Agustina Bazterrica: «Para mí la palabra está al servicio de la historia»

La escritora argentina acaba de publicar “Diecinueve garras y un pájaro oscuro”, libro de relatos breves y cuentos sombríos, con historias perversas que caminan entre la salvación y el abismo. La autora de “Cadáver exquisito” -distopía que no deja de cosechar críticas internacionales y adaptaciones en todo el mundo- habló con Babilonia sobre esta novedad y nos cuenta cómo fue reencontrarse con textos que fue escribiendo a lo largo de toda su vida.

“Diecinueve garras y un pájaro oscuro” (Alfaguara) es el reciente libro publicado por la escritora argentina Agustina Bazterrica, quien emergió en 2017 a la escena nacional e internacional cuando obtuvo el Premio Clarín de Novela por “Cadáver exquisito”, distopía que sigue sumando adaptaciones en diferentes idiomas y aplausos de la crítica internacional.

Esta antología, integrada por relatos breves y cuentos, es -en realidad- la versión corregida y ampliada de “Antes del encuentro feroz”, publicado en 2016 bajo el sello cordobés Alción, compendio al que Bazterrica le sumó para la ocasión el relato de terror “Las solitarias”, que le da el mejor broche de oro.

Como un abanico que se abre y despliega personajes oscuros, escenas sombrías, situaciones trágicas, esta propuesta tiene una doble finalidad: afianzar la voz narrativa de su autora como aquella capaz de contar lo aborrecible, decir lo indecible y poner palabras al más incómodos de los silencios, y, por otra parte, indagar en las invenciones anteriores a su consagrada novela, y descubrir las partes del todo que la conforman como escritora.

Es que, Bazterrica deja en claro en estos cuentos y relatos el lugar desde donde se ubica para mirar el mundo y contar/denunciar algunos de sus infiernos: infancias abusadas, acosadas, abandonadas, mujeres atormentadas, vacías, quebrantadas, hombres culpables y víctimas, sumergidos en cuerpos carentes de emociones. Pero la forma en que lo hace es sutil, tan sutil que –a veces- el golpe se siente como una caricia.

Desde Buenos Aires y atravesando una cuarentena que –apunta- le sirvió para avanzar en su próximo trabajo (del que también nos anticipa datos) con lecturas e investigaciones, Bazterrica dialogó con Babilonia sobre la novedad editorial contando detalles de cómo fueron surgiendo estos relatos.  Celebrando su llegada a las librerías, y antes de poder dárselo en mano a quienes se lo dedicó –hermana, abuela y madre- hace mirada retrospectiva y nos lleva a la cocina de su escritura.

        –  ¿Por qué reeditar estos cuentos?

       –   “Antes del encuentro feroz” fue editado por Alción que es una editorial independiente que lo hizo muy bien, pero fue una distribución chiquita. Y la realidad es que hay un montón de lectores de Cadáver que no tuvieron acceso a ese libro. Entonces este nuevo libro sería para el público masivo como mi segundo libro.

Igual esta edición no es exactamente igual a la del 2016, le saqué dos cuentos y le agregué uno de terror, “Las solitarias” y tiene la mirada de Julieta Oberman que es mi editora. Entonces en una edición más cuidada, inclusive cambié títulos, saqué epígrafes. Y la tapa la diseñó Juan Cruz, mi hermano, que es director creativo en publicidad; le pregunté si quería diseñar, se prendió y a la editorial les encantó la idea. Es súper disruptiva, y cada uno de los símbolos tienen que ver con algo de los cuentos.

          – Ganaste premios como cuentista (Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires Cuento Inédito 2004/5, el Primer Premio en el XXXVIII Concurso Latinoamericano de Cuento “Edmundo Valdés”, Puebla, México), ¿consideras que el suspenso, la tensión se narran mejor en relatos breves?

       –  Yo en realidad empecé escribiendo poesía y el pasaje de la poesía al cuento me costó muchísimo, porque en la poesía no tenés el corset que tenés en el cuento clásico. Y ojo, que para mí es sumamente difícil escribir un buen poema. Pero ese pasaje me costó, y cuando logré escribir mi primer cuento -que es muy malo, pero que cumple con las reglas del cuento-, me enamoré. Y no me gusta hablar de géneros, pero quizás el cuento es la instancia donde yo me siento más cómoda, porque de hecho si lees Cadáver exquisito puede ser leído como un cuento largo, ¿no?

