Controvertida e inolvidable, precursora -como otras-, de una literatura que marcó a fuego la lucha por la igualdad de derechos, Virginia Woolf es una autora inglesa de culto que nos invita en estos dos libros (una novela y un ensayo) a deambular por las calles y observar la sociedad de aquella capital británica (y en proyección, al mundo) en la primera mitad del siglo XX.
Un cuarto propio
Quizás uno de sus libros más leídos y editados por diferentes sellos en todo el mundo, y aquel que guarda frases que se han repetido, convertido en graffitis y hasta retratado en remeras desde que fueron pronunciadas hasta hoy, como “No es necesario brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo”, “Un cuarto propio” (1928) es Virginia Woolf por antonomasia.
Se trata, en realidad, de una conferencia dictada por la escritora a pedido de dos universidades de mujeres y presentada en un certamen anual, que luego, a partir de su trascendencia, se publicó y tradujo en cientos de idiomas, dando la vuelta al mundo. Por eso parte de la magia que guarda, se encuentra en haber sido un manuscrito construido en la intimidad de una habitación, pensado para que sea escuchado una sola vez, por un puñado de mujeres, un día cualquiera, pero que luego se volverá eterno.
En “Un cuarto
propio” Woolf afirma varias realidades, pero sobre todo cuestiona su entorno. O sea, parte de su realidad y la observación de la sociedad que la rodea para preguntarse sobre las Mujeres y la novela. Woolf podría haber hablado de cómo el género fue atravesando un camino signado por el anonimato, por nombrar solo a algunas como Austen, las hermanas Brönte o Dickinson, y de cómo sus particularidades femeninas se veían reflejadas en sus escritos. Sin embargo, aprovecha la ocasión para preguntarse e interpelar al resto de cómo, por qué y para qué una mujer decide escribir ficción.
Son -sin dudas- puntos de partida diferentes que llegan a destinos totalmente disímiles. Así Woolf crea un ensayo donde enumerará todos y cada una de los aspectos que son necesarios para entender la desigualdad que sufre el género femenino frente –no solo a la literatura- sino a los recursos para obtenerla, empezando por el acceso a la alfabetización y la lectura y terminando por los espacios propios para desarrollar su inteligencia y talentos artísticos. Y lo hace, revisando su biblioteca anaquel por anaquel, recordando momentos de su vida y observando, sobre todo, lo que ocurre desde la ventana de su casa.
Un libro que prende luces y marca el camino. Para leer de a poco, sin apuros y con un lápiz en la mano subrayando ideas que serán faros.
La señora Dalloway
Por otra parte, ya en términos de ficción, Woolf nos invita a conocer a «La Señora Dalloway» (1925), protagonista de esta historia con marcados tintes autobriográficos (Woolf se suicidó muy joven hundiéndose en el río Ouse), donde la autora inglesa le abre el juego a un relato donde mezcla humor, soledad, lucidez y locura, belleza y oscuridad.
Planteada como un relato en primera persona sostenida a la vez por diálogos internos de varios de sus personajes, la novela plantea un día en la vida de Ms. Dalloway en 1923, en la jornada donde va a realizar una fiesta en su lujosa casa.
La aristócrata vida de la joven Clarissa Dalloway no parece tener muchos conflictos, o al menos eso parece observarse desde afuera, cuando todo en su vida se limita a pasear por Oxford Street pensando en las flores que va a necesitar para decorar su espaciosa casa o los deliciosos platos que va a servirle a sus invitados. Sin embargo, algo ocurre el día de la fiesta en su pequeño barrio: un ex soldado de la Gran Guerra va a suicidarse.
Woolf toma el transcurso de todo un día, el cruce de los personajes en una misma ciudad y los hechos fortuitos que se suceden en el mundo para hablar de los dobleces de la sociedad de la primera mitad del siglo XX, y al mismo tiempo para plantear los claroscuros de los seres humanos, que solemos solapar la tristeza con la euforia y el desparpajo.
Considerada como una de las obras maestras de Woolf, “Ms. Dalloway” es una radiografía social, feminista y política y un retrato de época que nos sigue interpelando.
