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Anuario: Las artes escénicas cordobesas tuvieron un parate casi total a causa de la pandemia

Las salas independientes locales están sin actividad presencial desde el mes de marzo. Su economía se vio seriamente afectada (de hecho algunas cerraron definitivamente sus puertas). A mediados de año presentaron un protocolo y si bien aún no tienen respuestas, ya muchas están armando una programación para el verano. 

Hace unos días –y con justa razón- productores de espectáculos musicales y teatrales junto a músicos y artistas locales y nacionales manifestaron su malestar ante la decisión del gobierno provincial de impedir conciertos y espectáculos hasta el 31 de marzo. Esto dio lugar a un proceso de negociación -para que Córdoba adhiera a los protocolos nacionales- del que se esperan novedades para la semana que viene.

Por fuera del circuito comercial también los teatros independientes de Córdoba vienen manifestando hace ya unos cuantos meses, a través de redes y acciones concretas, el efecto devastador que ha dejado la pandemia en este sector.

Cuando en marzo muchos de estos recién habían levantado el telón o estaban por hacerlo, las restricciones por el COVID 19 frenaron de manera rotunda funciones y talleres. Hasta la fecha aún no han podido reiniciar sus actividades y si bien están trabajando en un protocolo el panorama es incierto. En la segunda mitad del año espacios como Bataclana y Urda anunciaron su cierre definitivo. Otros, como La Llave, debieron apelar a la subasta de trajes para surfear la crisis. Muchos por el momento resisten, pero piden la emergencia cultural para garantizar la continuidad y la aprobación -con los protocolos correspondientes- para abrir sus espacios. 

Desde las Red de Salas –entidad que agrupa a dichos teatros independientes- dieron a conocer cifras durísimas sobre el efecto que la pandemia en el teatro local:  

  • Las salas están sin actividad teatral desde marzo.
  • Unos 660 grupos quedaron sin actividad.
  • Más de 4000 artistas tienen frenados sus proyectos y actividad laboral.
  • Unos 550 talleristas no pudieron dictar clases.
  • Unos 6700 alumnos no pudieron recibir esas clases.
  • Para el 2020 se esperaban cerca de 5400 actividades promovidas por los teatros independientes de Córdoba (entre funciones, seminarios, eventos, etc.). No se lograron llevar a cabo.
  • Cerca de 135 mil espectadores no pudieron ver obras locales de manera presencial
  • Más de 60 espacios mantienen sus puertas cerradas (tengamos que cuenta que dichas salas representan el 88% de la actividad teatral de Córdoba).

Frente a eso los teatreros solicitaron que los fomentos y subsidios no se concursaran sino que se distribuyeran de manera equitativa (ya que todos tenían y tienen las mismas necesidades para pagar alquileres, impuestos, servicios, etc.). Se llevaron a cabo reclamos, se repudiaron algunos créditos, y se solicitó fervientemente la emergencia cultural. Todo eso tuvo lugar en este complejo 2020 en el que se siguen realizando reuniones y pensando en alternativas para que poco a poco las artes escénicas cordobesas vuelvan a ponerse en funcionamiento de manera presencial.

El esfuerzo de las salas cordobesas

Nadie mejor que los propios actores y directores de las salas independientes para reflejar el duro panorama de las artes escénicas en este 2020, año en el que la actividad fue casi  nula. Aunque se aprovecharon las redes para hacer funciones vía streaming, dictar clases o para compartir obras producidas en temporadas anteriores, el parate fue casi total.

Mónica Nazar (de La Chacarita Teatro), Sonia Daniel (de María Castaña) y Belén Pistone (de El Cuenco) –todas ellas integrantes también de la Red de Salas- exponen el desalentador balance de este año que va llegando a su fin.   

– ¿De qué manera se vio afectado el sector del teatro independiente en este año de pandemia?

-Sonia Daniel (María Castaña): El teatro independiente, en cuanto a actividad de representación con el público, se vio totalmente afectado. Nosotros tuvimos que dar de baja a nuestra actividad el 13 de marzo y todavía no pudimos reabrir. Aunque cada sala o grupo haya vivido situaciones diferentes, la pandemia a nivel del colectivo ha significado un gran parate.

