#Leer al rival. Literatura en tiempos del mundial

Hoy, como desde hace semanas, el mundo sigue atravesado por las coordenadas mundialistas. Por eso, sin dejar de lado lo que más nos gusta hacer (recomendar libros y autores), nos sumamos a la ola y Carme Laucirica aprovecha la excusa futbolera para hacer foco en los contrincantes que está teniendo Argentina en su recorrido. Ya pasaron Argelia, Austria, Jordania; también Cabo Verde, Egipto y Suiza. Ahora en semifinales, el clásico con Inglaterra.

 Saber por dónde ingresar, conocer los códigos en su propio universo. Entender sus mayores virtudes y sus peores defectos. Descubrir dónde puede estar su contraataque y qué nos puede unir a él. De eso se trata #Leer al rival, la sección de Babilonia Literaria en tiempos del mundial, que aprovecha la ocasión del mega evento deportivo para seguir haciendo foco en libros, autores e historias. 

 

En la primera etapa, dentro del grupo J, Argentina se cruzó con Argelia, Austria y Jordania y por eso hablamos de tres autores de estos países que -por alguna razón- vinculan literatura con fútbol.

Luego fue el turno de Cabo Verde, Egipto y Suiza. Ahora llega Inglaterra y un partido cargado por la rivalidad extra cancha. 

Pero aquí nos focalizamos en los libros. Así que te invitamos a leer esta nota y sus recomendaciones. 

#LeeralRival Argelia: Camus y la pelota

Empezamos por Albert Camus, autor que nació en Argelia en 1913, cuando este país estaba en dominación francesa, por eso toda su obra estará escrita en este idioma.  

Referente de una escritura vinculada estrechamente al existencialismo alemán, Camus fue siempre un hombre absolutamente filosófico en sus planteos literarios y sus novelas,  lo que lo llevaron a ganar en 1957 el Premio Nobel de Literatura 

 

Pero como aquí se trata de traer datos curiosos, es bueno saber que entre Camus y el fútbol, siempre hubo un vínculo muy especial, sobre todo de niño y adolescente, ya que antes de publicar obras como “El extranjero”, Camus fue -por ejemplo- el arquero juvenil del Racing Universitario de Argelia.

 

Lo curioso es que eligió los tres palos por una razón muy particular: la economía familiar. Su abuela lo retaba constantemente porque destruía sus zapatos jugando al fútbol, y no había presupuesto para reponerlos. Como el arquero corre menos, era la posición ideal para cuidar el calzado.

 

Lo que él quizás no sabía es que esta elección deportiva significaría muchísimo para sus escritos filosóficos. Él mismo dejó asentado: ‘Lo que más sé a la larga acerca de la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol’. Para Camus, la cancha y el vestuario eran el laboratorio perfecto de la condición humana.

Obras como «El mito de Sísifo» y «La peste» exploran temas de solidaridad, lucha y la condición humana, resonando con las lecciones que Camus aprendió en el campo de fútbol.

 

Toda su ‘filosofía del absurdo’ se entiende mejor con una pelota de por medio. En su famoso ensayo El mito de Sísifo, habla de un hombre condenado a empujar una piedra a la cima de una montaña solo para verla caer. ¿No les suena al fútbol? Un equipo que corre, sufre y lucha 90 minutos sabiendo que puede perder en el último segundo. Para Camus, el verdadero “golazo” no es el resultado, sino el esfuerzo compartido.

El amor por el juego gambetea en el trasfondo de todas sus novelas; de hecho, en su obra póstuma, “El primer hombre», el fútbol es el verdadero refugio del protagonista. La obra narra la historia de un niño llamado Jacques. En su infancia, el fútbol es el “reino” de Jacques, y durante su adolescencia está “obsesionado” con el juego. Jacques era Camus, cuyas primeras experiencias futbolísticas tuvieron lugar en campos argelinos de terreno irregular, con “una pelota hecha de trapos”.

 

Otro ejemplo es el de González en su novela “La peste” (1947), quien era conocido entre sus amigos por no perderse nunca la oportunidad de patear una lata calle abajo. Si afinamos el ojo, podemos ver que en cada obra de Camus hay un partido de fútbol dando vueltas.

Gracias a Camus, Argelia y Argentina tienen también una conexión previa, y no por el fútbol, sino por la literatura. Intelectuales como Julio Cortázar, Aurora Bernardez y Victoria Ocampo tradujeron sus obras.

 

¿Conocías a Camus y su amor por el fútbol?

#LeeralRival Austria: El «Dibu» Martínez es ficción 

¿Y si les dijéramos que los bailes, las miradas y la estrategia psicológica del Dibu Martínez en los penales ya habían sido explicados por un Premio Nobel de Literatura hace más de cincuenta años?

Ya leímos a nuestro primer rival líneas atrás. Y ahora corresponde hablar sobre el segundo: Austria.

En 1970, el escritor austríaco Peter Handke publicó “El miedo del arquero al penalti”. En esta novela, Handke explora la absoluta soledad de quien está debajo de los tres palos y desarma la dinámica de un penal desde un lugar puramente mental.

