Una obra literaria que reconstruyó nuestra Historia y que hizo historia

Se cumplen 30 años de la primera edición de “Como vivido cien veces”, la novela de Cristina Bajo que dio inicio a la saga de los Osorio y a su carrera literaria.
De la mano de Babilonia hicimos para la Feria del Libro de Córdoba el #BajoFest, un evento-homenaje destinado a los fans de este relato fascinante que se mete de lleno en la Córdoba de la primera mitad del siglo XIX.
Para producir esa actividad, tuvimos una serie de encuentros con Cristina que quedaron plasmados en un material audiovisual que da cuenta del valor incalculable de esta gran autora y de su obra.

Por Fernanda Pérez 

“A los editores no les gustaba el título, pero yo me mantuve firme. La novela tenía que llamarse así, Como vivido cien veces”, afirma Cristina Bajo quien elige su escritorio como escenario para el material audiovisual que queremos producir para el #BajoFest, evento programado para la Feria del Libro de Córdoba 2025.  

En Babilonia siempre encontramos una excusa para juntarnos a charlar con ella, o más bien para escucharla. Es que si la saga de los Osorio es una sucesión de eventos que no dan respiro, la vida de esta gran autora cordobesa no dista mucho de las peripecias que atraviesan sus personajes. “Cuando empecé a escribirla me identificaba con Luz, pero ahora me siento más cerca de Misia Francisquita”, afirma con su habitual humor y lucidez. Y eso nos lleva a recordar la excusa: se cumplen 30 años de la primera edición de “Como vivido cien veces” y queremos homenajear al libro, a la saga y a la autora.

De esta manera, el primer tributo llegó de la mano del #BajoFest que tuvo lugar el domingo 5 de octubre y que fue diseñado como un evento “solo para fans”. Cristina ya nos había advertido que sale poco y nada, y no quisimos presionarla para que estuviera presente. Por eso creamos una propuesta con juegos, abordajes  y aportes -de manera remota- de la propia Bajo. El evento dejó al descubierto algo que ya sabíamos: esta creación literaria lleva la marca de los clásicos.

Por eso si se les pregunta a los fans sobre cuáles son las escenas más conmovedoras de la saga, no tardan en rememorar la muerte de Calandria o de Severa, o quizás la de Mercedes (esposa de Farrell). Si de parejas protagónicas se trata, los team están dividido: Laura y Robertson vs. Luz y Harrison (aunque vale admitir que varias prefieren a Gaspar Indarte). Puede que se olviden de algún nombre pero no de las escenas, porque estos cinco tomos han narrado como pocos esa primera mitad del siglo XIX de Córdoba y del país.

La rigurosidad histórica, la simplicidad y contundencia de la narrativa, el acierto en las voces y modos de los personajes, lo novelesco de las hazañas, y los detalles sutiles pero contundentes, nos trasladan de lleno a esa época donde un país dividido y golpeado sufre, se cae, se levanta, pelea, resiste y ama.

Antes de Cristina Bajo, la novela histórica asomaba de manera muy moderada con algunas excepciones como “El general, el pintor y la dama” de María Esther de Miguel. Pero después de “Como vivido cien veces” el género ganó terreno, copó las librerías, captó la atención de los lectores y de la crítica. Además puso a Córdoba en la escena literaria. De pronto los sellos nacionales y multinacionales descubrieron que en este “interior” también había voces que debían ser escuchadas porque daban cuenta de una Historia más allá de los límites de Buenos Aires.

Es imposible pensar en el surgimiento de muchas otras referentes de la narrativa histórica sin la existencia de Cristina Bajo y sus Osorio. Por eso se puede decir que “Como vivido cien veces” es de esos libros que hicieron un clivaje y que llegaron para quedarse.

