Esta semana compartimos el primer capítulo de la novela histórica «Vientos de libertad» que el escritor cordobés publicó en 2025.
Este libro, publicado por Del Fondo, está atravesado por la gesta independentista de San Martín.
CAPÍTULO 1
Coincidencia de sueños
Casa del gobernador, Mendoza
Junio de 1816
María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciana de Escalada y de la Quintana posa la mano con afecto sobre su vientre encinto.
—Estamos agitados hoy —murmura con dulce voz acariciándose por sobre el vestido en círculos. Desde dentro suyo, un ser minúsculo acaba de patearle con suavidad de seda.
Aun cuando no ha pasado una buena noche, su ánimo es alegre y quiso salir al patio a primera mañana para poder recibir las bondades del sol cuyano, inusualmente cobijador para su salud siempre delicada, en ese invierno de finales de junio de 1816.
Todo es muy distinto allí, de su vida previa en Buenos Aires; empezando por ella misma. Con mucho menos de lo que siempre tuvo a su disposición, nunca se había sentido tan feliz y plena. Tan ella.
La joven, de clara piel, transparente, figura frágil, no muy alta, delgada, cabellos oscuros y ojos café, termina de inspeccionar los árboles del patio junto a Jesusa, la mulata esclava que sus padres habían enviado con ella a Mendoza, donde se reunió al fin con su esposo, el tercer gobernador de la intendencia de Cuyo.
Fue un viaje demorado, hecho con todas las previsiones por su salud y con un extenso y costoso ajuar que su esposo mandó de vuelta a Buenos Aires tan pronto llegó. Demasiado lujo para un pueblo al que se le exige tanto sacrificio y en donde debe, antes que nada, darse el ejemplo. A Remedios no le importó tal decisión. Ella pensaba igual.
Transita la octava luna de su embarazo con la espada de Damocles de su salud a cuestas. Siempre delicada, cada día es vivido con preocupación. Un cutis rozagante y el cabello brilloso se dejan ver junto al aumento de sus pechos y el abultamiento creciente del vientre. La barriga es prominente para su figura menuda, pero, más allá de tener que echarse un tanto hacia atrás al caminar, no ha experimentado mayores contratiempos.
Tiene cuanto ha deseado: vive su propia vida, dirige su propia casa, tiene al lado a quien ama y pronto vendrá un hijo de ambos. Nunca en la vida había sido más feliz y plena.
Mendoza y sus gentes no resultan indiferentes a ese estado de feliz plenitud. Su recepción en la sociedad no pudo ser mejor. Ríe para sí. Su madre se horrorizaría de saber que usa el mismo vestido todo el día, que toma parte en las labores de la casa, tal como en ese examen de los frutales, o que entra a diario en el cuarto de los fuegos y las cocinas.
Mujer de carácter su madre. Tomasa Francisca de la Quintana y Aoiz no disimuló nunca su disconformidad con el hombre que eligió para casarse, al que chuza aun por carta y a la distancia. «Ese soldadote», como le dice.
Doña Tomasa prefería a su anterior prometido, Gervasio Dorna, porteño de buena familia e inmejorables prospectos. Pero, luego de conocer a José, todo sentimiento en Remedios por él pareció desaparecer. Aun con el compromiso de esponsales realizado, todo se deshizo y pronto fue otro el prometido.
Fue un lance atrevido el suyo, que dio que hablar en su momento, aunque por lo bajo. Pero no ha podido evitar nada respecto de ese hombre en uniforme que escribe, ventana de por medio, en el escritorio que usa para despachar sus asuntos cuando está en la casa. Desde la primera vez que lo vio en una tertulia de los Altos de Escalada, el caserón majestuoso de sus padres en Buenos Aires, no pudo quitarlo de su alma. Nunca nadie la había sacudido como él con esa primera mirada. A José le pasó igual.
Por eso mismo, sabe que es una privilegiada por haber podido, siendo mujer, decidir su destino. Pero no quiere dejar allí las cosas. Busca que sea derecho de todas, y no suerte de algunas.
Para su fortuna, su marido tiene bastante buen concepto de la capacidad de las mujeres para lidiar con su vida, algo poco común entre los hombres, pero más que bienvenido para ella.
Observa, una vez más, a ese hombre moreno enfrascado en sus escritos, que tiene capturado su espíritu desde hace larga data. Por primera vez en mucho tiempo pueden estar juntos. Quiere que siga así, como están, pero la revolución que lo ha mantenido muchas veces lejos de ella pronto va a reclamarlo de nuevo.
La providencia la ha unido a ese hombre tan particular de un modo que nunca había podido imaginar. No solo es amor, se admiran mutuamente: cada uno ve en las otras cosas que los hacen sentirse orgullosos de tenerse en su vida. Tampoco termina en eso: piensan igual en muchos asuntos, empezando por la revolución misma, y siguiendo con la necesidad de remontar la adversidad del momento y hacerla triunfar, a todo trance y a todo costo. Por eso, tiene la pena anticipada por perderlo en breve. Otra vez más… Si pudiera hacer eterno ese tiempo cuyano, lo haría. Pero no es posible: pronto esa expedición lo quitará de su lado.
Siente entonces, de nuevo, la presión en su piel. Aun antes de nacer, alguien sabe hacerse notar.
—Sí, bebé —dice mientras frota de nuevo la mano sobre la tela de su vestido—. Vamos a rescatar a tu padre de sus deberes.
Según el autor…
«Vientos de Libertad es una historia de amor, deber y traición en el marco de la epopeya del cruce de los Andes. Situada entre junio de 1816 a febrero de 1817, cuando aún no se había iniciado la travesía, pero ya a uno y otro lado de la cordillera se desarrollaba una intensa guerra de espías para saber, desde el lado realista, y ocultarlo desde el patriota, por donde se haría el cruce. Una mujer tan bella como sagaz, Sebastiana, cruzará desde Chile aprovechando su amistad con Remedios de Escalada para obtener tal información, a fin de hacer fracasar la empresa. A ella va a oponérsele, con igual ahínco, un oficial de granaderos, mutilado de guerra, encargado de lidiar con los espías realistas, para impedírselo.
La pulsión de deseo y el peso del deber por cumplir, hará de la relación entre Sebastiana Núñez Gálvez y Justo Ferro, un ida y vuelta de atracción y rechazo, con permanente fricción, poniéndolos de continuo en graves peligros», narra Luis Carranza Torres en relación a esta novela que tiene todos los condimentos necesarios para atrapar al lector.