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Cuando la soledad deja su marca y los diablos rondan

Transitar las páginas de “Elisa, la rosa inesperada” de Liliana Bodoc, es mucho más que una experiencia lectora. Es un viaje de ida y vuelta, una crónica por las itinerancias del alma.

Esta es la historia de Elisa, una quinceañera que crece en una villa santafecina. Rubia, inteligente, solitaria. Sus padres integran un grupo de cumbia -Naranja Dulce- y andan por los derroteros de la noche, buscando esa fama que nunca llega. Mientras ellos viajan detrás de contrataciones en lugares lejanos, Elisa queda a cargo de la abuela Rufina. Una mujer quizá no tan mayor pero sí envejecida a fuerza de trabajo y miseria.

Elisa no se siente parte de la villa, la rechaza. Elisa quiere más… Y por eso, empujada por el vacío de la orfandad, es que decide irse a vivir con su tía a Jujuy. En esa tierra llena de belleza y de misterio, el diablo anda suelto y -tal como dicen las voces ancestrales- persiguen y quieren atrapar a quienes llevan a cuestas la marca de la soledad. Elisa pertenece a ese bando, pero también pertenece al bando de la “rosa inesperada”, la que encontrará en su origen, en la música y en la palabra, un camino para exorcizar los miedos y el dolor.

Liliana Bodoc afirmó alguna vez que esta fue una novela “inesperada”. Que nació con un viaje -de allí que el libro se completa con una bitácora que puede leerse por internet en el siguiente link – y que en ese trayecto encontró lo que no estaba buscando. Una historia, o más bien esta historia que deposita en Elisa un relato colectivo. Una narración atravesada por la marginalidad, el despertar sexual de una adolescente, la búsqueda de un horizonte, el acecho de “los diablos”, el peligro y la reconciliación con las propias raíces.

Para dar vida a esta historia, la autora buscó dos voces narrativas: Eliseo (hombre de pocas palabras, de los que saben ver aunque callen, de los que silban para alertar el peligro), y Elisa, una protagonista en la que se mixtura la inocencia y la rebeldía.

Paralelamente, una galería de personajes van dando ritmo al relato: la familia, los habitantes de la villa, una muchacha religiosa con aires mesiánicos, una tía que no sabe ver, un bobo al que el mal utiliza como carnada, un grupo de delincuentes que se aprovechan de las chicas vulnerables y solitarias, un joven que aunque está más cerca de ser un antihéroe que un héroe interviene en el momento indicado…. Y luego, voces. Voces que dicen, voces que alertan, voces que juzgan, voces que hieren, voces que redimen.

“Elisa” es un relato tierno y sincero, que no pierde la crudeza del realismo pero que utiliza un lenguaje poético y musical.

De fondo, una cumbia marcará los pasos de una protagonista que encontrará el arma adecuada para salir adelante: un cuaderno, una canción y el lenguaje.

Un libro precioso, que puede disfrutar tanto el público juvenil como adulto.

Fernanda Pérez

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