La escritora cuenta cómo nació su nueva novela que presentará este sábado 23 de agosto a las 17 en el Museo de las Mujeres. Además comparte un fragmento de esta historia que rescata el universo de las adolescencias y juventudes vulnerables y de aquellos que buscan ayudarlos a construir un futuro posible. Como bien lo indica la portada “una novela para sanar las heridas invisibles”
Por Fernanda Pérez
Este libro nació de la mano de un cuento. Ese cuento nació a partir de una experiencia laboral de casi tres años en una residencia para madres adolescentes donde dicté un taller literario. Me costaba entender las dinámicas, los altibajos emocionales, el modo que tenían las chicas de vincularse con el mundo. Pero me armé de paciencia y sostuve el espacio. No era un taller literario convencional, era más bien un refugio en el que la palabra oral o escrita se volvía una forma de exorcizar miedos y dolores. Fue un periodo lleno de aprendizajes. Aprendí a escuchar, a no juzgar, a tratar de entender, a empatizar, a desarrollar la paciencia y la observancia… Cuando el proceso llegó a su fin tuve más preguntas que respuestas, y de esas preguntas nació un relato al que llamé “Karen”. Esa Karen, que no representa a una persona en particular sino más bien funciona como una voz colectiva que da cuenta de las tantas chicas y chicos vulnerados, pero también de aquellos que trabajan para encontrar una pequeña salida. Tiempo después, desde la misma secretaría me llamaron para realizar contenidos periodísticos. Entonces ese submundo se amplió. Adolescencias, infancias e incluso jóvenes en conflicto con la ley penal, como así también mucha gente profesional y comprometida se volvieron materia prima de mis textos informativos. Sus relatos, sus acciones, sus gestos, quedaron en una especie de bagaje al que acudí —casi de manera inconsciente— una y otra vez para dar vida a esta novela. Podría nombrarlos uno a uno, aunque sería ingrato porque seguramente alguien quedaría afuera. Incluso es probable que no sepan nunca que sus conocimientos y vivencias llenaron mi ser de voces… Voces que me cohabitaron con persistencia y que un día salieron y encontraron en la literatura un camino posible. En estas páginas no hay historias verídicas, todo es ficción inspirada en “lo visto y oído”. Aquí solo hay una cronista/escritora que decidió hacer uso de su oficio para darles voz a personas simples, rotas y valientes. A esos héroes cotidianos de los que poco se sabe. E incluso a eso antihéroes que, pese a sus malas decisiones, merecen una oportunidad.
Escribir esta novela fue algo más que un proceso de escritura, y espero que el leerla también sea una experiencia inspiradora. Como siempre digo, un libro es poderoso cuando nos impulsa a hablar más de nosotros mismos que de la historia en sí.
En tiempos de tanto odio y destrato, en especial hacia los más débiles, este relato invita a volver a creer en la humanidad y en el valor supremo del amor y la empatía.
Para empezar a leer
Este fragmento hace foco en Greta, uno de mis personajes favoritos.
“Mientras toma el primer café de la mañana, Greta piensa en su jubilación.
Casi cuatro años le faltan… Una eternidad. Por momentos le gustaría jubilarse ya. Pero luego siente cierta pavura: ¿qué sería de su vida sin esa cotidianeidad del trabajo? Cuando la llamaron para el puesto en la residencia de niñas y niños sin cuidados parentales se sintió feliz. Estaba convencida de que todavía se podía cambiar el mundo. Y la verdad es que en los primeros tiempos vivía con esa esperanza a flor de piel. Por aquel entonces tenía 33 años, fue cuando nació Francisco. Fue cuando con Roberto, su esposo, hicieron la casa de sus sueños. Cinco años después llegó Daniela, la segunda hija. Todo parecía tan perfecto… Pero en un momento las cosas empezaron a desmoronarse. No recuerda con exactitud cuándo ni cómo. Tampoco recuerda si comenzaron primero en su hogar o en el trabajo. Tal vez se dieron de manera paralela.
Cuando rondaba los 50, las residencias ya eran un pequeño infierno: todas las redes familiares y de contención estaban rotas. Las drogas, la pobreza, la deserción escolar, la falta de proyectos de vida y la violencia hacían estragos. La burocracia olvidaba a los pibes y las pibas en esos lugares… Tampoco el suyo ya era un hogar. Francisco había empezado con consumos problemáticos y eso lo había minado todo.
Sus últimos años fueron cuesta abajo: Roberto se marchó de casa y se llevó a Daniela. Su sentencia fue clara: “O nos salvamos los tres, o nos hundimos los cuatro”. Ella eligió quedarse. Amaba a Roberto, amaba a Daniela, pero sabía que sobrevivirían. En cambio estaba segura de que Francisco no. Si ella se iba, si lo abandonaba, se hundiría para siempre. Y no estaba preparada para verlo destruido o muerto.
Dos años así… No entiende cómo no se ha enfermado aún. Y encima ese trabajo, esa residencia de chicas que viven al borde de todas las emociones extremas. Se les pasa la vida en relaciones de mierda, abusos, consumos, peleas, causas judiciales, psicólogas que no aciertan y otros tantos problemas de salud que no solucionan y tal vez no solucionen nunca. A veces cree que ninguna va a salir adelante. La directora de la residencia suele decir “Acá se salva una de cien”. Una cifra estremecedora, pero no por eso desacertada.
Lo que sí le gusta de su trabajo son los bebés y los niños. Allí todavía se preserva la ternura, la inocencia. Ella los cuida cuando sus madres salen a sus turnos o actividades. Greta les sonríe, los abraza y está pendiente de sus medicaciones, de sus vacunas, de su bienestar. Reprende a las chicas cuando los maltratan o les levantan la mano. Les dice que son chiquitos, que deben ser cuidadosas. Y de pronto ve en sus miradas la marca de esas violencias que han sido naturalizadas. Su objetivo es ayudarlas y enseñarles a ser mamás. Pero algunas son unas niñas. ¿Puede una niña-madre maternar?
Escucha una pelea en el comedor. Está por intervenir cuando le suena el celular. No hace falta que vea el nombre. Sabe quién es. Cada vez que suena sabe quién es: ¿Qué pasa ahora, Fran?”
Para agendar
“Instrucciones para salvar un corazón” se presentará el sábado 23 de agosto a las 17H en el Museo de las Mujeres (Rivera Indarte 55). La autora dialogará con la periodista Brenda Petrone de La Voz del Interior. La intervención artíctica contará con lecturas de la autora junto a Marcelo Barrios, música de José y Octavio Páz, y danza a cargo de Alma Vinyals.
Una muy buena oportunidad para celebrar con anticipación el día del lector, a través de esta propuesta producida por Babilonia Literaria.