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«Todo lo concerniente a los antiguos romanos me resulta fascinante»

El escritor cordobés Luis Carranza Torres sacó recientemente su nueva novela «Germanicus. Entre Marte y Venus» con la que regresa al escenario de la Antigua Roma. 

El año pasado, y en pleno contexto de pandemia, el escritor cordobés publicó con editorial Vestales «Germanicus», una atrapante novela que nos trasladaba a la Antigua Roma, en tiempos de gladiadores. Esa historia dejaba algunos cabos sueltos para seguir indagando, y el autor decidió entonces lanzar «Germanicus. Entre Marte y Venus» que vuelve sobre esa época y que sigue los pasos de algunos de sus personajes. 

Ambos libros funcionan como una especie de saga, y muestran la versatilidad de Carranza Torres para ahondar en distintas épocas y periodos. 

El escritor dialoga con La Mañana y comparte algunos detalles de su nuevo título, ya disponible en librerías de todo el país. 

-Esta novela continúa el relato ya iniciado en “Germanicus. El corazón de la espada”. ¿Cómo se relaciona una novela con la otra?

-Te diría que son de mis libros, los que están más relacionados. Mi recomendación es que para apreciar toda la saga, en sus distintos pliegues, lo mejor es leerlos a los dos y en el orden que aparecieron. Primero El Corazón de la Espada y luego Entre Marte y Venus. 

¿Qué te motivó a seguir trabajando sobre ese escenario y contexto, la Antigua Roma?

-Muchos lectores entendieron, tras leer el primer Germanicus, que la historia debía seguir. Cuando lo vi al tema, me di cuenta que había un camino más que se podía recorrer. Bastante terrible por cierto, mucho más incluso que el anterior. Así surgió Entre Marte y Venus.

Todo lo concerniente a los antiguos romanos me resulta fascinante. Son hechos que pasaron hace muchos siglos, pero tienen una tremenda actualidad. Como dijo alguien que leyó el borrador: «estas cosas no son de hace mucho, es tal cual lo que pasa hoy». Roma tiene ese rasgo al que es difícil de sustraerse. Nos vemos reflejados a cada paso en ellos.

En la novela estamos un poco después del año 90 de nuestra era, ya no únicamente en Roma, sino que además de esa ciudad de poco más de un millón de habitantes (el mundo no conocerá otra así hasta Londres en el siglo XIX), nos extendemos por el Imperio. Vamos al «limes germánicus», con sus poblaciones fronterizas y puestos de defensa para resguardar la siempre belicosa frontera con los bárbaros y aun nos aventuramos más allá, en tales tierras y aldeas de la Germania Magna.

También gran parte de la trama sucede en las aguas inmensas del Nostrum Mare, como le decían por entonces al Mediterráneo, nunca demasiado tranquilas. Y en tanto pasan cosas en ambos lugares, en la capital del imperio, poblada de intrigas y de peligros, se juega el destino de un imperio y de un emperador. 

 –Ahora ya adentrándonos en la trama, ¿qué nos podrías contar sobre los protagonistas: Publio Valerio Aquilio y Kendrya?

-Son dos personas con muchos valores pero también, mucho orgullo, dominantes. Y por encima de todo, dos guerreros que se destacan naturalmente. Claro que cada uno es el punto débil del otro.

Son también, más allá de la espada, dos seres que amaron al otro y que también fueron dañados por ese otro. No se trata de una relación idílica, tienen su deber y haber. Son dos personas con cuentas pendientes, que hacen como que no existiera esa deuda, pero el destino les tiene reservado una paradoja tan impresionante como cruel para saldar el asunto. Para usar un concepto de Carl Jung hay una sincronicidad entre ellos de la que no van a poder huir por más que quieran o se hagan los disimulados. 

Claro que la tercera en discordia, Valeria Aquilia, va a afanarse para que esa cuenta impaga, se cobre a su favor.  

-¿Cómo juega en la trama argumental ese enfrentamiento entre “Venus” y “Marte”?

-Son las deidades que mejor representan los impulsos básicos de la vida de los seres humanos. En la mitología romana Marte era el dios de la guerra, la virilidad masculina, la violencia, la pasión, la sexualidad, la valentía, del horror y victoria en las guerras. Venus era, por su parte, la diosa del amor, de la femineidad, de la belleza y la fertilidad. Me gustó contraponer un sentimiento que construye (como el amor) al lado de otro que destruye (como el odio).
Viven, los personajes, todos ellos, entre el placer y el deber, entre perdonar o castigar, y, en el caso de Publio y Kendrya en particular, entre lo que deben ser y aquello que quieren.  

 –¿Cómo fue el proceso de investigación para esta novela?

-Bastante difícil, sobre todo por la pandemia. Lo bueno es que muchos archivos están digitalizados y los podés consultar desde casa. Quise ser lo más detallado posible respecto de la vida diaria de la época para que el lector se sintiera transportado allí, que lo viviera con sus cinco sentidos, que hubiera además de las descripciones de lugares o costumbres, los aromas, las texturas, los sonidos de esa Roma.

Otro de los desafíos fue el mantener la tensión de la trama sin alejarme de la verdad histórica en materia de hechos o costumbres. No pocos aspectos de los romanos hoy continúan siendo materia de hipótesis, pues no era una sociedad tan «escrita» digamos como la nuestra, sobre todo en sus primeros tiempos. Por ejemplo, todo lo que tenemos respecto a las gladiadoras son cinco o seis párrafos en diversos escritos o monumentos.

Eso lleva a que como autor deba tomar ciertas decisiones, conforme a la información que se tiene. También hay  imaginación en diseñar ciertos aspectos, pero siempre dentro de lo que muestran las fuentes históricas.  

¿La idea es hacer una saga con estos relatos de la Antigua Roma? ¿Ya estás pensando en alguna nueva historia?

-No por ahora. Me encantaría, siempre que surja una buena historia para contar. Como te dije es una civilización que me apasiona, pero la nueva novela en la que estoy trabajando está ambientada en el siglo XX. 

 –¿Cuáles son los principales temas que aborda “Germanicus. Entre Marte y Venus”? 

-Sobre todo, la identidad y cómo no puede haber un proyecto de vida negándose a ser uno lo que realmente es. Se puede lograr todo bajo una máscara, salvo estar conforme con uno mismo. También quise mostrar los siempre complejos mecanismos que llevan a que una persona realice un acto de valor o a que cometa una traición.  En definitiva, es la historia de un amor difícil entre seres tremendamente opuestos, pero con sentimientos que los atraen igualmente intensos.

 

Fernanda Pérez

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