El origen de la genial obra «Alicia en el País de las Maravillas» fue más bien casual. Lewis Carroll improvisó una historia para entretener a tres niñas, hijas de su colega. A ellas les gustó tanto que le pidieron una copia. Después de una noche de escritura, les regaló lo que él titularía como «Las aventuras subterráneas de Alicia». La obra tuvo tanto éxito, que Lewis la adaptó para publicarla, creando su mejor obra, conocida como «Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas».
En un ensayo sobre el autor se conserva el testimonio de unas de las niñas: «Muchos de los cuentos del Sr. Carroll nos fueron contados en nuestras excursiones por el río, cerca de Oxford. Me parece que el principio de «Alicia» nos fue relatado en una tarde de verano en la que el sol era tan ardiente, que habíamos desembarcado en unas praderas situadas corriente abajo del río y habíamos abandonado el bote para refugiarnos a la sombra de un almiar recientemente formado. Allí, las tres repetimos nuestra vieja solicitud: cuéntenos una historia, y así comenzó su relato».
