
En «La piel del tambor», Arturo Pérez-Reverte plantea tras la apariencia de una novela de misterio una profunda reflexión sobre la fe y las diferentes formas que esta adopta.
El argumento parte de la acción de un hacker, que logra introducirse en la compleja red del Vaticano y dejar un mensaje en el ordenador personal del Santo Padre. Esta intromisión y lo que denuncia en su mensaje ponen en alerta a los Servicios de Información del Vaticano.
Por su parte, Lorenzo Quart, un jesuita de mediana edad, es destacado a Sevilla para informar sobre lo que está sucediendo y descubrir al pirata informático. Es una misión fácil para un hombre de su experiencia, pero al ir contactando con los diversos actores del drama (que ya ha causado dos muertes) y sus distintas motivaciones, se va sintiendo cada vez más implicado. Su propia fortaleza se va resintiendo a medida que comprende la implicación que la vieja iglesia, por distintos motivos, tiene en la vida de las personas relacionadas con ella. Y cuando decide aceptar su derrota y marcharse, una nueva muerte, la de un periodista que encarna todos los vicios de su profesión, y que a diferencia de las anteriores no parece fortuita, le obliga a quedarse.
La intriga de la trama capta rápidamente el interés del lector. Pero sin dudas, más allá del impecable escenario de misterio, la riqueza de este libro reside en los pensamientos y reflexiones que constituyen su valor más apreciable.