La historia detrás del libro

Cristina es una mujer franca y frontal. De esas que no están intentando agradar a todo el mundo. No duda en manifestar lo que le molesta; o poner límites cuando algo no le cierra. Paralelamente es cálida y generosa con aquellos a los que quiere y respeta. No le interesa ser parte de ningún círculo o élite, ella es más bien la creadora de de círculos. Imposible olvidar sus veladas con invitados de todos los sectores culturales donde desplegaba con destreza sus dotes de anfitriona. (¿Nos creen si le decimos que las coordinadoras de Babilonia nos conocimos ahí? Casi sin querer este proyecto se gestó en ese living de biblioteca prodigiosa, de objetos que sobreviven al tiempo y de gatos que ronronean y se adueñan de los sillones).

Es que la casona de Cristina tiene vida propia, en el corazón de un predio que guarda sus misterios y fantasmas. Cristina narra con naturalidad sus experiencias fantasmagóricas a las que exorciza en base a oraciones  (por momentos se asemeja a “El Payo”, su gran personaje masculino, que acudía a los rezos más por superstición que por religiosidad).

Esta mujer de piel de porcelana, que trabaja y vive de noche, y que duerme hasta avanzadas las horas del día, asegura que “Como vivido cien veces” marcó para ella el inicio de una segunda vida. “Cuando salió el libro yo estaba mal de salud y mal económicamente”. Para ese entonces había perdido su librería, su casa de ropa artesanal y había tenido un incidente de salud bastante complejo. Pero, allí estaba la literatura que – más tarde o más temprano- siempre es una tabla de salvación. Y también estaban Javier Montoya y Silvina de Ediciones del Boulevard, quienes creyeron fervientemente en ese libro. Por eso, aunque muchos les decían que editaran no más de 100 ejemplares, se atrevieron a largar con una tirada de mil. Una verdadera locura para la época y para un sello local. 

Los primeros libros salieron con una especie de pre venta entre conocidos (décadas después se le llamaría crowdfunding), y entonces nació la leyenda: a los pocos días se agotaron esos 1000 ejemplares, y vinieron más, muchos más. “Yo me acuerdo que decía: ´Dios mío solo te pido una edición más´. Y entonces salía la segunda. Y cuando se agotaba esa segunda volvía a mis ruegos: ´Dios mío solo te pido una edición más’ … Y así”. Cristina sonríe mientras recuerda que entre ruego y ruego, con Ediciones del Boulevard llegaron a las cuatro ediciones, lograron captar el interés de la prensa nacional y también de los sellos nacionales y multinacionales.

Luego vino todo lo demás: las obras independientes “El jardín de los venenos” y “Tú, que te escondes”; y obviamente las cuatro entregas de la saga: «En tiempos de Laura Osorio», «La trama del pasado», «Territorio de penumbras» y «Esa lejana barbarie». Llegaron también los libros de leyendas y otros títulos que reúnen artículos que dan cuenta de esa Cristina que creció en las sierras, junto a hermanos y padres que fomentaron el arte y la lectura. 

Ella no es solo una gran autora sino una voraz lectora. Lee en formato físico y digital. Sabe de autores de todos los tiempos, incluso de esos contemporáneos que escriben en estilos y géneros que poco y nada tienen que ver con ella. Ve películas y series, y es dueña de una memoria prodigiosa. Es además una gran docente que aún mantiene activo sus talleres. Disfruta de la buena comida, del buen beber y de la compañía. Y tiene tantas anécdotas que hacerle una visita breve es casi imposible.

Pasiones y anécdotas

De esos encuentros surgió este material audiovisual, casero, espontáneo pero valioso para entender ese universo que cobija a Cristina (o quizás ese universo que Cristina cobija, algo así como «el guardián del último fuego» leyenda que alguna vez rescató en sus escritos). 

El clásico cordobés 

Italo Calvino tiene un texto maravilloso sobre porqué un clásico es un clásico. Dice que un clásico es aquel libro que con cada relectura ofrece una sensación de descubrimiento como la primera vez. Es ese libro que nunca agota todo lo que tiene que decir a sus lectores. Y también dice muchas otras cosas más que parecen encajar muy bien con la saga de los Osorio.

Sin embargo, hay algo que excede a todo análisis, y es que un clásico lo es cuando sus personajes se vuelven cercanos -o tal vez familia- y sus historias inspiran para quedarse selladas para siempre en nuestro corazón lector.

¡Larga vida a los Osorio y su genial creadora!

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