Autora referencial del género histórico, Mabel Pagano expone a los lectores su universo literario.
Sus novelas, sus libros para niños y jóvenes, su editorial digital y sus próximos proyectos forman parte de esta entrevista que la tiene como protagonista.

Es porteña hasta la médula pero su corazón se ha dejado conquistar por las tierras cordobesas. Trabaja en Buenos Aires pero muchas de sus creaciones son editadas por sellos locales. Así, con una carrera literaria que se extiende por todo el país, Mabel Pagano es sin dudas una de las novelistas más referenciales del género histórico.
A través de sus libros los lectores hemos descubierto a mujeres inolvidables como Luisa Martel de los Ríos, Manuela Sáenz, Elisa Lynch y Eva Perón, por nombrar solo algunas. Además, también tuvo la audacia de escribir para niños y jóvenes con el objetivo de acercarlos, desde la literatura, al pasado. Pero sus búsquedas siguen, por lo que hace algún tiempo abordó el desafío de llevar adelante una editorial digital.
Mabel Pagano, respetada y querida en el mundo de las letras, es la entrevistada de esta semana de Babilonia Literaria.
-En la actualidad hay una especie de «boom» de novelas que abordan cuestiones históricas, sin embargo vos sos una pionera de este género. ¿Qué te impulsó a escribir este tipo de relatos?
-Todo comenzó cuando estaba escribiendo mi biografía novelada sobre la vida de Eva Perón, “Eterna” (año 1980). En ese momento Dios puso en mi camino al jesuita Hernán Benítez, que había sido su confesor. Terminado ese libro, continuamos con el padre una amistad que perduró hasta su muerte. En uno de nuestros encuentros, yo iba a almorzar a su casa, al menos, un sábado al mes, él me habló de Lorenza Reynafé. Imitando a Borges, dije, perdón por mi ignorancia, pero no conozco a esa señora. Él era cordobés, nacido en pleno centro de la capital, pero su familia tenía campos en la zona de Tulumba, donde pasó los veranos de su niñez y adolescencia, hasta que ingresó al seminario, así que me habló de esa admirable mujer, de su vida, de su familia y, naturalmente, de la tragedia de Barranca Yaco, donde perdió la vida Facundo Quiroga. Me contó algunas anécdotas tan seductoras que me enamoré del personaje. Por ejemplo, que Lorenza inició una demanda a uno de sus primos que, despechado al ver rechazada su propuesta matrimonial, la difamó diciendo que ella iba a la Capital no a estudiar, como efectivamente era, sino a encontrarse con un amante. Que una mujer, en el año 1818 le hiciera un juicio a un hombre para defender su honor, y se lo ganara, merecía un libro. Después, también por intermedio del padre, apareció Luisa Martel de los Ríos, la esposa del fundador don Jerónimo Luis de Cabrera y escribí “Malaventura”. A partir de esas novelas, ya no me aparté del género histórico y tengo mis motivos. A pesar haber vivido bastante, hay ciertos idealismos que conservo, especialmente cuando escribo. La fidelidad, el amor para siempre y a pesar de todo, la espera infinita, el heroísmo, la pasión por la Patria y la lealtad, son valores difíciles de encontrar ahora. En cambio, están presentes en ese pasado que yo rescato. Además, leyendo e investigando, descubrí muchas mujeres, Clara Oliva, Martina Chapanay, Elisa Lynch, Manuela Sáenz, Saturnina Rodríguez Montenegro (Madre Catalina de María), dignas de que se las conozca. Por eso las he transformado en mis heroínas.
– ¿Cuáles son los parámetros que te llevan a elegir qué contexto, hecho o personaje merece ser llevado al plano literario?
-Mis personajes son seres humanos que se equivocan, claro, como todo el mundo, que cometen errores, pero que no por eso olvidan la ética, el heroísmo, los valores eternos, la fe y el idealismo. Y que, aún dentro de sus falencias, pelean por defender los principios en los que creen.
– De los personajes sobre los que escribiste, ¿cuál o cuáles fueron los que más te conmovieron o te enamoraron?
