Con su habitual narrativa poética, aquella que los lectores ya han descubierto en sus novelas “Contigo en la distancia”, “El dueño del río” y “La otra de mí”, Marcela Alluz se presenta en primera persona en Babilonia Literaria.

“Habrá maneras más eficientes de caminar la vida, a mí sólo me sale contándola. Me vendrá tal vez el aire de un narrador de historias como mi padre o el vestido que siempre me han prestado las palabras para usarlas de semblante. Yo sólo sé que soy más buena cuando escribo y que es ese estado de gracia, que me bendice cuando dibujo palabras, el sitio donde me quedaría para siempre.
A mí las letras me han permitido ser otra además de esta mujer oscura que soy a veces, me han dejado decir en voz de un personaje verdades que no le confesaría ni a mi terapeuta. He sido la Isabel errática de Contigo en la distancia, la Ana inmensa de El dueño del río y la Helena demencial de La otra de mí. He tenido hijos buenos y de los otros. Amantes bellos y delirados. He sido amada por mis amores imposibles y he dibujado a mi madre con los colores que le han faltado a mi infancia. He podido dolerme en las ficciones todas aquellas lágrimas que me he tragado mientras vivía demasiado ocupada en ser yo misma.
Por eso escribo cuando escribo, para hacer un síntoma en cada historia y salir, ilesa y viva, al borde de la cura, de cada uno de los abismos en los que me arrojo cuando empiezo una novela”.
Datos de la autora
Marcela Alluz nació en Santiago del Estero un 13 de enero de 1971. Pasó su infancia y adolescencia en esa ciudad que la marcó profundamente e inspiró dos de sus novelas. Desde 1994 vive en Córdoba. Sus novelas: “Contigo en la distancia” (Ed. del Boulevard) y “El dueño del río” (Ed. Como pez en el cielo), vuelven al paisaje de su Santiago desde la palabra de una mujer que no olvida casi nada.
Su última novela “La otra de mí” (Ed. Autoria) aborda la historia de una mujer, un discurso piel adentro que va diciendo en voz baja todo aquello a lo que se le niega el sonido. “La Otra de mí” es un relato de una mujer que se llama Helena, que tiene la pena larga como los abandonos y la risa dislocada de los que no tienen miedo.
Estudió, se casó, se divorció, se volvió a casar.
Actualmente escribe, trabaja como Psicopedagoga, cría cinco hijos, sueña, hace malabares y también escucha música.
Entre tantas otras cosas.
