“Lo que más me gusta de este precioso oficio de escribir, es investigar”

Graciela Ramos acaba de publicar “Las tejedoras de ilusiones” una novela que recrea la vida de dos mujeres inmigrantes y que atraviesa varios hechos históricos, entre estos el incendio de la fábrica de Manhattan en el que murieron más de 120 trabajadoras.

En los últimos libros de Graciela Ramos (La boca roja del riachuelo, La patria de Enriqueta o Los amantes de San Telmo) el tema de los inmigrantes y la lucha de las clases trabajadoras han tenido un rol preponderante. También la construcción de personajes femeninos fuertes e historias de amor que se entremezclan a los avatares de la miseria y el sueño de salir adelante . En esa línea, la escritora acaba de publicar “Las tejedoras de ilusiones”, un relato que aborda diferentes hechos históricos (entre estos el incendio de la fábrica de Manhattan que se conmemora cada 8 de marzo) y que tiene como protagonista a dos jóvenes italianas: Giusseppina y Raffaella.  “Ellas son muy mías y también de todos los que un día por decisión propia o no, tuvieron que subir a un barco e irse… Allí están resumidas mi madre, mis tías y mis tíos, mis abuelas, mis abuelos, bisabuelas”, afirma Ramos en la entrevista que comparte con Babilonia Literaria.

– ¿Qué te motivó a escribir «Las tejedoras de ilusiones»?

– Siempre estoy dando vueltas con los migrantes, mil preguntas, pocas respuestas ¿Qué pasa con la familia cuando alguien se va a vivir a otro lado…? Y entonces pienso en mis abuelos, bisabuelos que un día subieron a un barco sin saber que les deparaba el destino. Y también del otro lado, los padres, hermanos, tíos que quedaron esperando…

Hace tiempo leí un artículo que había guardado entre mis cosas, (no recuerdo el motivo)  sobre el incendio de la fábrica de camisas en Manhattan, que da origen a conmemorar cada año el 8 de marzo el día de los derechos de las mujeres. Y esa fue la punta del ovillo que comencé a tirar, y no pude parar…

 – ¿Cómo fue el proceso para darle ese contexto a la novela: desde el barrio italiano en Nueva York hasta toda esa odisea de migración que atraviesan las protagonistas?

-Fue hermoso. Lo que más me gusta de este precioso oficio de escribir, es investigar, es un vicio que tengo.

El ingreso a EEUU no era tan fácil, había que superar la «Isla de las lágrimas» así le decían a la Isla Ellis donde funcionaba un estricto y ordenado control. No todo el mundo que llegaba podía ingresar. Algún defecto físico, o alguna percepción de alguien que tenía el poder de firmar, obligaba a que los «no aptos» regresaran de donde vinieron.  Y si lo lograban, entonces tenían que comenzar una nueva vida en un lugar donde todo era distinto al sitio del que provenían… 

-La novela rescata la   lucha de las mujeres trabajadoras y esa tragedia de la fábrica incendiada que dio lugar a la conmemoración del 8 de marzo. ¿Qué le imprimió esa tragedia a la construcción literaria?

-En primer lugar, dejar constancia de como sucedió, que pasó realmente para que esas jóvenes murieran atrapadas en el incendio.  Era una época donde el boom textil abrazaba a muchas mujeres inmigrantes obligadas a trabajar más horas de las permitidas por poco dinero.  Y no todas se animaban a reclamar ya que había severos controles en las fábricas y listas negras que circulaban entre ellos,  que las imposibilitaba de conseguir trabajo.  

Las muertes injustas producidas en este incendio,  imprimieron las primeras participaciones de mujeres en sindicatos, hasta ese momento manejado solo por hombres. Una lucha interminable en todo el mundo…

 – ¿Qué podrías contarnos de las protagonistas de «Las tejedoras de ilusiones»?

-Giusseppina y Raffaella, son muy mías y también de todos los que un día por decisión propia o no, tuvieron que subir a un barco e irse… Así también el resto de personajes que acompañan casi toda la novela. Allí están resumidas mi madre, mis tías y mis tíos, mis abuelas, mis abuelos, bisabuelas… Tejen, cocina, son un poco curanderas, miedosas, jóvenes, intrépidas y les toca vivir una época donde el progreso choca con la pobreza, y no es tan fácil si no estás en el lado correcto.  

Mi madre curaba el empacho, la sangre, mi tía curaba con trigo. El puchero de la amistad es una receta que aún hoy disfrutamos en casa. 

¿Hay lugar para el romance? 

-Claro que sí, el amor es el condimento principal de la vida.  Pero bueno, no todos tienen la capacidad de poder entender que el amor es simple, muchas veces se resume en un gesto, en una palabra, en una sonrisa. Giusseppina, se enamora del amor y eso la lleva por un camino lleno de piedras que la hacen trastabillar, dudar… Las costumbres de la época también tienen un papel preponderante, tiñen el concepto de las relaciones y distorsionan lo que realmente sentimos en nuestros corazones. 

–  ¿Cuál fue el mayor desafío de escribir «Las tejedoras de ilusiones»?

-La novela consta de doce partes, todos momentos históricos, reales. Pero lo que más me costó fue contar el incendio…  Ponerme en la piel de todas esas mujeres, que mueren en escasos minutos, sin poder hacer nada. Y luego, en todos los familiares del otro lado, esperando por ellas…  Momentos confusos, tremendos, injustos, previsibles, sobre todo. 

-Saliendo un poco de la novela, me gustaría hacer foco en tu lugar de directora de Cultura de Villa Allende. Hace muy poco asumiste ese desafío. ¿Qué impronta te gustaría dejar de tu gestión?

-Fue algo inesperado y maravilloso que pasó por mi vida. Hoy tengo la oportunidad de poder gestionar cultura para mi ciudad. Por supuesto que mi foco principal está puesto en la Biblioteca Libro Abierto, que ya estamos trabajando para que toda la ciudad de Villa Allende tenga acceso a la lectura, estamos actualizando con muchos libros nuevos, también informatizando para que los lectores puedan consultar la biblioteca desde sus hogares…

Otro de mis amores es  la Universidad Popular, hoy ya tenemos más de veinte talleres con certificación. Y  seguimos trabajando con un equipo de personas maravillosas que me acompañan. 

La Cultura  atraviesa la vida del ser humano,  partiendo de allí la idea es poner contenidos para todos. 

Pienso que  la lectura salva vidas, educa, moviliza, enamora, construye… Una comunidad lectora hace mejores personas. 

 

El 24 y 25 de junio estamos organizando con El emporio Libros, en Villa Allende, el primer Encuentro de novelas románticas históricas, vienen más de treinta autoras de todo el país.

Quiero destacar que este encuentro es posible gracias a las autoras que sin mediar gastos y tiempo estuvieron dispuestas a participar de esta actividad. Así que les propongo que vengan a Villa Allende a conocer, conversar, escuchar  y compartir con todas las autoras. Estos espacios que nos encantan porque los libros nos unen. 

Fernanda Pérez

Read Previous

Palabras pecadoras

Read Next

Se entregaron las distinciones a las artistas de “Mujeres que dejaron huella”