Comentario de "Cuando Sara Chura despierte", de Juan Pablo Piñeiro

 

Como pocas veces, se me hace difícil explicar la idea central de una novela. De contar los personajes que recorren un relato. En fin, de plantear la razón por la que se hace fundamental descubrir la narrativa de Juan Pablo Piñeiro.

 

Es que “Cuando Sara Chura despierte”, del escritor boliviano antes citado se presenta -en primer término- humilde, sin demasiadas pretensiones, como una historia local, apenas reducida a los paisajes andinos, donde el lector va y viene conociendo palabras, frases y conceptos que muchas veces desconoce por ser foráneo, y pasa a ser luego, una obra que cruza el eje mismo de toda la cultura indigenista de América Latina.

Por eso comienza pequeña, con un plano corto y el foco en primerísimo primer plano, con el lente puesto en detalles de personalidades que habitan el altiplano, para luego abrirse en plano amplio y ver un cuadro mucho más rico e inacabado.

Así va Piñeiro, de lo particular a lo general. De lo íntimo a lo colectivo. Del terso y trabajado hilo de una artesana, que cruza arriba y abajo formando una trama, al tejido que se arma deleitando nuestra vista, y luego a la tejedora, y su entorno, y a ese imponente paisaje del norte del sur.

 

Esa es la escritura de Piñeiro.  

 

Cuando Sara Chura despierte se ubica temporalmente en el preámbulo de la celebración de la fiesta del Señor del Gran Poder, evento central de la ciudad andina de La Paz, de donde es oriundo el autor.

Es indispensable que Sara Chura despierte, porque cuando lo haga, un movimiento infinito comenzará y las cosas, los hombres y mujeres, los lugares y hasta la percepción que tenemos de la vida cambiarán por completo. Para que Sara Chura despierte alguien deberá descubrir qué pasó con ella, con su cadáver que respira, y para eso está César Amato, un detective “especializado en casos sin resolver”, que es capaz de mudar de piel tantas veces como sea necesario, para inmiscuirse en los misterios más remotos de estas tierras.

Quizás sólo esto sean las estructuras formales de la novela de Piñeiro. El resto, será casi como un poema lleno de simbolismos, escrito en forma de prosa, perfumado de humor, donde personajes de lo más disímiles y contradictorios nos invitan a reflexionar sobre nuestra existencia.

 

“Somos las letras de una palabra infinita que cambia dada segundo, responderá Sara Chura. Si mi voz se ha cruzado con la tuya, entonces ya estamos tejidos; para adelante, para atrás, para siempre. ¿Hasta dónde llegará tu nombre, tu historia, tu cuerpo? Cuando muera el último ser que te conoce, ¿se llevará consigo el recuerdo de tu rostro?¿Y tú qué rostro te llevarás cuando desaparezcas? Cuando el único rostro que existe no eres tú, son tus muertos. Todos andan con sus muertos porque cada uno de ellos es un hilo suelto, una extraña coincidencia, un recuerdo insomne del mundo. Se forman los nudos, se crean figuras y nuestra historia es la trama que se teje en la gran urdimbre de los ancestros. Y entonces nadie muere cuando somos tejidos y tejemos a cada instante infinitos caminos. Las cosas no cambian de golpe, sólo terminan de formar figuras que, si ves bien, si sabes que adelante está lo que se ve, el pasado, con sus caitus sueltos construyendo recorridos, trazos y destinos, entonces intuyes que el presentimiento es nuestra manera de adivinar por dónde van los hilos que están anudados hace tanto tiempo”.

 

Leer a Piñeiro es, en primer lugar, descubrir. Descubrir una bella literatura. Nuestra, propia de América Latina. Que nos identifica. También es descubrir de dónde venimos. Al leerlo sentimos admiración por este emergente escritor –Sara Chura es su primera novela-, que sin dudas tiene mucho más hilo para seguir tejiendo historias.

Y por último, descubrir con una gran alegría que este texto haya sido destacado de los cientos y cientos libros que se publican a diario, por una editorial cordobesa como Portaculturas.

 

Las palabras de Piñeiro y la mía ya fueron cruzadas, y como dice él, “ya estamos tejidos para siempre”.

 

Florencia Vercellone

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