Crece el fenómeno de los clubesde lectura. Los hay online, mixtos o presenciales. Los hay abiertos o cerrados. Pagos y gratuitos. En todos los casos el objetivo es el mismo: hablar con otros sobre libros.
¿Por qué una acción solitaria y silenciosa cobre un valor especial cuando se vuelve algo colectivo? Cuentan sus experiencias en diferentes grupos las lectoras Carolina Artaza, Laura Chagardoy, Cintia Lecler (también autora), Verónica Bueno Fernández y Elida Isabel Soria.
Por Fer Pérez
En la película “La Sociedad Literaria y del Pastel de Patata de Guernsey” -inspirada en la novela epistolar de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows- los habitantes de un pueblo asolado por la ocupación nazi hacen de sus reuniones lecturas una especie de “trinchera clandestina”, desde allí resisten.
En el filme “El club de lectura de Jane Austen”, un grupo de personas de mediana edad van encontrando paralelismos y respuestas para sus vidas a través de las obras de la gran novelista británica.
En “Club de lectura” cuatro amigas reconectan con el deseo tras recorrer las páginas de “Cincuenta sombras de Grey”.
La lista de historias inspiradas en estos universos literarios muestran como la lectura se vuelve inspiración, cobijo, amistad, amor, rebeldía y un sitio para expandir la mente y el corazón más allá de los límites humanos. Ya lo decía Jorge Luis Borges: “De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. El libro es una extensión de la imaginación y la memoria”.
En Argentina, y justamente en conmemoración al nacimiento del mencionado escritor, cada 24 de agosto se celebra el Día del Lector.
Es innegable que en los últimos tiempos, tal vez como respuesta al impacto tecnológico y a esa vida solitaria y vertiginosa a la que nos han empujado las redes, crecen los clubes y grupos de lectura. El objetivo: leer. Pero hay más, también son instancias para compartir, debatir, construir conversaciones consistentes y vínculos saludables.
Los hay gratuitos y pagos. Los hay cerrados o abiertos. Los hay temáticos y diversos. Los hay presenciales, online o híbridos… En todos los casos son iniciativas que transforman un acto solitario en una experiencia colectiva.
Compartir, expandir, resistir
Caro Artaza es una experta en clubes de lectura. En los últimos tiempos ha participado o participa en el Club de Lectura de Babilonia (dos encuentros online por mes), en el Club Charles Dickens (un encuentro mensual online), en Lenguas Vecinas (un encuentro presencial por mes), y en Alto Viaje (un encuentro presencial por mes). “Yo creo que lo más importante de los clubes de lectura es, en primera instancia, que nos llevan a leer libros que de manera individual o por iniciativa propia no leeríamos. Muchas veces son autores que no conocemos o sobre los que teneos prejuicios… Entonces, estos espacios nos llevan a ampliar el universo de las lecturas. En segundo lugar siempre hay algo que se genera en el debate de un libro. Es como si se leyera dos veces: la impresión propia y lo que piensan los otros. Y ahí te das cuenta de que el universo de lo que el libro tenía para dar es más amplio. Es como que la experiencia se termina multiplicando al igual que el disfrute. Incluso me ha pasado con libros que me han gustado mucho y que al compartir con otros me gustaron más, o al revés. O sea, libros que no me gustaron para nada y que tras intercambiar opiniones con otros descubrí cosas nuevas que no me había percatado… Se genera ahí algo muy lindo, muy interesante”.
“Para mí el valor de leer y compartir con otros es la diversidad. Cuando leemos solas tenemos una mirada, cuando lo compartimos en grupo se multiplica. El mismo libro nos hace sentir, pensar y opinar distinto. Y en esa mezcla la lectura se enriquece un montón”, manifiesta Laura Chagardoy integrante de Spa Literario, un grupo que lleva 13 años de actividad ininterrupida. Desde sus inicios son 12 las integrantes y se reúnen una vez por mes. La lectura ha generado entre ellas un vínculo que va más allá de los libros. En sus reuniones se respira la amistad y la complicidad. “Para nosotras es un espacio para leer, compartir y desconectar un rato”, agrega Laura. En esa línea, Elida Isabel Soria de Café y Letras (grupo de 6 amigos que se reúnen una vez al mes a debatir sus lecturas), expresa: “Creo que en este grupo de lectura la aventura empieza cuando el libro se cierra. Cada uno descubre algo que otro no vio y, en ese intercambio, el libro se multiplica: aparecen nuevas miradas, preguntas y sentidos que enriquecen nuestra propia lectura. Casi, sin darnos cuenta, ese compartir también construye vínculos afectivos desde la escucha, el respeto y el placer de encontrarnos alrededor de una misma pasión”.
Verónica Bueno Fernández lleva adelante el espacio No es un río, es un libro. Lo llamó así en homenaje a Selva Almada. La modalidad es virtual. Tienen un grupo de Whatsapp donde comparten novedades, se propone la lectura del mes, se lee de manera individual durante ese periodo, y la última semana se encuentran vía Meet para charlar del texto. En los últimos minutos hacen juegos relacionados con la lectura. Sobre su experiencia y motivación para llevar adelante este club de lectura, Verónica cuenta: “Creo que el valor agregado es compartir una lectura y descubrir que un mismo libro va encontrar tantas historias como personas lo lean. Leer es un viaje bastante solitario, pero cuando lo conversás con otros se llena de matices, te abre la cabeza. A veces un personaje o una frase que a vos te pasó de largo, a la otra persona le llegó al corazón. Por eso en un momento de tanta desconexión leer y compartir es más que nunca un acto de rebeldía”.
Por último, Cintia Lecler escritora cordobesa e integrante del Club de Lectura de Babilonia, coordinado por Flor Vercelloone, narra su experiencia: «En el club exploramos distintos géneros, diversas narrativas… Está muy bueno porque tenemos visitas y porque es muy intercativo lo que propone nuestra coordinadora. En este Club ya somos un grupo de amigas que logramos romper esa virtualidad y de vez en cuando organizamos algún encuentro presencial, lo que nos permite conocernos personalmente».
Desde Babilonia
Desde Babilonia celebramos la lectura, celebramos los múltiples espacios e iniciativas que resguardan el acto mágico, simple y único de leer en soledad y de compartir con otro.
¡Feliz día queridos lectores y lectoras!