A mí no me interesa expandirme en cantidad de hojas  y detalles, sino jugar con la economía de recursos, con ese equilibrio que es tan difícil de lograr entre lo que se cuenta y lo que no. Porque me interesa también que el lector trabaje, que sea un lector activo.

De hecho lo que que narrás en los cuentos, en los relatos es tremendo, sin embargo la forma en que lo decís es sutil, casi poético…

        – Es que yo leo continuamente poesía, porque me parece el núcleo, el magma de la literatura, y de hecho cada cuento tiene un registro diferente. No escribo de la misma manera. Para mí la palabra está al servicio de la historia, por ende, un cuento como “Lavavajillas”, está escrito en lenguaje neutro porque yo necesitaba que ese universo sea totalmente artificial, porque estoy hablando de los mandatos artificiales con los que está lidiando la protagonista. O “Rosa bombón” que está escrito de manera imperativa como si fuera un manual de autoayuda o “Infierno” que está escrito con un lenguaje extremadamente barroco y hermético adrede porque yo necesito que el lector cuando lo lee sienta opresión.

El arte de la corrección

         – ¿Cómo y cuándo surgieron estos relatos? ¿Qué Agustina los escribió?

      –   Son cuentos que fui escribiendo a lo largo de los años, de hecho «Roberto» (uno de los relatos más resueltos y sólido del libro) lo escribí a los 19 años. No recuerdo cada uno, pero sí son cuentos muy trabajados, muy pensados.

         – Borges decía que publicaba para no seguir corrigiendo, ¿te tentaste de modificar algunos de los relatos? ¿Cómo fue reencontrarte con ellos?

         – Con Borges coincido 100%, aquello que escribiste lo podés seguir corrigiendo de por vida. Incluso hoy, en esta edición, lo puedo leer y le puedo encontrar errores. Re-encontrarme para mí siempre es muy placentero porque soy una persona muy detallista, entonces me da mucho placer corregir. Por ejemplo, hubo dos cuentos donde encontré errores muy pequeños, casi imperceptibles para el lector que dije: ah, mirá esto lo tengo que cambiar. Son detalles que hacen que los cuentos sean más sólidos.

      –  Estos cuentos son antesala de tu novela premiada, aquella que te abrió y abre las puertas del mundo, y si bien no hay un hilo conductor, sí se vislumbra esa capacidad, ese interés, ese minucioso trabajo de narrar emociones oscuras: la maldad, la envidia, la locura, el desamor, la violencia, el abuso. ¿Con ellos nació tu voz narrativa que sigue presente en vos como escritora?

         – Sin dudas. Lo que yo trabajo o intento trabajar en mi literatura es la denuncia desde distintos focos. En el caso de “Matar a la niña” que fue mi primera novela lo hice denunciando a la iglesia católica o las religiones, y lo intenté hacer con mucho humor e ironía, es como un gran disparate. Y en los cuentos, en su gran mayoría, también intento generar denuncia. En «Roberto», estoy hablando de la pedofilia, ni más menos, y hay gente –no toda- que se ríe hasta que se da cuenta que se está riendo de eso. Lo mismo con “Rosa bombón”. Se lo dediqué a mi familia porque una de mis mejores amigas lo empezó a leer y se río, porque tiene esas cosas sobre referentes de mujeres, pero después se largó a llorar en el final por todo lo que está hablando el cuento, donde estoy denunciando una relación tóxica de una chica que vive a través del novio.

         –  De hecho, mujeres que se cuestionan mandatos sociales y culturales, enmudecidas, mujeres atrapadas, niñas violentadas en ámbitos personales, nos quieren decir muchas cosas en tus cuentos. ¿Qué es necesario para vos poner sobre la mesa desde la literatura?

         –  Me considero una feminista, en deconstrucción y construcción a medida que voy leyendo y de-construyendo cosas que no me había dado cuenta. Porque todos somos hijos e hijas del patriarcado. Y en estos cuentos hay sí una cuestión más intuitiva de denuncia, en cambio en Cadáver hay más una cuestión de consciencia.

