7 frases para recorrer “Aquellos días en Varsovia”

Hoy compartimos un comentario de la nueva novela de Beatriz Grinberg, a través de algunas frases que nos invitan a transitar este relato de guerra, supervivencia y amor. 

“Aquellos días en Varsovia” es un título que suena a añoranza. No porque esos días hayan sido tan buenos -la guerra, la muerte, la persecución y el nazismo acechan a los protagonistas- sino porque en medio de todo eso dos jóvenes descubren el poder del amor.

“Aquellos días en Varsovia” habla de un pasado que ya no vuelve, que ha quedado atrás… Pero también de algo que, pese al tiempo y la distancia, sigue vivo en la memoria.

Desde Babilonia, proponemos un recorrido por este libro a partir de algunos fragmentos:

  • “Y yo, yo sin hacer nada”. Esa frase es la que despierta la conciencia de Antonina y Jan. De pronto empiezan a ver, se dan cuenta de lo que ocurre, y sienten algo de vergüenza: otros padecen, ellos miran. Desde ese momento se ponen en acción. Hacen de su zoológico un refugio para judíos y polacos disidentes. Beatriz Grinberg aprovecha la historia verídica del matrimonio Zabinski -dueños del zoológico de Varsovia- para reflexionar no solo sobre su comprometida acción humanitaria, sino también la de muchas otras personas que luego fueron reconocidos como “Justas entre las Naciones”.
  • “Hay niños descalzos, mendigos en las calles, violencia entre todos y cadáveres en las aceras. He visto algo horrible… he visto huesos con carne agusanada. Yo no quiero morirme así”. En esa reflexión de Eliana, la joven judía que protagoniza esta novela, pone al descubierto lo que se vive en esa Varsovia golpeada por la Segunda Guerra Mundial. Pero también manifiesta una decisión: “yo no quiero morirme así”. Tal vez ese será el impulso que la movilizará a sobrevivir.
  • “Aunque me tapo, siento en el aire un olor denso. Un olor nuevo. No sabía que existía. El olor a la muerte”. Sin dudas, los momentos literarios más logrados de esta novela son esos escritos -a modo de diario personal- en el que Eliana narra en primera persona lo que siente. No es solo una cronista de los hechos, es también una cronista de los sentidos.
  • Tras un velo, en el punto donde el agua besa el cielo, te veo como entonces: vital, entero, cuando toda mi vida había sido partida y yo… yo era solo un fragmento”. La novela se estructura en dos tiempos: uno en aquella Polonia de la Segunda Guerra Mundial y otro en la ciudad de Berisso (Argentina) durante la década del ’70. Para sobrevivir, Eliana debió dejar su tierra, su vida, su familia, su amor. Se instaló en Argentina con una familia adoptiva, pero el pasado llama. Vuelven los recuerdos, esos recuerdos de quiénes eran ella y Eryk, su primer y gran amor.
  • “… mientras a mi alrededor todo moría, yo temblé con mi primer beso”. Beatriz Grinberg no edulcora la historia con clichés románticos. Habla de piojos, de mugre, de miedo, de oscuridad, de frío… Pero muestra que pese a todo eso, dos jóvenes pueden apostar por el amor, aún cuando la muerte los acecha. Es una historia tierna, breve. Pero marca sus vidas para siempre, se mantiene en el tiempo, más allá de los océanos y fronteras.
  • “No le voy a decir polaco. No voy a pensar en él como el polaco. Se llama Eryk. E R Y K… Lo pronuncio hasta que es un susurro y me duermo con ese nombre en mi boca”. Eryk Gorsky es el otro gran personaje de esta novela. Con su vital juventud integra la resistencia polaca, coordina con Jan y Antonina para trasladar a aquellos que luego se esconderán en el zoológico para sobrevivir. Idealista, valiente, seguro. Tiene una sensibilidad especial, algo que quedará reflejado en el final de la historia. Para no spoilear, solo voy a decir que el cierre de la novela le hace honor a los personajes. Bien pensado, realista y emotivo.
  • “… Estoy buscando lo que ya no encontraré en ninguna parte. Sin embargo, algo de lo que uno fue queda en el lugar que dejamos, aunque nadie nos espere”. Una frase que resume el sentir de Eliana y Eryk, dos muchachos a los que la guerra obliga a tomar rumbos separados para sobrevivir.

Aclaración: En esta novela hay amor, pero no es necesariamente una novela romántica. Por otra parte, la autora propone una estructura narrativa a través de fragmentos y escenas que nos llevan a distintos momentos y etapas en la vida de los protagonistas. El lector es quien une esas piezas, es quien transita con cierta nostalgia por  “Aquellos días en Varsovia”.

 

Fernanda Pérez

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