En su novela, el personaje principal es un arquero retirado que pierde los estribos cuando lo despiden del trabajo. Paradójicamente, vuelve a encontrarse cuando visita una cancha de fútbol y le explica a otro espectador el trasfondo de un penal. 

La teoría de Handke dice que, físicamente, quien patea el penal tiene todas las de ganar. El arco es enorme y la pelota va demasiado rápido. 

Dato de color antes de seguir: el libro fue adaptado al cine por Wim Wenders en 1972.

Entonces, ¿cómo gana el arquero? Alterando la lógica a través de la psicología. El arquero tiene que lograr que el rival lo mire a él, que piense en él, en lugar de mirar la red.

Ahí es donde el Dibu se vuelve literatura pura. Porque el arquero argentino viene leyendo al rival hace rato.

Con sus bailes, sus palabras y su imponente presencia corporal, logra exactamente lo que Handke describía: congelar la mente de quien está por patear y recordarle que no está solo frente al arco, está frente a un rival que ya le leyó el pensamiento. 

Así, sin saberlo y antes que el Dibu se convirtiera en nuestro arquero estrella, Austria y su escritor Peter Handke ya comenzaban a hablar sobre sus futuras anécdotas.

 

#LeeralRival Jordania: cuando el fútbol y la literatura resisten

¿Sabías que en Jordania, un autor y un equipo de fútbol nacieron en el mismo lugar? Sí, en un campo de refugiados.

Y aunque podamos pensar que la literatura exige silencio y el fútbol ruido, hay historias en las que los libros y las tribunas gritan exactamente lo mismo. Bienvenidos a un nuevo episodio de “Leer al rival”.

Viajemos a la capital de Jordania, específicamente al inmenso campo de refugiados de Al-Wehdat. En esas calles nacieron dos fenómenos culturales enormes: el escritor Ibrahim Nasrallah, ganador del equivalente al Premio Nobel árabe, y un gigante asiático: el Al-Wehdat Sports Club.

 

Por su parte, Nasrallah utiliza la escritura para salvar a su pueblo del olvido. Escribe para que los marginados tengan nombre y memoria. Curiosamente, el club de fútbol hace exactamente lo mismo: jugar es su mecanismo de resistencia. Cada gol y cada partido de este equipo de refugiados es una forma de decirle al mundo: “acá estamos y existimos”.

 

Y aunque no lo crean, en esta historia hay un eslabón argentino. Porque no es casualidad que en los campamentos de refugiados de todo Medio Oriente los murales de Maradona sean un símbolo intocable.. Para ellos, el Diego y el fútbol argentino son el símbolo literario definitivo de que el Sur también puede ganar.  

 

La pluma de un genio árabe y la zurda de un argentino hablando el mismo idioma de resistencia. Guardate este video y sumá a Ibrahim Nasrallah a tu próxima lista de lectura. Nos vemos en la próxima edición de “Leer al rival”. 

#Leer al Rival: Sodade hecho libro

La novela más importante en la historia de Cabo Verde tiene TODO que ver con el fútbol argentino y también con Estudiantes de La Plata.

Pero… ¿cómo y por qué?

Para entenderlo, vamos a viajar a África para hablar de Baltasar Lopes da Silva y su novela cumbre: «Chiquinho». Imaginate que este libro es como su Martín Fierro. Es la obra que define el alma de las islas. 

 

Chiquinho está cruzada por algo que ellos llaman «sodade»: esa mezcla gigante de nostalgia y esperanza que empujaba a su pueblo a subirse a un barco para buscarse un futuro en otro lado.

Y si bien el protagonista de la novela nunca viajó a América, hay caboverdianos que sí lo hicieron, saliendo en barcos cargados con la misma poesía y melancolía que el autor cuenta en sus páginas. Curiosamente, muchos llegaron a los puertos de Dock Sud y Ensenada en Argentina. 

Y acá saltamos de la ficción a la realidad. Porque si bien él no formó parte de esas primeras olas migratorias caboverdianas ni tiene novela propia, Adriano Custódio Mendes fue un niño nacido en este archipiélago africano lleno de “sodade” que emigró a Argentina en la década del ‘70, y con sólo 12 años marcó su futuro en nuestro país. 

Capaz lo tenés por su paso por Estudiantes de La Plata. Pero el dato clave es que hizo historia al convertirse en el primer futbolista africano y caboverdiano en jugar en nuestra Primera División. Datito de color: Adriano debutó en Estudiantes en 1981.

Custódio Mendes es el reflejo en la vida real de los personajes de Lopes da Silva. Es la historia viva del exiliado que llega con lo puesto, sufre el desarraigo, pero termina encontrando una nueva patria y un lugar de pertenencia. En el caso de Custódio Mendes, encontró todo eso en el potrero argentino. 

Una vez más, Argentina, su próximo rival en el mundial de fútbol y la literatura convergen.  

#Leer al rival: ¿Libro o pelota? ¿Nobel o Mundial?

