La Corresponsal: Retazos de la vida a través de cartas 

La novela de Virginia Evans se construye sutilmente. Hay un juego estratégico y magnético que atrapa al lector.  
El género epistolar es el elegido para revelarnos a Sybil,un personaje encantador con fisuras sutiles pero lo suficientemente significativas para dar vida a un relato vibrante y genuino. 

Por Fer Pérez

En épocas atravesadas por la velocidad y la inmediatez, Virginia Evans elige para su novela “La corresponsal” el género epistolar. Aquí hay cartas escritas a mano (también algunos mails). Cartas que van y vienen. Cartas que tienen como destinatarios a familiares, amigos, vecinos e incluso a algunos de los escritores favoritos de la protagonista.  

Sybill tiene 73 años, al parecer ha tenido una buena vida: trabajó para un juez reconocido; se desarrolló exitosamente a nivel profesional;  tuvo hijos; tiene nietos; cuenta con amigos de diversas edades; se escribe con su ex cuñada a la que la une una amistad antigua; se adora con su hermano; mantiene el humor y el deseo intacto con vecinos y conocidos. Es curiosa, solidaria y sobre todo una gran lectora, por eso que también le envía cartas a sus  escritores favoritos (los cruces con Joan Didion son fascinantes). 

Pero Sybil también tiene imperceptibles  fisuras que resguardan sus dolores, contradicciones y culpas. De esta manera, las cartas funcionan como piezas de un rompecabezas en las que el lector va uniendo voces, relatos, vínculos  y personajes. De pronto emerge un universo con todo lo que se narra, pero también con lo que no se dice. Aquí lo que se cuenta, lo que se sugiere y lo que se calla, son caras de una misma historia. 

Promediando la novela aparecen dos hechos que tensionan la historia. En primer lugar Sybil perdió a uno de sus hijos de manera trágica. A partir de allí algo se rompió en ella, y esa rotura marcó el vínculo con sus otros dos hijos y su ex marido. Por otra parte, notas anónimas la enfrentan a deudas del pasado.  

Entre sus escritos hay algunos que no tienen destinatario, y es en esos textos donde se trasluce otra Sybil, la íntima, la solitaria, la que guarda lo indecible.  

La protagonista es también una mujer de carácter lúcida y divertida, pese a que está por perder lo más preciado de su vida: la visión. Lo más fascinante del texto es que aún ante hechos dolorosos nunca pierde ese clima vibrante y luminoso. El drama se cuenta desde un lugar en el que es posible encontrar la sonrisa y hasta la belleza inesperada en los momentos difíciles. 

Es una historia que habla de los errores, de esas culpas que nos persiguen y que con el paso del tiempo estamos obligados a saldar. Habla de la otra maternidad, la que poco tiene que ver con la idea romántica del rol. Habla sobre el disfrute y el deseo en la tercera edad; del poder de los vínculos más allá de las edades, las religiones y las razas; habla de la a amistad y la pasión por los libros; habla de la orfandad y de las familias que llegan para quedarse; habla de las segundas oportunidades y habla del poder de la ternura.  

En cada carta Sybil despliega roles diferentes, Descubrimos facetas particulares de una protagonista que nunca pierde su personalidad optimista y, por momentos, hilarante.  

“La corresponsal” es una novela que requiere paciencia, tal como escribir o leer una carta escrita a mano. Su ritmo sereno parece encajar perfectamente con la etapa de la vida que atraviesa la protagonista. Es una novela llena de detalles exquisitos, simples y profundos. Es un relato poco pretensioso que convence y emociona. 


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