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Críticas y comentarios: “Mudar el habla” de Griselda Gómez

 

 

Hoy nos convoca la poesía, ese decir que sintetiza y devela como pocos el alma humana y su entorno. Un género construido en soledad y que jamás ocupa los top ten de los títulos más vendidos, pero que yace allí como un grito que moviliza y que se hace necesario para despertar del letargo.

 

Entre los tantos libros de poetas cordobeses rescatamos “Mudar el habla”, de la autora y periodista Griselda Gómez.

 

Publicado a fines del año pasado por el sello Narvaja Editor, este es un material que bien puede funcionar bajo el concepto de libro objeto. Pequeño, delicado, con una obra de arte diminuta en su tapa y un círculo negro que pareciera jugar con la idea de que en nuestras manos hay una mirilla que invita a espiar. La curiosidad se nos torna inevitable. Entonces miramos, indagamos y buceamos…

 “Mudar…”, es un concepto que nos refiere cambios, traslados, movimiento. “La palabra no puede con las venas” afirma Gómez en uno de los versos que abren este primer apartado. Y desde ese lugar desgrana –con infinidad de tonos y sonoridades- sensaciones, percepciones, críticas y dolores.

 

Para quienes hemos leído su obra anterior “Andalucía Nueva Ignara”, pueden trazarse ciertos paralelismos. En aquella la autora era una decidora del territorio urbano, ahora ese territorio es su propio cuerpo. Es ella misma quien se “inmola” y “nada calla”.

 

Ya en el segundo apartado llega “Deportar el cuerpo”. Nuevamente subyace la idea del movimiento. Sin embargo el deportar también nos sugiere imposiciones, destierros, clandestinidad… Ese mismo cuerpo, territorio de la palabra, se rebela y se impone en un juego de contrapuntos. Gómez pude pasar de la ternura a la violencia, del silencio al alarido. Explora sobre diversas maneras de pronunciarse.

El cuerpo es un todo que sirve de inspiración y soporte. “Es el cuerpo en contramarcha / En toda cara en toda marca / Arroja ruda mano / Deposita dedos en teclas / con carne y alma”.

 

Como un tesoro precioso que se encuentra tras una larga travesía, el poemario cierra con “Post-humo”. “Hacia el averno voy con bastón blanco”, afirma la autora quien en pocas palabras nos lleva hacia el final. La desnudez de sus palabras recorren la memoria y el compromiso, y se despiden en la contundencia que aclama:

 

«Dejo la voz y el habla 

Repletas de vacíos 

Voy negra de viva muerte 

Vengo blanca de morirme viva».

 

Un poemario exquisito, para degustar de los diversos sabores que ofrece el decir.

 

 

 

 

Les compartimos esta interesante creación audiovisual que acompañó -a manera de intervención- la presentación oficial de «Mudar el habla». 

 

 

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