¿Existe realmente una literatura femenina?

 

 

Durante siglos, el mundo de la lectura, que enlaza desde quien escribe hasta quien lee, pasando por editores, gráficos y libreros, estuvo sin dudas dominado por el género masculino. Sin embargo, esto no fue obstáculo alguno para que las mujeres se cuelen por las rendijas que quedaban libres, y tomen posición de los diferentes roles de este universo.

Cuántas debieron verse obligadas a llevar seudónimos masculinos, cuántas debieron agradecer a su apellido paterno o de sus maridos para conseguir la edición de sus libros, cuántas, podemos seguir preguntando, debieron esconderse o simplemente revelarse contra las actividades previstas para la mujer tan sólo abriendo un libro para leer aquello destinado a sus hermanos, tíos o primos varones.  

 

De a pequeños logros, la mujer ha ido conquistando también el terreno de la literatura, y si bien es cierto que las posiciones que ha conseguido la ubicaron a la par de los hombres, también es real que muchas veces el mismo espacio que parece otorgarle importancia, también se la quita, poniéndole rótulos sexistas.

 

Desde un tiempo a esta parte, en librerías, portales y editoriales, además de Novelas, Policiales, Ciencia Ficción, Política, Filosofía, tan sólo para nombrar algunas temáticas, aparece en los anaqueles el género de “Literatura femenina”. A simple vista, pareciera ser una forma de escribir o de leer, de mujer a mujer, pero lejos de eso, las temáticas que integran la lista de títulos, son –en general-, historias románticas, históricas o eróticas.

Entonces nos preguntamos, ¿desde cuándo el amor se convirtió en un género sólo femenino? ¿Por qué ponerle el adjetivo “rosa” a esa literatura ligada a lo romántico? ¿se esconde un prejuicio detrás de esto?

 

En esta semana signada por el Día Internacional de los Derechos de la Mujer, desde Babilonia reflexionamos acerca de esto y consultamos a la escritora Eugenia Almeida, el crítico y docente Rogelio Demarchi, la Directora Literaria del sello Alfaguara, Julieta Obedman y Analía Reynoso, encargada de venta del Rincón Cultural de Dinosaurio Mall, para saber qué opinaban ellos sobre la denominada “Literatura femenina”.

 

Por mujeres vs. Para mujeres

 

“A mí me desconciertan las etiquetas en general. Y lo de “literatura femenina” engarzado a ciertos temas, además, me genera incomodidad. Me parece que esos “nichos” tienen raíces comerciales y, a la vez, perpetúan los prejuicios y cristalizaciones sociales en torno a los roles que sociedad pretende imponer a las personas “y digo “personas”, deliberadamente”, señala en primer lugar Eugenia Almeida, escritora cordobesa  y también periodista, premiada en 2015 en Francia con el premio Transfuge a la mejor novela hispánica por “La tensión del umbral” y aclara: “Las categorías “varones” y “mujeres” ya no nos sirven para nombrar toda la variedad de personas que forman nuestra especie”.

Y en contraposición al actual planteo, Almeida señala: – “Literatura femenina” me parece tan raro como decir “literatura para personas de ojos marrones”. ¿Qué significa eso? No lo sé. Lo que sí me interesa (y mucho) es la literatura hecha por mujeres. Y la literatura que rompe los estereotipos y acepta la enorme heterogeneidad de esa abstracción que encerramos en la palabra “mujer”. También me interesa particularmente conocer la vida y el recorrido de muchas escritoras que, sólo por el hecho de ser mujeres, encontraron enormes dificultades para dar a conocer su trabajo. Un trabajo que, muchas veces, para poder ser publicado, debió “disfrazarse” bajo un seudónimo con  nombre de varón”.

 

Compartiendo la idea, el periodista y docente Rogelio Demarchi expone: “Me parece que cualquier género, visto como una receta de cocina, es un problema y no te va a dar, como resultado literario, nada bueno. Querer leer una de amor es como ir al cine a ver una de tiros… ¿de qué te sirve? No me estás pidiendo un buen libro, una buena peli, ¿se entiende?”, se pregunta Demarchi.

 

Se entiende, claro que se entiende, sin embargo, los números hablan por sí solos, y lo cierto es que es alto el porcentaje de lectoras que se acercan a la librería sólo a pedir literatura de novelas histórico-románticas.

“La mujer adquiere más libros, no solo para ella, sino también para regalar”, asegura Analía Reynoso desde Rincón Cultural, y añade: “además toma la iniciativa en acompañar e incentivar a los chicos a leer, con lo cual las hace las numero uno en consumo de libros”. Y en cuanto a elección o temática, no hay dudas: «En lo general, consumen muchas novelas (históricas sobre todo), en segundo lugar libros de autoayuda, y medicina alternativa  y consultan mucho por libros relacionados con la crianza de los hijos”.

 

Formatos, lineamientos, estilos. Del otro lado del mostrador, los sellos parecen sentirse muy cómodos hablando de la “literatura de y hacia mujeres”, y no tienen problemas en plantear sus reglas propias y qué lo diferencia de otros géneros literarios. “Hay un tipo de lectora, mujer, que se identifica con las historias en las que las mujeres son las protagonistas, en historias donde el amor es lo central. Ahora, no toda historia protagonizada por mujeres es romántica. La literatura rosa o romántica HOY se refiere a un género con reglas bastante claras, que incluyen un final feliz, una historia de amor con muchos obstáculos y una protagonista mujer con quien la lectora se pueda identificar. No es que la editorial catalogue el libro de determinada manera, pero sí orientamos la edición y la venta hacia una lectora mujer”. Así de claro lo explica la editora Julieta Obedman.

