40 años de Malvinas, libros para pensar la Guerra

A cuatro décadas del desembarco en las islas (se cumplen mañana 2 de abril), desde Babilonia, convocamos a autores/ libreros/ periodistas para que compartan títulos que inviten -según ellxs- a pensar en este hecho que marcó la historia política/social/económica contemporánea de nuestro país. Eugenia Almeida, Fernando López, Eduardo De la Cruz, Martín Cristal y el equipo de La librería nos proponen desde novelas hasta propuestas ilustradas para niñxs, pasando por cuentos, policiales y ensayos.

La Guerra de Malvinas, aquella contienda que comenzó territorialmente en abril de 1982 (antes se había desarrollado en el ámbito diplomático), finalizó pocos meses después y que coincidió con el ocaso del nefasto gobierno dictatorial iniciado en 1976, fue uno de los hechos políticos-militares más importantes de la historia argentina contemporánea. 

Desde hace 40 años, tanto quienes sufrieron en carne propia el enfrentamiento y pudieron sobrevivir, como las millones de personas que habitaban (habitábamos) el país, intentan (intentamos) revisar las voces que han quedado sobrevolando desde entonces buscando entender los errores, iluminar los crímenes para hacer justicia y también para reparar el daño cometido.

 

Y desde hace 40 años, corriendo en paralelo, la literatura argentina ha ido reproduciendo de manera casi sorprendente, relatos, testimonios, historias de vida o ficciones (Los Pichiciegos y el cuento Primera línea fueron creadas genialmente en 1982 mientras se sucedía la guerra), con el mismo objetivo: desenredar la memoria de una sociedad para reconstruir el pasado y visualizar el presente. 

De a poco y con el correr de los años novelas, cuentos, ensayos, análisis comunicacionales y políticos, nouvelles, han hablado (y hablan) de Malvinas, y sus autores han sido –o son- hombres y mujeres pertenecientes a la generación que fue testigo lejano del hecho como así también sus mismos protagonistas.

 

Desde Babilonia, conmemorando esta fecha, decidimos convocar a autores, libreros y periodistas para que hagan un ejercicio lector con nosotros y nos regalen 3 títulos que sirvan para pensar/reflexionar sobre la Guerra del Atlántico Sur. 

Algunos nombres, como el inolvidable trabajo de Rodolfo Fogwill, Los Pichiciegos, o el multipremiado “Las islas”, de Carlos Gamerro se repiten, pero también aparecen otros, sumamente valiosos, que invitan, cada uno desde sus lugares, a observar un hecho que sigue doliendo en el cuerpo de nuestro país.

Los elegidos de Fernando López

Fernando López, escritor cordobés, autor de policiales y de la novela “Arde aún sobre los años” (reeditada por Recovecos, se presentará el próximo jueves 7 en nuestra ciudad), que justamente aborda el contexto de Malvinas desde la vivencia de un grupo de jóvenes adolescentes en el interior del interior argentino, es uno de los convocados para esta nota.

Consultado, López no duda en reconocer que “en algún momento” pensó en que “no había una literatura abundante sobre la guerra de Malvinas”, y que el tiempo se encargó de demostrarle lo equivocado que estaba y que –incluso- “en el llamado Reino Unido también la había, desde otra perspectiva”.

De todo ese universo, dice, se queda con tres títulos –aunque luego sumará algunos como yapa-:

“Kelper”, de Raúl Vieytes (1999, 1ª. mención del premio Clarín), una novela negra que se desarrolla en las islas Malvinas hacia fines del siglo XX. “El narrador -quien cuenta la historia en primera persona- es un kelper que ama sus islas y considera el reclamo argentino como una injusticia. El hombre es un patriota, un nacionalista, que rinde tributo y se considera súbdito de la reina de Inglaterra”.

“Las islas”, de Carlos Gamerro (1998,Edhasa). Su principal personaje, Felipe Félix, es hacker y ex combatiente de Malvinas: la conjunción de ambos atributos lo vuelven la persona adecuada para una tarea en apariencia riesgosa pues quien lo contrata es Fausto Tamerlán, hombre del poder, multimillonario, cuyo hijo ha cometido un homicidio.

