Comentario de "La casa del espejo", de Vanessa Tait

 

¿Qué historia hay detrás de la historia que leemos? ¿Cuál será ese universo real, por pequeño que sea, ese punto desde donde puede partir una historia que queda del lado del escritor, y uno como lector quizás nunca podrá descubrir?

Estas preguntas que alguna vez hice en mi cabeza, al tener en mis manos por primera vez “La casa del espejo”, de Vanessa Tait, reflotaron en mi memoria y quedaron latentes hasta que leí la última página. Es que la autora se presenta, ni más ni menos, como la bisnieta de Alice Liddell, -niña que inspiró el cuento de Lewis Carroll “Alicia en el país de las maravillas”-, y la curiosidad que despierta este dato es el mismo que siente el personaje de ficción en el conocido relato, cuando tiene frente a ella la diminuta puerta para entrar el mundo de fantasía.

Después de una larga investigación, y a partir de archivos familiares, Tait se ubica en aquella época victoriana, en la Inglaterra de mediados del siglo XIX, pero alejándose de su vínculo familiar, elige narrar a partir del personaje de Mary Prickett, institutriz de la familia Liddell, desandando el enigmático destino de la dulce Alicia.

A medida que el relato se va a abriendo, cada uno de los personajes parece acomodarse a la perfección al clásico de la literatura universal, y pequeños episodios realmente acontecidos, no hacen más que darle aún mayor veracidad al cuento infantil, que con simples palabras pinta con ironía y perspicacia aquel reinado de Victoria, con sus luces y sombras.

Por supuesto que no está el conejo blanco, ni el sombrero loco, ni el frasco para que Alicia tome para hacerse pequeña. Pero sí, en todo momento, la novela nos hace deambular por atmósferas donde no todo es lo que parece, donde los secretos esconden mucho más que verdades, y donde la incertidumbre puede llevarte a la desgracia.

Detrás de la figura de Mary Prickett se esconden muchas de las preguntas que seguramente se hizo la autora al hacer este libro, y quienes giran a su alrededor de principio a fin en la novela -ya sea Alicia, sus hermanas, su madre -la señora Liddell-, y por supuesto Charles Dogson (el mismísimo Lewis Carroll) son quienes van respondiendo cada uno de los interrogantes. Por eso será Pricket y no la pequeña, quien desencadene los hechos verdaderamente importantes.  

La vida de Lewis Carroll siempre fue un enigma para los ingleses. Su estrecho vínculo con Alicia, y con otros tantos niños y niñas de Oxford -donde vivía-, siempre fueron como puntos suspensivos que no todos podían y querían escribir. Por eso, durante mucho tiempo, el silencio le ganó a la verdad, y su carrera como fotógrafo infantil y su carisma para entretener a los más chicos con sus increíbles historias fantásticas, fueron del todo calladas.

Lo que hace justamente Tait es tomar aquella punta, y tirar del ovillo, para que la historia que se escondía, pudiera verse un poco más de cerca. Tan de cerca como se lee una carta por primera vez, cuando se descubre después de cientos de años. Tan real como si fuera la mismísima Alicia la que nos invita a ser parte de su país de maravillas.

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