-Cada uno de sus personajes me enamoró por sus características morales y espirituales. Lorenza por su sentido del deber, por el amor a su familia, por la valentía de haber enfrentado a una sociedad para defender a sus hermanos, por su sentido de familia que la llevó a renunciar, repetidamente, al amor, en pos de llevar adelante a los suyos, de apoyarlos, de estar siempre a su lado, comprendiendo sin juzgar. Clara Oliva, por su amor absoluto a Pancho Reynafé, esa lealtad que nunca declinó y que la hizo esperar más allá del imposible, en medio de la soledad y el dolor, a un hombre que nunca iba a volver, porque la muerte se lo había llevado. Martina Chapanay, la montonera, por su coraje, su valentía, su arrojo y su patriotismo, que la hicieron combatir siempre, en la primera línea de batalla, por su provincia, a las órdenes del caudillo que levantara la bandera en defensa de San Juan. Elisa Lynch por haberse jugado hasta el fin, acompañando a Francisco Solano López y su epopeya suicida en la Guerra de la Triple Alianza. Por las mismas razones, a Manuela Sáenz, que conservó hasta sus últimos días todos los papeles de Simón Bolívar para poder reconstruir la historia del héroe, de la que, curiosa e injustamente, ella quedó afuera. Y a Saturnina Rodríguez Montenegro, la Madre Catalina de María, por esa fe inquebrantable que la llevó a cumplir su sueño de profesar primero y luego, a fundar la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón, que nació en Córdoba y se expandió por todo el país y buena parte de América.
– También escribís para el público infantil, ¿qué diferentes hay a la hora de narrar para los niños en relación al relato para adultos?
-Bueno, en la literatura infantil, entiendo que el lenguaje debe ser más directo, más sencillo. Contar una anécdota que conmueva, que interese, que emocione, sobre todo que entretenga, sin demasiada retórica. Con la literatura para adultos, uno puede recurrir a la metáfora, dejar cabos sueltos que recogerá después, plantear incógnitas, usar algunos subterfugios que desconcierten y dejar finales abiertos, sujetos a la imaginación de cada lector.
-También tenés una editorial digital, ¿qué te llevó a trabajar en ese proyecto?
-En realidad, no se me ocurrió a mí la idea, sino a una amiga, también escritora, María Celia Quiroga, que siempre soñó con tener una editorial. Visto los inconvenientes que tiene fundar, poner en marcha y, sobre todo, mantener, un emprendimiento de este tipo, en su manera tradicional, pensó que esta otra, la digital, era el camino más viable para lograr lo que quería. Me propuso secundarla y bueno… aquí estamos, con Sopa de Letras instalándose en el mercado editorial digital. Dos concursos de cuentos ya realizados, la antología de los premios del primero publicada el año pasado y en preparación de la salida de esta nueva antología con los recientemente premiados. Una experiencia interesante.
– ¿En qué han cambiado los libros y editoriales digitales a la industria literaria?
-El cambio todavía no se visualiza bien a nivel masivo. Entre los jóvenes sí, pero la gente más grande se resiste un poco al cambio. Aunque las editoras tradicionales tienen todas su rama digital. No pueden sustraerse a lo que marcan los nuevos tiempos. Hay grandes ventajas, los libros tienen un costo mucho menor, llegan a todo el mundo, siempre están “on line” y la manera que tiene el autor de controlar las ventas, programa mediante, son más eficaces. De todas maneras, creo que todavía falta andar un poco para que esta metodología se imponga totalmente. Pero, sin dudas, el futuro está ahí.
– ¿Estás trabajando en algún proyecto nuevo?
– Sí, tengo avanzada la escritura de una novela para adolescentes. Se llama “El pasajero del tiempo” y narra la historia de un joven de quince años que va despertando en distintas épocas de la Historia. Continúo en mi línea. La Historia, los sucesos del pasado, los grandes personajes siguen guiando mi producción. Más allá de los devenires, desencuentros y desengaños del presente, la obra continúa. Eso sí, lejos del “boom”. La pasión no se resigna, no se entrega, no se negocia.