

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