#LecturasdeVerano: Graciela Bialet

Para esta semana, la escritora cordobesa, referente en literatura infantil y juvenil nos regala un fragmento de «Panza llena», su último libro publicado en 2025. Una bellísima historia que continúa con aquel éxito que fue «El jamón del sánguche».

«Una hoja flota en el río. Está sola. No importa si la arrojó el viento junto con otras hojas. 

En el agua hay miles de cosas. Palos, piedras, arena, un pote de esmalte, un manojo de cabellos, mojarritas, gusanos. Pero esa hoja navega sola. Campea su propio remolino.

Una oleada inesperada la asalta. La hojita se dobla. Hace un colosal esfuerzo por no quebrarse. Es frágil en el agua, no como cuando estaba prendida en su rama y pintaba orgulloso verde frente a lluvias, soles y moscardones. 

Endeble gira, siguiendo la corriente y trata de no caer en picada. Sabe que en el lecho del río, el barro ahogará sus pocas posibilidades y la reciclará en algo desconocido. Lo aprendió al ver sucumbir a otras, ¡tantas veces! Desde su árbol, miraba la osada vida de las hojas que se lanzaban a la correntada por cuenta propia y bailaban entre los graciosos copetes de las olas desdibujando los caminos del sol.

Esta hoja, en cambio, cayó sin darse cuenta, como si hubiese tropezado, con inocencia, o quizás creyendo que resistiría el temporal, fantaseando un atrevido rumbo que la dejaría en otro puerto. 

Cayó y está sola entre otras soledades. Percibe su propia maldición de silencio, su indeterminado ciclón de dudas, su agujero de desolación donde no cabe más melancolía… ni siquiera la de la sonrisa prometida enredándose en el muro de la hiedra».

¿De qué va la novela?

Marianella no sabe qué hacer. Tiene un embarazo inesperado, un contexto familiar difícil y un novio inseguro. Pero el verdadero problema es que tiene apenas 15 años. Escapar a un pueblo perdido parece la salida perfecta… hasta que descubre que no se puede huir de uno mismo. Mientras su panza crece, también crecen su pasión por la cocina , sus seguidores en redes sociales, sus desastres domésticos y, sobre todo, los aliados que encuentra en el camino. La joven está a punto de descubrir, entre sospechas y revelaciones de infancias vulneradas que, si no existen recetas, siempre se puede inventar una.

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