 

-Mónica Nazar (La Chacarita): Justo la pandemia comenzó cuando se inició la temporada. Muy pocas salas trabajan en enero y febrero y es por eso que se truncaron todos los proyectos de estrenos y producciones. Tuvimos que cerrar y aún no regresamos. Algunos lograron hacer algún estreno por streaming, pero la afectación fue enorme, casi del 100%. Salieron algunas propuestas de presencia en los medios y en las redes pero no conozco ninguna que haya sido verdaderamente exitosa, sí oportunas todas porque la pandemia dejó cerrados los espacios.

Los grupos no tenían salas a donde hacer funciones  y no podían hacer giras porque no se podían mover. O sea que la actividad se frenó totalmente. Sí concretamos varias reuniones por internet para pensar estrategias en conjunto, pero fue muy difícil. Mucha gente, muchas ideas…. Aunque el nuestro es un trabajo muy horizontal  cada integrante tiene estrategias y estéticas muy diferentes. Fue un año tremendo.

-Belén Pistone (El Cuenco): El sector de teatro independiente se vio afectado rotundamente en el año de pandemia porque es evidente que atravesó el corazón de la teatralidad, que es justamente el encuentro. El teatro realmente sucede cuando hay por lo menos un actor y un espectador reunidos en un acontecimiento poético, y eso no estuvo. Hubo que reinventarse. Se descubrieron nuevas plataformas, nuevas maneras de expresión, pero tenemos que decir que nuestro fin principal que es la reunión (y que creemos que es fundamental porque es donde creamos cultura juntos y ponemos en valor coincidencias y diferencias) no estuvo este año. Por supuesto que todo eso afectó también a nuestra economía. Fueron pocas las políticas culturales que nos protegieron. Pero bueno, ahí estamos los compañeros y las compañeras de los teatros de todo el país viendo la manera de salir adelante, de volver a convocar cuando nos lo permitan, brindando las garantías de seguridad. Hay protocolos que se están creando. Es mucho más fácil contagiarse COVID en un restorán que en un teatro, lo que pasa es que evidentemente el teatro no representa un sector económico que pueda reflejar algún tipo de amenaza a los Estados. Y lamentablemente el hilo se corta por lo más fino. Pero estamos trabajando en conjunto para defender la pureza de nuestro arte que es la reunión, lo hemos hecho a través de los medios digitales, y estaremos presente cuando nos lo permitan con nuestras salas abiertas y con todos los protocolos que garanticen la protección de nuestras espectadoras y espectadores, que es lo que más nos interesa.

-¿Cuáles fueron las mayores dificultades que tuvieron que afrontar desde el sector?

Mónica Nazar (La Chacarita): Siempre las mayores dificultades del teatro independiente son los recursos. Eso es tremendo. Cuando no tenés el recurso económico es complicado. Si bien la nuestra es una actividad informal y alternativa, esta pandemia afectó muchísimo.

La mayor dificultad me parece que la han vivido los elencos: sin poderse juntar, sin poder hacer giras, sin poder hacer funciones en las escuelas…. Muchos de los espacios al menos seguimos en pie, no nos hemos caído, pero hay que ver quién vuelve, quién renueva. No sabemos qué va a pasar con el público cuando volvamos, eso es todo un enigma.

-Belén Pistone (EL Cuenco): La mayor dificultad fue el parate económico y la segunda dificultad fue la falta de respuesta de políticas culturales. En Córdoba se sintió un gran apoyo desde el Estado Nacional, más concretamente del INT, porque desplegó enseguida estrategias de emergencia que nos acompañaron, como el Plan Podestá por ejemplo. También aceleró el pago de subsidios de producción, por lo que las salas que pertenecemos al Instituto Nacional de Teatro (INT) estuvimos protegidas por la Ley de Teatro. Pero las respuestas de la Provincia y el Municipio fueron pocas… Y en esos casos se afronta no solo consecuencias de ese vacío de políticas sino que, como sector, nos sentimos un poco abandonados. De todas maneras somos un sector acostumbrado a la resistencia. El teatro tiene milenios de historia y seguiremos aquí como artistas garantizando el encuentro de seres humanos en torno a la poesía, la belleza y la comunicación…

 –Sonia Daniel (María Castaña): El abanico de problemáticas dentro del sector fue bastante grande: gente a la que hubo que asistir y que tenemos que seguir asistiendo con bolsones alimentarios porque su situación de precariedad era total, hasta cierre de salas de teatro independiente. También surgieron las  dificultades para afrontar los gastos de los espacios teatrales.