Y la tercera, la infaltable “Los pichiciegos” (1983) de Fogwill, «la primera de todas, una ficción escrita mientras el cielo de Malvinas tronaba amenazante».

Muchas historias giran en torno a esta novela. Que fue escrita en menos de una semana, que su autor la terminó con varios gramos de cocaína encima y que antes de llegar a ser publicada, fue leída con asombro –como manuscrito- por el universo intelectual y cultural de Buenos Aires de los ´80. Lo cierto es que con o sin misterio de por medio, el relato sobre el grupo de soldados argentinos que se esconde en una cueva de las islas buscando sobrevivir tanto del enemigo como de los mandos militares, se ha convertido en una trama de culto en la literatura nacional. ¿Las razones? Muchas (la voz narrativa, la tensión en sus personajes, la contundencia de su lenguaje) y una que pesa por encima de todas, haber sido creada mientras la guerra estaba sucediendo, sin tener la mas mínima información sobre cómo se libraba la contienda, ya que los medios nacionales manejados por la Dictadura ocultaron la derrota hasta que fue imposible solaparla.

Los elegidos por Eugenia Almeida

La escritora, periodista, docente, bibliotecaria cordobesa también se sumó al pedido de Babilonia. La autora de excelentes novelas como “El colectivo”, “La tensión del umbral” (ambas de Edhasa) o el ensayo “Inundación” (DocumentA/ Escénica), elige para la ocasión justamente dos libros de no ficción + una novela coral, como ella describe, sobre la vida de un joven que va a la guerra y jamás vuelve, convirtiéndose en una soldado desconocido.

 

“Relatos de Malvinas. Paradojas en la representación e imaginario social”, de María Semilla Durán y otros (Eduvim), trabajo que se emparentará luego con la propuesta de Eduardo de la Cruz (mirar más abajo), desde una mirada docente y ligada a la comunicación.

“Este libro”, dice Almeida “es especialmente valioso porque pone en juego diferentes miradas sobre los discursos sociales que abordan la temática de Malvinas. Un grupo de académicos analiza y desmenuza discursos literarios, periodísticos y cinematográficos referidos a las Islas. Compilado por María Semilla Durán -doctora en Filología Hispánica y en Estudios Ibéricos, argentina residente en Francia– el libro permite conocer posiciones muy diversas y, en ese gesto, abre el campo de la mirada”.

 

En la misma línea, de la excelente periodista argentina Leila Guerriero, Almeida suma “La otra guerra”, libro publicado por Anagrama el año pasado. “Una crónica impecable que aborda parte de la historia del cementerio argentino en Malvinas. Leila Guerriero va sumando piezas para construir un tapiz que muestra de qué modo las guerras tienen efectos inconmensurables. Un libro brevísimo e indispensable. Quizás una de las mejores puertas de entrada para pensar en lo que pasó después de la guerra, cuando otras guerras (más silenciosas, más invisibles) comenzaron”.

Y por último, de la biblioteca de narrativas, nos propone “Para un soldado desconocido” (Adriana Hidalgo), de Federico Lorenz. Así la presenta Almeida: “Una novela coral construida sobre voces que dan forma a un ausente. Un chico de diecinueve años que cuando fue enviado a la guerra tenía nombre. Un chico que dejó la vida en las Islas, donde fue enterrado como «soldado desconocido». Haciendo un ejercicio de su oficio de lectora, Eugenia nos regala la siguiente observación: “El nuevo libro de Federico Lorenz dialoga -desde el campo de la ficción- con «La otra guerra», de Leila Guerriero. Es un ejercicio interesante leer uno y después el otro y dejar que esas voces nos hablen de ciertos matices de la guerra que aún hoy permanecen silenciados”.

