Clásicos en Colectivo

 

«El Guardabarreras» + «Juicio por asesinato». Charles Dickens

 

El año vuelve a empezar, y casi como un guiño del destino, volvemos a los Clásicos en Colectivo con un autor inglés, y por cierto, también amante de los fantasmas.

Como aquel primer comentario trayendo a la actualidad al gran Oscar Wilde, nos acompaña en esta oportunidad y en estas letras, Charles Dickens.

Nacido en 1812 y fallecido en 1870, el autor nacido en Reino Unido se ha convertido en uno de los grandes emblemas de la literatura universal, y no sólo a partir de su muerte

–como ocurrió con muchos otros escritores-, sino mientras disfrutó de su intensa vida, logrando conseguir renombre como figura de las letras, entre las clases acomodadas de la aristocracia inglesa del siglo XIX, anticipando, sin ninguna duda, la institucionalización del oficio de escritor ficcional, que aparecería con fuerza en el siglo posterior.

Creador de historias que incluso han llegado al cine -como “Oliver Twist” y “Cuento de Navidad”-, tomo esta vez de su vasta trayectoria –y para mi paseo habitual en colectivo, dos cuentos donde, más allá de los personajes fundamentales, el protagonista vuelve a ser un ser etéreo. Los fantasmas cruzan transversalmente las narraciones de Dickens, y qué mejor ocasión para iniciarse en su lectura, que interpretar dos textos cortos y ligeros, pero que calan hondo en nuestras capacidades sensoriales y quedan prendidos en nuestra memoria.

Comencemos entonces con “El guardabarreras”. Marcada como una de las últimas narraciones hechas por el inglés antes de su muerte, este cuento presenta en escena dos hombres, situados en un espacio algo difícil de distinguir, en algún pueblo perdido del mapa, uno de los cuales trabaja como guardabarrera, y el otro, es un simple anónimo que cruza por ahí. Ni ellos mismos saben por qué se han encontrado, sin embargo ahí están compartiendo un momento, que termina siendo parte de una historia mayor, que los llevará a enfrentarse a situaciones (extra) sensoriales.

Al principio es un encuentro casual, uno de ellos ve al otro, lo interroga, y comienza el diálogo. El guardabarreras es un hombre silencioso, solitario y temeroso. Su trabajo le ha impedido entrar en contacto con otras personas, y así se acostumbró a no ser una molestia. El otro es un ciudadano con más conocimiento, que siente curiosidad por ese otro que se oculta en una garita observando que no ocurran desgracias en las vías del tren, y que comienza a frecuentarlo, más por el misterio que encierra que por cortesía. Pero entre ellos habrá otro personaje. Alguien oculto. Alguien que nunca saldrá a la luz, pero que iluminará sin dudas el relato. El guardabarreras encarna ese ser que es capaz de anticiparse a las desgracias, a ver aún más allá de lo que podemos observar con nuestros ojos. Su trabajo le ha permitido distinguir luces, ruidos y vibraciones del tren a decenas de kilómetros, y lo mismo ocurre con el destino. Pero su visitante, encarna por el contrario esa otra parte de la humanidad a la que parece molestarle lo incorpóreo, lo sutil, lo inconmensurable.

Y como segunda historia de la edición que me acompañó durante varios días en el recorrido al trabajo, se presenta “Juicio por asesinato”, quizás otro de los clásicos del autor.

Aquí también un espectro tendrá el papel fundacional del relato, sobre todo porque estará mucho más presente que en el anterior cuento. Otro desconocido urbano siente la necesidad de expresar aquello extraño que le pasó cuando fue jurado en un juicio donde se investigaba un terrible hecho acontecido en Inglaterra.

Un simple mortal siente la profunda inquietud de relatar aquello por lo que tuvo que pasar cuando en medio de un juicio, se encontró cara a cara con la verdad pero en las condiciones menos pensadas. ¿Cómo hacer para contar a la sociedad que sabemos la verdad, sin poner en duda nuestra cordura? ¿Cómo enfrentarnos a nosotros mismos y a nuestras creencias, sin enloquecer?

Dickens despliega con claridad y sin prejuicios los personajes más ocultados de la sociedad inglesa de aquella incipiente modernidad. Reos, asesinos, niños huérfanos, obreros de los suburbios, anónimos de un sistema burgués e industrial que avanzaba en pleno siglo XIX sin moral, son exhibidos con destreza de la mano de este escritor, quien los pone a la vista de todos buscando una reflexión por parte de cada uno de nosotros.

Los clásicos en colectivo vuelven a Babilonia, la rueda vuelve a girar, y Dickens nos invita a (re)comenzar. 

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