Comentario: "Querido amigo" de Angélica Gorodischer

 

En los últimos tiempos hay una especie de furor por la “literatura erótica” con sagas que lideran la lista de los más vendidos y una infinidad de títulos que las secundan con el único fin de saciar la avidez de esos lectores (y en especial de esas lectoras) que se han lanzado a la búsqueda de historias románticas plagadas de escenas “hot” y descripciones cada vez más explícitas. En medio de este fenómeno, vale la pena destacar algunas otras novelas eróticas, esas que no necesitan tantos detalles para bucear sobre la sexualidad y las fantasías, y que además ofrecen argumentos sólidos e interesantes búsquedas narrativas.

 

Una buena muestra de esto último se puede encontrar en “Querido amigo” de Angélica Gorodischer, un libro publicado por Edhasa en el 2006, cuya historia se desarrolla en el 1800, en una tierra lejana de Oriente Medio llamada Birnassam.

 

Elaborada a partir del género epistolar, el lector es una especie de testigo indiscreto de todo lo que Albert George Ruthelmeyer le va contando a su amigo, el duque Bertram-Weld, sobre ese enigmático lugar al que va descubriendo y por el que siente una gran curiosidad.  

 

A medida que va conociendo a los habitantes y sus costumbres, va quedando atrás la supuesta misión comercial y diplomática que lo ha llevado hasta allí. Pero un detalle no menor es que entre sus habitantes la sexualidad ocupa un lugar preponderante. En Birnassam todas las reglas preestablecidas en la sociedad londinense de la que él proviene parecen diluirse. No se trata del placer por el placer mismo, sino de algo más profundo, ligado a la sensación de plenitud.

 

Un amigo puede entregarte a su propia mujer en señal de respeto y agradecimiento. Un visitante puede tener una noche encendida rodeado de esclavas. Sin embargo, el escalón máximo del deseo se alcanza con la mujer adecuada, aquella que se ha elegido para que llene de «luz la casa».

 

En medio de un escenario desértico, las páginas de “Querido amigo” nos recuerdan por momentos a los cuentos de “Las mil y una noches”.

 

Con sutileza, belleza y riegos literarios, Gorodischer hace de este libro un verdadero festín de los sentidos.

 

Una muy buena novela erótica que vale la pena leer.

 

 

 

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