“La investigación para esta novela fue muy enriquecedora”

Mariela Giménez acaba de publicar “El retorno de las niñas perdidas”, una novela que pone su mirada en la historia de una inmigrante somalí que vive en Marsella. A medio camino entre el policial y el género romántico, la escritora aborda profundas problemáticas sociales.

Mariela Giménez es de esas autoras que de la mano del amor se atreven a explorar temas complejos y profundos como el duelo, las adicciones, la violencia de género o la búsqueda de la identidad. Recientemente acaba de publicar con el sello VeRa “El retorno de las niñas perdidas”, una novela que tiene como escenario a Marsella y cuya protagonista es Fátima, una inmigrante somalí que pese a su dura historia de vida busca la manera de salir adelante y ayudar a otras personas en situación de vulnerabilidad.

Fátima irradia fuerza, amor y valentía. Es una sobreviviente que, debe volver a los “lugares oscuros” del pasado para salvar a otras. Así, a medio camino entre el policial, el romance y el drama social, Mariela construye un gran relato que inspira y nos obliga a descubrir los tantos mundos que conviven en un mismo mundo.

La autora –que hace dos años reside fuera del país- volvió a la Argentina para participar de la Feria del Libro de Buenos Aires. El reencuentro con sus lectoras, los desafíos literarios y el compromiso social a través de la palabra, marcaron el lanzamiento de “El retorno de las niñas perdidas”.

-¿Qué te motivó a escribir «El retorno de las niñas perdidas?

-Creo que la idea se gestó mucho antes de que me diera cuenta. Porque cuando empecé a trabajar en la novela “Entre senderos de lavanda” y quise situarla en Francia, en Marsella, me enamoré de esa ciudad.

En aquel momento me había impresionado esa Marsella portuaria, cultural y con tantos inmigrantes. Esa idea de poder contar lo que sucede con la gente que queda al margen de la legalidad me parecía por demás interesante. Quería darle voz a esas personas.

Por otra parte,  siempre tuve el desafío y el deseo de escribir un policial con el marco del romance, y estoy muy feliz con el resultado.

– ¿Cómo fue el proceso para construir un personaje como Fátima?

-El proceso de construir a un personaje como Fátima fue sobre todo un aprendizaje. Porque es un personaje que se aleja muchísimo de mi realidad. Ella es una inmigrante somalí que está viviendo hace un poco más de 20 años en Marsella pero la circunstancia de su llegada es muy trágica, porque viene de un entorno de lucha de clanes, de guerra civil; ella escapa del hogar que se supone que debería ser un su refugio. Todo eso es una realidad muy externa a mí, por eso digo que fue un aprendizaje muy grande construirla desde un lugar sensible.

Fátima tiene un gran deseo de paz, la lucha que debe emprender es accidental porque sus circunstancias la llevan a tener que ayudar a otras mujeres con marcas con las que se siente identificada y eso me parece de una valentía absoluta. Porque no hay valentía más grande que ir contra los propios miedos. Aprendí mucho de ella.

-¿Cómo fue el proceso de investigación para darle forma a la historia y sobre todo a las características de una persona que sobrevive a situaciones extremas?

-El proceso fue muy interesante y sorprendente. Fue descubrir cuantos mundos hay dentro del mundo y que tan poco nos llega sobre personas y circunstancias determinadas. Mirar esas circunstancias nos ayuda a poner en perspectiva nuestra propia realidad. Fue comprender un poco más de lo que sucede en esa zona de conflicto, en Somalia, que es de donde proviene Fátima. No fue sencillo ponerme en su piel, en sus zapatos, porque la verdad es que una persona que proviene de ese tipo de conflictos lleva sus marcas para toda la vida. Pero eso también te hace mirar tu realidad desde otra perspectiva. Hacer esta investigación me cambió la vida. Ver que hay gente que pese a atravesar circunstancias horribles busca la manera de seguir adelante, fue algo que me modificó.

La investigación me llevó dos años y medio. Y junto a eso fui haciendo otras investigaciones paralelas, porque Fátima tiene VIH y fue para mí muy importante y comprometido poder transmitir con la mayor exactitud posible cómo es convivir con el virus, tratar de tener una vida plena con una enfermedad en la que hay muchos avances pero en la que todavía hay mucho por hacer.

Sin dudas fue una investigación muy enriquecedora.

-¿Cómo juega aquello de «volver» a esos sitios oscuros o complicados de nuestro pasado?

-Una pregunta muy interesante y muy profunda. Porque a veces uno cree que la respuesta para seguir adelante es dejar atrás todo lo que nos ha lastimado en algún momento de la vida, pero eso forma parte de quienes somos, de nuestra propia historia. Y en tanto uno puede incorporar todas las facetas de uno mismo, es que entonces logra el verdadero proceso de superación. Volver a integrar todas esas partes es un desafío, volver a sitios oscuros es la única forma de encontrar la luz en cada uno de nosotros. 

-¿Hay amor en esta novela? ¿Por dónde va esa línea de la historia?

-Siempre va a haber amor en mis novelas, porque como te decía antes el género romántico es con el que me identifico, hoy más que nunca porque creo que hemos sabido transformarnos y ser reflejo de lo que estamos viviendo, pensando y de las preguntas que nos hacemos. Puedo ver el crecimiento que estamos teniendo todos los que nos ponemos la bandera de este género a cuestas.

En mis libros siempre va a haber amor porque creo que es el sentimiento más importante que tenemos como seres humanos. Y en esta novela no solo hay amor de parejas, sino amor de mujeres que se interesan las unas por las otras, amor entre hombres que quieren acompañar y  hacer justicia, hay amor a la profesión, a la vocación, a una ciudad, a un contexto… Y sobre todo hay amor a una causa. Fátima cree que tiene una misión. Hay una frase con la que se van a encontrar a lo largo de la historia y es que la única forma de devolver todo el bien que hacen por nosotros es hacer eso mismo por alguien más.

-Hace ya un tiempo que no vivís en Argentina, ¿eso modificó tu creatividad, producción, temas a abordar, estilo?

-Seguramente, no lo sé todavía. Aún estoy viviendo mi propio proceso migratorio. Es la primera vez que vuelvo al país después de dos años y medio y ha sido una experiencia esclarecedora en más de un sentido. Creo que lo más importante no son las raíces que plantamos en la tierra, son las que nos llevamos con nosotros. Nos llevamos a cada persona que conocemos, a cada historia que escuchamos y eso para mí ha sido maravilloso en este viaje.

-¿Cómo fue ese reencuentro con tu público en la Feria del Libro de Buenos Aires?

-Muy esperado.Tuvimos dos años sin feria y para quienes leemos y escribimos ese es nuestro punto de encuentro. Se notó en la concurrencia, en la calidez de los abrazos, en la sonrisas… Cuando no la tuvimos la extrañamos, y yo tuve el privilegio de estar en esta Feria del regreso. También me fascinó descubrir que fue la Feria de los chicos, porque vi a tantos adolescentes interesados por los libros, enseñándonos sobre lo que quieren leer, sobre lo que están buscando, sobre aquello que los conmueve e inspira… Eso tiene que ser una señal para los adultos.

-Para cerrar, ¿con qué se va a encontrar el lector de «El retorno de las niñas perdidas»?

-Se van a encontrar con una historia conmovedora. Es un policial contemporáneo con una historia de amor muy amplia y enriquecedora. Se van a encontrar con un sueño, el sueño de que cada uno de nosotros, desde el lugar que nos toca, podamos comprometernos con el otro. Ese es el secreto para que tengamos el mundo justo que nos merecemos.

Fernanda Pérez

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