La actividad se vio muy afectada porque depende no solo de los espectáculos sino también de las funciones en las escuelas, y éstas estuvieron cerradas. Sí muchos de nosotros que somos maestros de teatro pudimos salir adelante gracias a las clases virtuales. Al principio hubo dificultades porque nuestras actividades son siempre muy presenciales y adaptar eso a plataformas virtuales fue un trabajo que tuvimos que hacer y que llevó una aceptación de parte los docentes y también de los estudiantes. Pero eso nos ayudó a sobrevivir económicamente en la pandemia. 

-¿Qué estrategias llevaron adelante para apalear este contexto tan crítico?

-Belén Pistone (EL Cuenco): Las estrategias fueron fortalecer todo lo que era la comunicación a través de medios virtuales, fortalecer nuestras plataformas (IG, WEB), la comunicación por Whatsapp con nuestros espectadores…

 El Cuenco tiene desde hace muchos años un perfil comunicacional muy logrado y profundizado y que ganando madurez año a año. Este fue un periodo difícil que interrogó todo ese aparato de comunicación que tenemos y lo hizo virar a un lugar que ya no era el de solo promocionar nuestros encuentros en las salas sino también el de expresarnos a través de esos medios.

Por otra parte dimos clases virtuales. También hicimos charlas virtuales sobre el  quehacer y la producción teatral. La llamamos Fábrica Teatral y la idea partió de lo siguiente: “sino podemos hacer teatro , entonces vamos a contar cómo lo hacemos”. Nuestra sala nació en el seno de la UNC. Somos todos egresados de la Universidad Nacional de Córdoba (docentes y directivos), entonces decidimos que era importante fortalecer el sector hacia dentro y mostrar cómo producimos en El Cuenco, de alguna manera hicimos circular el conocimiento. También compartimos algunas obras por Youtube, algo que también implementaron muchas salas.

-Sonia Daniel (María Castaña): Hablo de nuestras estrategias, de las que llevamos adelante desde María Castaña. Nosotros nos enfocamos en las clases: empezamos con vivos en IG y luego formamos grupos por Zoom con nuestros de alumnos. Logramos sostener esos espacios como si fueran presenciales. Hubo una enorme predisposición de los  docentes para aprender a manejar esas herramientas y adaptarse a ellas.

En materia de espectáculos empezamos a reproducir obras que ya teníamos por Youtube, abriendo una especie de  espectáculos virtuales. Hicimos una venta anticipada a la que llamamos entradas solidarias. Después vía streaming se estrenó (en un trabajo conjunto entre María Castaña, Sergio Ossés y Sergio Oviedo) una obra de teatro de Pacho O’Donnell que se llama “La furia y el viento” que tuvo mucha difusión. También hicimos una temporada de la Liga Instantánea por Zoom que se convirtió en un videojuego teatral interactivo. Por otra parte, tenemos una tienda con nuestro merchandising y le pusimos pilas a eso.

Las estrategias estuvieron orientadas a aprovechar al máximo la virtualidad.  

-Mónica Nazar: La principal estrategia fue bajar al máximo todos los costos fijos –que no son poco- porque no teníamos como pagarlos. Y en otro sentido gestionamos para que si se generaba deuda se pudiera conseguir algún criterio de contemplación. Los compañeros que tienen salas alquiladas han hecho de todo. Nosotros somos dueños del lugar, la fundación está con un comodato, y eso hizo más fácil nuestro sostenimiento… Pero hay otros compañeros que han hecho muchas cosas para subsistir. Nosotros también acompañamos acercando bolsones de comida a teatristas que estaban en situación muy precaria. Esa estrategia nació de las agrupaciones que se empezaron a organizar en junio, cuando nos dimos cuenta que estos venía para largo.

Nosotros a su vez aprovechamos para hacer arreglos en la casa, trabajar en balances, informes y estuvimos produciendo puertas adentro. 