 

Sólo para ella, ¿sólo para él?

 

Despejando un poco los interrogantes, nos encontramos entonces con que la categorización, aunque no queramos, existe, y que como una proyección de nuestra sociedad, los gustos y intereses de cada sexo, se cuelan en el criterio y temáticas a la hora de escribir.

 

“Es mucho más habitual que sean mujeres las que escriben novela romántica, sencillamente porque a los escritores hombres, en general, no les interesa el género romántico. Pero no se puede asociar el género romántico a la literatura para mujeres, porque hay centenares de ejemplos de libros escritos por mujeres que no pertenecen al género romántico”, dice Oberman.

Algo similar piensa Demarchi, para quien además de los gustos, muchas veces estas divisiones taxativas tienen que ver un poco con los intereses de hombres y mujeres, y también por sus capacidades a la hora de crear. Por eso, cuando se le preguntó por qué autoras como Florencia Bonelli o Viviana Rivero se ligan a la lectura femenina y a Alejandro Dolina o Eduardo Sacheri a la masculina, respondió: “a esos varones que mencionás, les cuesta horrores construir un personaje femenino; a esas autoras que mencionás, les encanta construir personajes femeninos con ciertas características que remiten a lo “heroico” y lo “osado” para el género femenino. Entonces, el resultado de ambos bandos está o me resulta a mí marcado por cuestiones de “proyección” (psicológicamente dicho) del género del autor y hace juego con un lector que se identifica con sus personajes. No pasa eso con Alice Munro, Lorrie Moore o Jhumpa Lahiri, para hablar de mujeres, o Jorge Edwards, Julian Barnes o Fernando Aramburu, para hablar de varones”.

 

Literatura de pocos, literatura de muchos

 

 

Y si hablamos del género novela histórico-romántica, Córdoba se ha convertido en los últimos años, en tierra fértil donde han nacido autoras referentes en el ámbito, que multiplicaron lectores en todo el país.

Primero fue Cristina Bajo como punta de lanza, y después vinieron otros tantos nombres de peso como Cristina Loza, Reyna Carranza, Florencia Bonelli, Viviana Rivero, y más acá en el tiempo Graciela Ramos, Fernanda Pérez, Isabel Lagger, Carola Ferrari o Mirta Fachini, que ubicaron esta temática como una de las más vendidas durante todo el año.

Sin embargo, en el ámbito formales de las letras, muchas veces hablar de novela histórico-romántica, es hablar de una literatura liviana, que no puede competir con otros géneros. De ahí, a relacionar la literatura femenina como sencilla, hay sólo un paso. ¿Se cuela entonces un prejuicio dentro de las letras entre unos y otros autores?

 

Creo que hay prejuicios, en todos los ámbitos, todo el tiempo y que muchas veces somos soldados autómatas en una guerra ajena y terminamos reproduciendo los mismos estereotipos que nos ahogan”, reflexiona Almeida, y agrega: “En la literatura, en la política, en el amor, en todos los campos. Demasiado prejuicio; muy poco valor para atrevernos a las experiencias y los contactos y las cercanías que podrían derrumbar esos prejuicios”.

En la misma línea, Obedman asegura que los prejuicios existen, y que quizás catalogando se endulzan las marcadas diferencias. “Se habla pero no se llega a ninguna conclusión; yo creo que lo que hay de nuevo es que la mujer se ha incorporado al mercado laboral, y por tanto al mercado editorial, con mucha fuerza en las últimas décadas. Eso hace que algunos, con mucho prejuicio, descalifiquen a las escritoras como autoras solo para mujeres. Pero, insisto, si hablamos del genero romántico, sí podemos decir que está escrito por y para mujeres. Pero la literatura es mucho más amplia, autoras como Alice Munro, Claudia Piñeiro, Selva Almada exceden totalmente cualquier consideración prejuiciosa y simplemente escriben literatura”.

 

 

Por último, conocedora de lujo de los circuitos del género de la novela policial, levanta la mano y plantea de manera inversa, que hay un sinfín de escritoras por descubrir dentro de este estilo, que muchas veces se liga al público masculino. “Los escritores del género policial que más me gustan son, en su gran mayoría, mujeres. Ruth Rendell, Patricia Highsmith, Fred Vargas, Louise Penny, Masako Togawa, P.D. James, Natsuo Kirino, entre muchas otras. En Argentina el género policial está encabezado, sin duda, por mujeres. Hay muchas lectoras que se interesan por el policial. No creo que elegir este tipo de libros tenga la más mínima relación con la identidad de género de las personas”.

 

Las cartas están puestas arriba de la mesa. El flujo de mujeres lectoras se ha incrementado mucho en los últimos años –muestra de ello es también la gran cantidad de blogs colectivos donde se reúnen virtualmente mujeres de todo el mundo a intercambiar ideas, relatos y títulos- y en concordancia con esto, el género de novela histórico-romántica ha marcado un camino ascendente en la publicación nacional. 

¿Es esto una excusa comercial para (re)formular rótulos y inventar la «literatura femenina» como un género aparte? ¿Qué dejamos afuera y qué adentro haciendo esta división?

Con preguntas comenzamos, y con preguntamos finalizamos. Porque las reflexiones son múltiples y dan lugar a diferentes opiniones, las cuales, por supuesto, estamos ansiosas de conocer.

¿Qué pensas vos al respecto?

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