Nos guste o no, desde hace un par de días y hasta las próximas tres semanas casi todo estará atravesado por las coordenadas mundialistas. Por eso, sin dejar de lado lo que más nos gusta hacer (recomendar libros y autores), nos sumamos a la ola y aprovechamos la excusa futbolera para hacer foco en los contrincantes que tendrá Argentina en su recorrido. En esta primera etapa hablaremos de autores de Argelia, Austria y Jordania.
Saber por dónde ingresar, conocer los códigos en su propio universo. Entender sus mayores virtudes y sus peores defectos. Descubrir dónde puede estar su contraataque y qué nos puede unir a él. De eso se trata #Leer al rival, la sección de Babilonia Literaria en tiempos del mundial, que aprovecha la ocasión del mega evento deportivo para seguir haciendo foco en libros, autores e historias.
En la primera etapa, dentro del grupo J, Argentina se cruzará con Argelia, Austria y Jordania y por eso en esta nota te contamos sobre tres autores referentes de estos países y algunas perlitas que está bueno conocer.
Empezamos por Albert Camus, autor que nació en Argelia en 1913, cuando este país estaba en dominación francesa, por eso toda su obra estará escrita en este idioma.
Referente de una escritura vinculada estrechamente al existencialismo alemán, Camus fue siempre un hombre absolutamente filosófico en sus planteos literarios y sus novelas, lo que lo llevaron a ganar en 1957 el Premio Nobel de Literatura
Pero como aquí se trata de traer datos curiosos, es bueno saber que entre Camus y el fútbol, siempre hubo un vínculo muy especial, sobre todo de niño y adolescente, ya que antes de publicar obras como “El extranjero”, Camus fue -por ejemplo- el arquero juvenil del Racing Universitario de Argelia.
Lo curioso es que eligió los tres palos por una razón muy particular: la economía familiar. Su abuela lo retaba constantemente porque destruía sus zapatos jugando al fútbol, y no había presupuesto para reponerlos. Como el arquero corre menos, era la posición ideal para cuidar el calzado.
Lo que él quizás no sabía es que esta elección deportiva significaría muchísimo para sus escritos filosóficos. Él mismo dejó asentado: ‘Lo que más sé a la larga acerca de la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol’. Para Camus, la cancha y el vestuario eran el laboratorio perfecto de la condición humana.
Obras como «El mito de Sísifo» y «La peste» exploran temas de solidaridad, lucha y la condición humana, resonando con las lecciones que Camus aprendió en el campo de fútbol.
Toda su ‘filosofía del absurdo’ se entiende mejor con una pelota de por medio. En su famoso ensayo El mito de Sísifo, habla de un hombre condenado a empujar una piedra a la cima de una montaña solo para verla caer. ¿No les suena al fútbol? Un equipo que corre, sufre y lucha 90 minutos sabiendo que puede perder en el último segundo. Para Camus, el verdadero “golazo” no es el resultado, sino el esfuerzo compartido.
El amor por el juego gambetea en el trasfondo de todas sus novelas; de hecho, en su obra póstuma, “El primer hombre», el fútbol es el verdadero refugio del protagonista. La obra narra la historia de un niño llamado Jacques. En su infancia, el fútbol es el “reino” de Jacques, y durante su adolescencia está “obsesionado” con el juego. Jacques era Camus, cuyas primeras experiencias futbolísticas tuvieron lugar en campos argelinos de terreno irregular, con “una pelota hecha de trapos”.
Otro ejemplo es el de González en su novela “La peste” (1947), quien era conocido entre sus amigos por no perderse nunca la oportunidad de patear una lata calle abajo. Si afinamos el ojo, podemos ver que en cada obra de Camus hay un partido de fútbol dando vueltas.
Gracias a Camus, Argelia y Argentina tienen también una conexión previa, y no por el fútbol, sino por la literatura. Intelectuales como Julio Cortázar, Aurora Bernardez y Victoria Ocampo tradujeron sus obras.
¿Conocías a Camus y su amor por el fútbol?
El «Dibu» Martínez es ficción
¿Y si les dijéramos que los bailes, las miradas y la estrategia psicológica del Dibu Martínez en los penales ya habían sido explicados por un Premio Nobel de Literatura hace más de cincuenta años?
Ya leímos a nuestro primer rival líneas atrás. Y ahora corresponde hablar sobre el segundo: Austria.
En 1970, el escritor austríaco Peter Handke publicó “El miedo del arquero al penalti”. En esta novela, Handke explora la absoluta soledad de quien está debajo de los tres palos y desarma la dinámica de un penal desde un lugar puramente mental.
En su novela, el personaje principal es un arquero retirado que pierde los estribos cuando lo despiden del trabajo. Paradójicamente, vuelve a encontrarse cuando visita una cancha de fútbol y le explica a otro espectador el trasfondo de un penal.
La teoría de Handke dice que, físicamente, quien patea el penal tiene todas las de ganar. El arco es enorme y la pelota va demasiado rápido.
Dato de color antes de seguir: el libro fue adaptado al cine por Wim Wenders en 1972.
Entonces, ¿cómo gana el arquero? Alterando la lógica a través de la psicología. El arquero tiene que lograr que el rival lo mire a él, que piense en él, en lugar de mirar la red.
Ahí es donde el Dibu se vuelve literatura pura. Porque el arquero argentino viene leyendo al rival hace rato.
Con sus bailes, sus palabras y su imponente presencia corporal, logra exactamente lo que Handke describía: congelar la mente de quien está por patear y recordarle que no está solo frente al arco, está frente a un rival que ya le leyó el pensamiento.
Así, sin saberlo y antes que el Dibu se convirtiera en nuestro arquero estrella, Austria y su escritor Peter Handke ya comenzaban a hablar sobre sus futuras anécdotas.