 –Entiendo que están trabajando en protocolos para abrir las salas. ¿Tienen alguna fecha estimativa de regreso a la actividad?

-Sonia Daniel (María Castaña): Nosotros en junio tuvimos tres representantes de la Red de Salas -donde estuve presente- uno del INT, y gente de la Municipalidad y de la Agencia Córdoba Cultura, con quienes armamos un protocolo de reapertura de los espacios teatrales independientes. Se presentó en junio al COE pero no tuvimos respuesta. Ya hay un protocolo nacional al que nosotros consideramos que tenemos que adherir… Estamos esperando porque de acuerdo a lo que se dijo la Provincia no adheriría a ese protocolo nacional lo que nos parece una barbaridad porque va a estar funcionando en todo el país y no entendemos porqué en Córdoba no. De todas formas hay algunos espacios que ya han empezado a hacer espectáculos presenciales guiándose por el protocolo nacional y esperamos –desde el sector y también a título personal- que entre en razones el gobierno provincial y la Agencia Córdoba Cultura ya que es imposible frenar los espectáculos en Córdoba.

-Mónica Nazar (La Chacarita): La municipalidad no sabe, la provincia tampoco y el COE no contesta. En un trabajo colectivo con todas las salas generamos un protocolo similar al que hay en Nación, adaptado un poco a las actividades cordobesas. Recién el 14 de diciembre vamos a tener una respuesta posible. Mientras tanto hay compañeros que están trabajando en espacios abiertos… Lo tremendo es que es a riesgo, debería haber un acompañamiento legal de la Provincia y Municipio.

-Belén Pistone (El Cuenco): Con respecto al regreso de la actividad, nosotros ya estamos dictando algunos talleres presenciales con protocolo dentro de la sala. Es un trabajo muy minucioso, pero El Cuenco tiene una linda estructura y se pudo adaptar fácilmente a los requerimientos. De algún modo eso nos está  permitiendo volver al intercambio con la gente. Con respecto a las funciones no está del todo resuelto, pero se estima que en enero vamos a poder trabajar. Ya hay salas anunciándose para finales de diciembre. Nosotros vamos a programar desde febrero.

 –¿Qué expectativas tienen para el 2021?

-Mónica Nazar (La Chacarita): La expectativa es que las actividades vuelvan recién en julio del año próximo, a lo que medianamente era la otra normalidad. Mientras tanto nosotros en enero, febrero y marzo vamos a hacer algunas funciones. Y si la vacuna llega y resuelve el tema, seguimos. Esperamos volver también a trabajar en las escuelas porque es un escenario importante para nosotros.

-Sonia Daniel (María Castaña): Respecto al 2021, desde María Castaña estamos cautos., No queremos largarnos a hacer las programaciones que teníamos los años anteriores, que eran de jueves a domingo. Preferimos sostener la actividad de formación y talleres que nos tuvo en pie durante el 2020. En febrero vamos a mostrar los trabajos de nuestros alumnos de manera presencial, de acuerdo a los protocolos, y luego tendremos una programación lenta y progresiva por lo menos hasta mitad del próximo año. Suponemos que en ese tiempo vamos a tener un proceso de vacunación y reacondicionamiento a lo que era nuestra actividad antes de la pandemia. Vamos a tener que convivir con la nueva normalidad.

-Belén Pistone (El Cuenco): Las expectativas son seguir adelante, estar unidos y continuar produciendo teatro. Este ha sido un año que, al no estar atados al funcionamiento físico de la sala, hubo mucha gestión que sentimos que abren muchas puertas para El Cuenco. Esto es algo que se va a notar en el 2021,

El Cuenco cumple 25 años en el 2021, y nuestra expectativa es abrir y celebrar este camino recorrido con pandemia y todo. Hemos logrado mantenernos unidos y trabajando, no solo defendiendo la economía de nuestra asociación sino también el fin principal que es la reunión teatral. No es la primera crisis que atraviesa nuestra sala y a través de la gestión, el conocimiento, la comunicación y la transparencia hemos logrado seguir. Estamos seguros de que vamos a poder volver y con todos los festejos previstos.

Fernanda Pérez

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