Los elegidos de Martín Cristal

Cuentista, novelista – algunos de sus libros son “La casa del admirador” (Ed. Del Boulevard), “Mil surcos”, “Las ostras”, “Las alegrías” (las tres de Caballo Negro)-, referente de nuestra literatura contemporánea, Cristal rápido responde también al llamado de Babilonia y apunta una lectura “ineludible”:

“Los Pichiciegos”, de Fogwill, “por su urgencia y por lo certero de su mirada, pese a haber sido escrita en simultáneo con la guerra” y luego también “Las Islas”, de Gamerro, porque profundiza el tema y lo expande (en forma delirante y arborescente, a lo Pynchon), situando a los ex combatientes 10 años después de la guerra.

Por otro lado, suma un interesantísimo relato, escrito en el contexto bélico e incluso premiado en aquel momento por próceres de la literatura como Jorge Luis Borges y José Donoso ya que este cuento ganó la distinción principal en el Primer Certamen de Cuento Argentino en 1982. Hablamos de «Primera línea», de Carlos Gardini (luego publicado por Sudamericana en 1983 junto a otros relatos de su autoría).

Dice Cristal sobre el libro: “Más afincado en la ciencia ficción (que, como sabemos, parece siempre sobre el futuro, pero habla del presente), el cuento sigue a un combatiente herido en combate, progresivamente deshumanizado por la prostética y el trauma bélico”.

Este relato se centra en la vida de Cáceres, un soldado combatiente en una guerra indeterminada (que el lector ubica por coordenadas y referencias a la Guerra de Malvinas), que por estar en el frente de batalla será víctima de mutilaciones en las extremidades de su cuerpo. Sin embargo, Cáceres no morirá y cuando despierte del terrible suceso, el Estado le ofrecerá ser parte del proyecto MUTIL (Móvil Unitario Táctico Integral para Lisiados), convirtiéndose en un ciborg para volver a combatir. Lo que algunos pensadores denominan el “biopoder” tan común en el S.XXI, dice presente en un relato escrito en caliente durante los meses que duró la guerra.

Los elegidos de Eduardo de la Cruz

Docente universitario, comunicador, “agitador cultural” como le gusta presentarse, Eduardo De la Cruz revisa su biblioteca con gusto y agrega tres libros que invitan -según él-, “a desandar el pasado y permiten pensar el presente contemporáneo”.

En primer lugar un relato a bordo de un barco durante el tiempo de la guerra, luego una propuesta de no-ficción para analizar los discursos mediáticos de la época atravesados por política dictatoriales y, por último, una novela encriptada ubicada a puertas adentro de una institución educativa que desarrolla una trama cerrada y asfixiante  que sirve como analogía de lo que ocurría afuera en la sociedad allá en 1982.

“Los viajes de Penélope”, de Roberto Herrscher (Tusquest, 2007), dice De la Cruz, “nos propone a un viaje por la historia, por la cartografía de las Islas con el plus de que el narrador además fue combatiente de la Guerra de Malvinas”.

Como preámbulo de este libro, debemos decir que en mayo de 1982 la Armada argentina decomisó la goleta malvinense Penélope, a la que asignó siete tripulantes, entre ellos Roberto Herrscher, de 19 años –el autor-, único conscripto del grupo. Durante un mes, Herrscher vivió la guerra a bordo del ‘barquito’, ignorando que se hallaba en una nave histórica. Años después, Herrscher siguió la estela del barco más pequeño y antiguo que participó en la guerra de Malvinas. Con el nombre de Feneland, el Penélope, había sido construido para la expedición a la Patagonia del alcinán Gunther Pl ¼schow, un héroe de la Primera Guerra Mundial. En 1929, el Feuterland fue comprado por un malvinense que lo rebautizó Penélope. En Buenos Aires, Malvinas y Alemania, Herrscher reconstruyó la fascinante historia del Penélope, pero también la vida de los malvinenses desde la guerra hasta la actualidad, ha buceado en el pasado del nacionalismo alemán anterior al nazismo, se ha reencontrado con los fantasmas de la guerra y su propia historia.

 

Desde el análisis periodístico, suma “Malvinas el gran relato”, de Lucrecia Escudero (Gedisa – 1996), escritora rosarina y semióloga por la Universidad de Bolonia, bajo la tutoría del gran Umberto Eco (de hecho el prólogo de este libro es del autor italiano). “Desde la mirada ensayística y de las ciencias sociales para observar cómo los medios de comunicación informan/ construyen la narrativa informativa de una guerra”, dice De la Cruz, “el caso Malvinas es paradigmático en muchos sentidos y sirve para mirar las guerra informáticas cotidianas”.

