“Con la espada de mi boca” indaga sobre la intimidad desde una narrativa potente y reflexiva

En este libro, Inés Garland despliega una serie relatos que recorren el camino iniciático de la sexualidad como así también la violencia, el abuso, el deseo y la soledad.

“Con la espada de mi boca” está dividido en cuatro partes, y esa división no es azarosa. Hay un sentido y una lógica en esos capítulos donde los relatos tienen un hilo en común, algo que los sostiene y que terminan por conformar un universo potente, sensual, violento y profundo.

La primera parte funciona como una constelación en la que se despliegan personajes que se nos presentan en el primer relato titulado “Bloques inseparables” y que luego irán  a apareciendo de manera sutil y detallada en los restantes. Aquí la iniciación sexual, la exploración y el descubrimiento del deseo se imponen en una sucesión de textos donde la escritora juega con aquello que se dice pero también con el poder simbólico y cultural de lo que no se pone en palabras y simplemente se sugiere.

Estas familias, al parecer unidas por cierta actividad o afinidad religiosa, van urdiendo una madeja de pequeñas historias que encuentran en lo cotidiano una excusa narrativa. Unas vacaciones de verano en la playa, un sorpresivo encuentro entre dos jóvenes, un chico que entre el trayecto que separa la escuela de su casa descubre un mundo nuevo… La narrativa de Garland es sintética y precisa, pero tiene el poder de sorprender y de abrir interrogantes en quien la lee.

La segunda parte es tal vez un poco más oscura, ya que aquí la sexualidad está atravesada por el abuso y la violencia. Garland no cuenta los hechos con detalles, simplemente despliega con oficio los trazos que dan vida a sus personajes y poco a poco nos va dejando pistas, a veces imperceptibles, a veces contundentes. 

El tercer capítulo, se centra en solo un relato habitado por la soledad y la pérdida. La planta del pie es como un mapa de las emociones, de lo que nos desborda el alma y también de lo que nos falta. Como si se tratara de un hechizo literario, aquí el texto nos va envolviendo. Ese pequeño hilo de agua que emerge en las primeras frases nos empuja definitivamente al ahogo del final.

Por último, en la cuarta parte el juego y la exploración se imponen, en especial en “La zorra ilusa” y “Los hamsters”. En este último hay además un estilo dramatúrgico que se impone al narrativo. 

“Con la espada de mi boca” ofrece múltiples reflexiones de la mano de personajes que se nos vuelven cercanos y que nos desnudan su intimidad.

Fernanda Pérez

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