¿Sabías que casi nos perdemos a un Premio Nobel de Literatura por su amor por el fútbol?

Bienvenidos a un nuevo Leer al rival. Hoy, Argentina vs Egipto.

Hubo una década entera en la que el único Premio Nobel de Literatura del mundo árabe no quería saber nada con los libros: su única obsesión era ser futbolista profesional.

Hablamos del egipcio Naguib Mahfouz, quien en su juventud jugaba de delantero por afuera en los torneos callejeros y era rapidísimo, a tal punto que tuvo que tomar una decisión drástica: los botines o la pluma. Eligió escribir y su legado fue gigante. Hoy, más de treinta de sus obras están traducidas al español.

Pero ojo, porque Mahfouz nunca perdió la cabeza de jugador de potrero. Él no escribía sobre faraones; escribía sobre el barrio. Si leés su monumental Trilogía de El Cairo o El callejón de los milagros, vas a ver exactamente los mismos códigos que en el fútbol argentino: los buscavidas, la calle y personajes tirando gambetas para sobrevivir a la injusticia.

Su impacto fue tan abismal que hoy, cada 11 de diciembre por su cumpleaños, se entrega la Medalla Naguib Mahfouz. ¿El premio? Buscan la mejor novela contemporánea en árabe, la traducen al inglés y la publican para que el mundo entero la conozca.

El potrero de El Cairo y el nuestro hablando el mismo idioma. 

# Leer al rival: Argentina vs Suiza. 

Para este match te traigo un librazo: Yo soy el arquero, del suizo Pedro Lenz.

¿Sabés por qué esta novela fue un éxito total? Porque el autor mandó la formalidad a pasear. No la escribió en un alemán de academia, la escribió toda en el dialecto de la calle, el bernés. 

Básicamente, escribió como la gente habla, a puro “lunfardo” suizo. Para que te des una idea, es el equivalente a escribir una novela entera en cordobés. 

Lenz le dio voz a los que no la tenían y demostró que el fútbol y las calles suizas también tienen quien les escriba.

El protagonista es un pibe de barrio al que le dicen «Goalie», o sea, el arquero. Y el apodo le queda pintado. El tipo acaba de salir de la cárcel porque prefirió comerse un garrón terrible con tal de no mandar al frente a sus amigos.

Hizo exactamente lo que hace un arquero en un partido picante: cuando las papas queman y quedás mano a mano, ponés el cuerpo, te inmolás y te sacrificás por el equipo.

Acá y en Suiza, la regla de oro del vestuario y de la calle es la misma: al compañero no se lo vende.

Lamentablemente, no podemos disfrutar del libro en español TODAVÍA, pero si nos damos maña con el inglés, podemos ver su adaptación cinematográfica en Apple Tv con subtítulos en inglés. (Sí, ya sé, todo muy específico.)

Aunque el fútbol aparece en el título y en el apodo del personaje, la novela no gira alrededor de partidos ni campeonatos. 

El arquero o goalie funciona más como una figura simbólica: alguien acostumbrado a resistir golpes y quedarse solo frente al peligro. Sobre esa base, Lenz desarrolla un relato de amistad, traiciones y redención, ambientado en la Suiza de finales de los años ochenta.

El potrero es universal y esta sección nos lo deja más que claro. ¿Te imaginas algún clásico argentino pero escrito en cordobés?

#Leer  al rival: ¿Inglaterra tiene potrero?

“Los ingleses no entienden NADA de nuestra pasión futbolera”, es lo que diría si no leyeras ésto, sin embargo quiero traerte un libro que explica a la perfección por qué somos DEMASIADO parecidos cuando hay fútbol de por medio: se trata de “Fiebre en las gradas”, del inglés Nick Hornby.

Se sabe que los argentinos somos un ejemplo viviente de la locura por el fútbol. Pero según Hornby no somos los únicos. Porque en “Fiebre en las gradas”, el tipo cuenta su vida entera a través de los partidos del Arsenal y te hace pensar que el hincha inglés está igual de loco por el fútbol que nosotros.

En el libro queda clarísimo: para él, el fútbol no es un pasatiempo, es lo que te salva o te arruina la semana. Su felicidad y sus relaciones dependen exclusivamente de lo que hagan once tipos corriendo atrás de una pelota en Londres.

Si te dio curiosidad, podés encontrar este libro en Mercado Libre (en español, por supuesto). Y si no sos de leer mucho, podés ver la adaptación cinematográfica, llamada “Fever Pitch”, que tiene de protagonista a nuestro queridísimo “Harry” de Mamma Mia. 

 

En la cancha nos cruzamos a muerte, desde la alfombra roja de Rattín en el 66 hasta la Mano de Dios en el 86, incluso se habló mucho de Malvinas. Pero en la tribuna, Hornby nos enseña que el hincha argentino y el inglés son almas gemelas. El sufrimiento, el aguante y la neurosis por los colores hablan el mismo idioma.

Read Previous

Novedades editoriales (Internacionales x 3)

Read Next

#MesdelLibro: Apuntes literarios del Club de Lectura