Y para cerrar, la sólida novela “Ciencias morales”, de Martín Kohan (Anagrama, 2007). “El autor sitúa la historia de ese Colegio Nacional en el marco de una guerra que actúa como telón de fondo de los acontecimientos que suceden dentro y fuera del establecimiento educativo. La guerra como ese discurso normalizador de un tiempo gris”, destaca De la Cruz.

 

Ciencias Morales tiene como protagonista a María Teresa, joven (inexperta, sumisa) preceptora del Colegio Nacional de Bs. As. Su jefe, el señor Biasutto, le reveló en su primera entrevista la actitud que convenía adoptar con los alumnos. Una mirada alerta a la que no se le escapara nada pero que no fuera evidente, para no poner sobre aviso a los estudiantes. Quizá la mirada del perverso, o del carcelero, o del amo. Y cuando María Teresa, persiguiendo un vago, quizá inexistente olor a tabaco, comienza a esconderse en los lavabos de los chicos para sorprender a los que fuman y llevarlos ante la autoridad, y poco a poco hace de ello un hábito oscuramente excitante, su suerte estará echada.  Porque extramuros de ese colegio donde estudian y han estudiado las futuras clases dirigentes, hay otro mundo, hay un país que acaso se le asemeja.

Los elegidos de La librería

Por último, quienes se sumaron al convite fueron los chicxs de La Librería, hermoso local ubicado en Lavalleja 35, frente a La Cañada, en pleno centro de Córdoba.

Paola y Martín seleccionan de los estantes en primer lugar una propuesta ilustrada para niñxs que proviene de un ex combatiente, luego un interesante y original ensayo que hilvana la guerra con el estudio de la música, y por último, una crónica que invita a pensar ese vínculo con las islas, un territorio absolutamente desconocido para cualquier argentino.

“Cómo yo gané la guerra”, de Pepe Angonoa/Ilustraciones Javier Solar. Editorial Eduvim. “Angonoa es dibujante y humorista cordobés  que, además, es veterano de guerra. Desde su perspectiva, relatando acontecimientos vividos en carne propia, el autor presenta su versión de la guerra contada desde el formato cómic sin perder el humor en un tema tan complejo como Malvinas. Para el autor, el humor fue un modo de escapatoria y confrontación al dolor y, como menciona en algún momento, al absurdo que se supone el concepto de guerra.

Un hecho interesante relatado dentro del libro es cuando Angonga cuenta que, estando en las islas, tuvo la posibilidad de seguir dibujando a pesar de las circunstancias”.

“Escuchar Malvinas”, Esteban Buch/Abel Gilbert (compiladores). Editorial: Gourmet musical. “Este libro propone extender la historia cultural del conflicto a la cultura de guerra de los civiles, a partir del estudio de la música, de quienes la producen, y de quienes escuchan. La propuesta del autor es presentar a la música (desde los sonidos de marcha durante la guerra hasta el legado del rock nacional) como una herramienta necesaria al momento de repensar la historia, permitiendo  enriquecer y abrir nuevos caminos de aquello tan estudiado y charlado entre ciudadanos con una historia que no debe ser olvidada”.

“Soñar con las Islas. Una crónica de Malvinas más allá de la guerra”, de Ernesto Picco. Editorial: Prohistoria ediciones. “Podría definirse como una excelente crónica viajera del autor en su esfuerzo por conocer y comprender las Malvinas habiendo nacido después del conflicto, indagando sobre todo en la vida de los isleños, en cómo viven y que es lo que ha quedado de la guerra en aquella comunidad. Picco inicia su crónica preguntando  «¿Por qué estamos tan pendientes del lugar y no sabemos nada de las personas que viven en él?», y es aquella inquietud la que da forma a este libro, en búsqueda de identidades y relatos que le den rostro al presente de las Islas Malvinas”.

Florencia Vercellone

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