Llegó a su fin el evento literario más importante de Córdoba. En un contexto muy complejo para el sector, desde CALIPACER y Espacio Barón Biza hay opiniones encontradas. Los primeros aseguran que –en relación a 2022- las ventas se mantuvieron; los segundos afirman que bajaron. Los números oficiales arrojan una baja del 25%.
En las actividades el público fue fluctuante. La amplitud y diversidad territorial no terminó de favorecer del todo a la circulación y convocatoria.
El hecho de que se haga una Feria siempre es un motivo para celebrar. Más allá de los avatares, quienes trabajamos en la producción de algún ciclo o espacios vinculados al sector, disfrutamos de ese clima de encuentro que se genera en torno a los stands y actividades.
Esta edición ya tuvo algunos problemas en su despegue: todo el proceso de producción (ciclos, programación central y convocatoria) comenzó más tarde que lo habitual. Sin dudas eso influyó en la organización y producto final. Si bien se intentó compensar la falta de tiempo con el compromiso y el esfuerzo a contrarreloj de muchos de los hacedores culturales -tanto desde el ámbito oficial como independiente- el saldo invita a repensar mucho de lo que se puede mejorar para el futuro.
Esta Feria expandida territorialmente en diferentes espacios (Supermanzana de la Intendencia, Cabildo, Museo Metropolitano, Paseo de la Nueva Andalucía, Biblioteca Córdoba, Teatro Comedia y otros), se transformó en un circuito complicado para los visitantes. La pregunta de “¿a dónde es la Feria?” fue una constante. Quizá sea el momento de replantearse si realmente esta dinámica favorece o no a la circulación y convocatoria. Si a eso le sumamos la falta de señalética y la carencia de una difusión permanente en cada uno de estos espacios y puestos de venta (un diario en soporte físico o un código QR con la grilla diaria), es evidente que gran parte de los asistentes llegaron a través de la convocatoria directa que hicieron los participantes. El público espontáneo se concentró mayoritariamente en las carpas del Paseo Sobremonte.
¿Es hora de pensar una Feria integrada y que tal vez el concepto de descentralización esté orientado a actividades de extensión en zonas alejadas al casco céntrico? Difícil tener certezas, pero bien vale la pena poner a jugar este interrogante.
También habrá que revisar el rol de curadores y productores. ¿Cómo compatibilizar las propuestas de la programación central con todo lo que se genera a través de los ciclos, convocatoria abierta y desde las otras entidades organizadoras de la Feria? ¿Cómo evitar superposiciones, repeticiones y dinámicas poco atractivas para lectoras y lectores? Tal vez sea necesario mayor trabajo en equipo, el diseño de una grilla más dinámica, más conocimientos sobre gestión cultural y la decisión de hacer foco en todo lo que se produce y hace en el circuito literario de Córdoba.
Más allá de estas reflexiones y preguntas que nos quedan dando vueltas, desde Babilonia valoramos y mucho la Feria. La vivimos como una fiesta de la que vale la pena formar parte.
Cabe destacar que con nuestra plataforma llevamos adelante el ciclo #Miradas que reunió a casi 300 asistentes y 28 invitados, a lo largo de 6 actividades que se desarrollaron los días 8, 13 y 14 de octubre
Datos oficiales
Desde la Municipalidad de Córdoba, principal entidad organizadora, dieron a conocer algunos datos oficiales de esta nueva edición de la Feria.
Hubo 480 mil asistentes (el año pasado la cifra rondó los 650 mil) y se desarrollaron más de 420 actividades. Se vendieron unos 21 mil ejemplares (en 2022 la cifra rondó los 27 mil libros, por lo que hubo una baja cercana al 25%), participaron más de 80 stands de librerías y editoriales, 20 bibliotecas populares y unos 800 invitados.
Ventas: Calipacer y Barón Biza
Aunque desde la Calipacer afirman que las ventas se mantuvieron en relación al año anterior y que la afluencia de público –al menos en la carpa que ellos coordinaron en el Paseo Sobremonte- tuvo una buena convocatroria, los datos otorgados por la Municipalidad dan cuenta que se vendieron unos 6 mil libros menos que en 2022.
“Mantuvimos los niveles del año pasado. Mucha gente fue directamente a las carpas en la explanada de la Municipalidad porque no sabía exactamente dónde era el evento. Entiendo que al contar con distintos espacios hay que aprovecharlos, pero sería bueno tener mapas en lugares estratégicos que tengan indicaciones de cómo llegar a cada una de las salas. Creo que es bueno que la ciudad esté ‘de feria’. Y esto impacta directamente sobre la afluencia de público. La comunicación de los eventos puede mejorar”, afirma Pablo Kaplun de la Cámara de Librerías, Papelerías y Afines del Centro de la República (CALIPACER).
Desde el Espacio Barón Biza –que funcionó en el Cabildo y que reunió a sellos independientes locales-, una de sus referentes, Barbi Couto, manifestó: “No hicimos este año un balance sello por sello porque hubo una encuesta del observatorio cultural, así que no podría responder con porcentajes o números precisos hasta que nos lleguen esos resultados. Pero sí en la conversación con los colegas la gran mayoría coincidíamos en que se había vendido menos que el año pasado”.
Por otra parte, y en relación a la circulación Couto agregó: “Hubo días con mucho público con patio lleno en las actividades. Es importante hacer la aclaración que el Cabildo estaba vallado por restauraciones y mucha gente comentó la dificultad de saber por dónde entrar y encontrar el pasaje Santa Catalina. Referentes hicimos todo tipo de fotos y videos informativos y humorísticos mostrando la entrada pero entendemos que la falta de señalética sobre la feria, indicando lo que ocurría en el Cabildo y cuál era la entrada, nos jugó en contra. De todos modos hubo circulación de gente, algunos días realmente mucha. El balance -más allá de que siempre hay sugerencias, críticas y propuestas para mejorar y problemas a resolver -, creo que siempre es positivo. Hay algo que sucede después de transitar 12 días compartiendo el espacio con los colegas editores, que se vive como un viaje: no somos los mismos al fin de la feria. Hemos fortalecido vínculos y planificado nuevas movidas para las próximas ediciones”.
Por último Barbi Couto señaló: “Siempre hay muchas cosas que se pueden hacer para mejorar la organización de la feria en general y también de los distintos ciclos. Un aspecto importante es que la organización empiece antes y con tiempo. Este año la organización de la feria empezó muy sobre la hora. Además creo que la Feria del libro debería poner en el centro de la escena a autores, autores, ilustradores, narradores, traductores y demás protagonistas del mundo editorial de Córdoba como así también a los sellos locales. Más allá de que haya visitantes, conferencistas y artistas de Buenos Aires y otras provincias, el foco debería ser lo local.. También se debería pensar una manera de visibilizar con stands específicos la lectura y los consumos culturales digitales”.