Hoy leemos… «Los llanos»

ENERO

En la ciudad se pierde la noción de las horas del día, del paso del tiempo.

En el campo es imposible.

Los ruidos del atardecer, los pájaros mientras se acomodan en sus ramas, los gritos de las loras, el chillar de los chimanguitos, el batir de alas de las palomas. Después, de pronto, calma y silencio. Se oye orinar a una vaca, un chorro grueso que repiquetea en la tierra. Otra vaca muge, lejos. El llamado de un toro, más lejano todavía. Los ladridos de algunos perros. El cielo de una noche sin luna, sin estrellas. Es hora de irse adentro. La luz blanca del zumbar del fluorescente. Preparo la cena, me doy un baño. El agua borra el sudor del día, olor a jabón barato, a limpio. Por más que me esfuerce, debajo de las uñas quedan pequeños grumos de tierra negra. Leo sentado junto a la lámpara, los bichos zumban del otro lado del tejido mosquitero.

Sapos en la galería, algún pájaro que se remueve en su rama, un tero que grita.

 

Afuera todo es oscuro y sin formas. La luz es cálida y suave en la cocina. En la quietud, una sensación de protección, de refugio. El ronronear del motor de la heladera.

 

Refresca. El silencio en la madrugada es al mismo tiempo denso y cristalino. Nada se mueve, no hay viento. Es un silencio total. No se escuchan autos, ni torear a ningún perro. Lo único, a veces, es el golpear en la tierra de las pezuñas de alguna vaca, que se acomoda y cambia de pata el peso de su cuerpo.

 

Parece un bloque el silencio. Si hay algo que se mueve lo hace con sigilo, con tanta prudencia que es imposible escucharlo, repta, se arrastra, escarba, cuida cada uno de sus movimientos.

 

Sobre el autor (y la obra)

Recientemente distinguida como la Mejor Novela publicada en 2021 por el premio Fundación MEDIFE FILBA, esta obra representa, entre otras cosas, el crecimiento exponencial que ha tenido su autor (cordobés) en los últimos años.

Oriundo de General Cabrera, Federico Falco hace años que viene pisando fuerte y avanzando con voz propia en el panorama literario internacional (comenzó publicando en sellos como Nudista, para luego llegar a editoriales nacionales e internacionales) narrando historias mínimas y con personajes característicos de tierra adentro o de ciudades donde el sistema lo devora todo.

Federico Falco siempre parece mirar hacia adentro, aunque al mismo tiempo está en el afuera eso que quiere contar.

En “Los llanos”, también obra finalista del premio Herralde, un hombre alejado de todo y de todos, escribe y recorre el por qué de su aquí y ahora. Y para hacerlo, debe mirar inevitablemente hacia atrás. Al mismo tiempo, construye una huerta. Comienza en enero pero la trama se desarrolla en varios meses y estaciones, mientras tanto él observa, cosecha, recuerda y escribe.

Florencia Vercellone

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