Si bien el drama, la tensión, incluso el terror son los ingredientes que crean el clima general de «Diecinueve garras y un pájaro oscuro» hay también una línea luminosa aportada por el humor, que de repente genera una incómoda risa allí donde todo es tremendo. ¿Qué significa para Bazterrica incorporar la distención en su narrativa? También se lo preguntamos.

Horror y humor, tragedia y comedia, en algunos relatos (Techer vs. Nieztche sobre todo), el juego narrativos de conjugar los extremos es una exquisitez. ¿sos de buscar, encontrar, necesitar ese equilibrio en la vida misma?

– Ese es un cuento más de humor, que me pidieron para una antología de fútbol hace muchos años y se lo dediqué a Mariano (su marido) porque él es super fan de Boca. Volviendo a la pregunta, para mí sin el humor es muy difícil vivir. Ya el hecho mismo de pensar que vamos a morir, aunque no nos guste, y no saber dónde vamos -aunque algunos lo puedan creer-, ya es un drama. Y si no tenés humor se hace muy pesada la vida. Yo intento en la diaria tomarme las cosas con humor, reírme de mí misma. Siempre fui muy dramática, si lees mis diarios de adolescente son todos Cumbres borrascosas (risas), pero tampoco uno puede vivir en un subibaja del drama, entonces el humor me ayudó. Además, me parece que el humor tiene esta efectividad, que el lector se está riendo y no le afecta hasta que se da cuenta de cuál es el tema. 

Cadáver exquisito, serie de TV + críticas

    Adaptada a seis idiomas y con la promesa de sumar el holandés (para septiembre), ruso, búlgaro, polaco y sueco para el 2021, Cadáver exquisito sigue abriendo puertas para Bazterrica, incluso en el universo del cine y la TV, ya que una productora mexicana compró los derechos para adaptarla a la pantalla. Proyecto más que esperado por los miles de lectores que aguardan ansiosos ver la distopía ante sus propios ojos.

¿Cómo sigue el proyecto de la versión para TV o cine de Cadáver exquisito?

– La productora renovó para más tiempo y están en eso. No tengo detalles todavía porque el coronavirus atrasó todo. Igual siguen apareciendo propuestas para filmar, hay más de 20, pero ya le dimos los derechos a esta productora.

“Una narración contundente salpicada de sangre” fue lo que dijo The Guardian sobre la distopía, para nombrar algunas de las tantas críticas internacionales, ¿cómo funcionan en vos las miradas de los otros? (presión, orgullo, desafío)

– Trato de agradecer las críticas, pero no lo tomo como algo tan serio. Tenés de todo, buenas y malas, porque hay tantos lectores como gente en el mundo. Por supuesto que hay a quienes no le gustó, y otros a los que no les generó nada, y los respeto. Pero prefiero concentrar las energías en la próxima novela para que sea la mejor y no quedarme en las críticas.

Algo que me dio mucho placer con la novela fue ir a hablar a escuelas, y en una en Bolívar, me pusieron leer críticas malas para ver qué pensaba sobre eso. Y me pareció un super desafío. Pensé y llegué a la siguiente conclusión: las críticas que a mí me sirven son las constructivas, tanto de las positivas como las negativas, ya sean especializada o del lector de Instagram. Las que respeto, pero no me interesan, son las de los haters -que necesitan poner su granito de odio en las redes- y la de los entusiastas que es lo mismo: amo amo todo. Y también respeto -pero no me suman-, la de lectores que no tienen una crítica elaborada, quizás porque no tienen herramientas para hacerla- que hablan más del argumento que de la novela.

-Por último, ¿qué estás escribiendo?

La idea de la novela que estoy escribiendo surgió cuando fui a la Feria de Perú y visité un convento que me impactó mucho, que tenía maniquíes de las monjas. Una cosa rarísima, siniestro todo. La estoy pensando, pero estoy muy lenta y trato de pensar en todas las perspectivas, de investigar. No puedo decir mucho, pero la protagonista es una niña, por el momento. Y en la cuarentena lo que pude pensar fue el comienzo de la historia. 

Florencia Vercellone

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