Alma Delia Murillo, escritora de “Raíz que no desaparece”, pone sobre la mesa una temática tan cruda como necesaria: las desapariciones forzadas a lo largo y a lo ancho de México. En su novela, Alma Delia nos cuenta sobre Marcos y su mamá Ada: una historia de búsqueda a través de lo onírico.

Por Carmela Laucirica
Hay quienes buscan a sus hijos e hijas desde hace ya mucho tiempo, y en Argentina les llamamos “madres” y “abuelas de Plaza de Mayo”. Pero tras leer “Raíz que no desaparece”, lo que como país resumimos en “Memoria, Verdad y Justicia” viaja y se posa sobre el pueblo mexicano, casi como un espejo que nadie quisiera tener que mirar.
Porque acá fue el terrorismo de Estado, y allá es el ausentismo del mismo, pero en ambos casos la falta es la misma: miles y miles de hijos e hijas que siguen sin aparecer. En el caso de Argentina, hablamos de 30.000 -y más también-. En cuanto a México, 120.000 y contando…
Y para que estas atrocidades no pasen desapercibidas, la literatura opera como herramienta de denuncia y resistencia. Tal es el caso de “Raíz que no desaparece”, una novela mexicana escrita por Alma Delia Murillo, también autora de títulos como “La cabeza de mi padre” y “El niño que fuimos”.
Murillo pone sobre el papel la labor de Ada: una mujer “huérfana de hijo” que lo sueña cada noche y con esos sueños guía su búsqueda. No está sola, porque como acá hay madres y abuelas de Plaza de Mayo, allá hay Madres Buscadoras y otro sinfín de organizaciones.
Investigación periodística y literatura convergen para que la propia autora se posicione como personaje y narradora, y así relatar lo que se vive en México en torno a las desapariciones forzadas. No únicamente desde su propia mirada, sino desde los ojos de Ada, los de Julián (un empleado de la Fiscalía), y también desde los de Maricela (hija de Ada y hermana de Marcos). Desde el inicio de este libro, se puede ver cómo la autora ya no podrá despegarse jamás del tema.

Además de cronicar la búsqueda de Marcos, Alma Delia repara en cómo los árboles que crecen en Ciudad de México de algún modo operan como lo harían las equis en un mapa del tesoro, aunque en este caso el hallazgo no sea para nada un premio. Si decidiéramos visitar la ciudad en cuestión, la Glorieta de las y los Desaparecidos, ubicada en el emblemático Paseo de la Reforma, sería un lugar necesario de visitar para ilustrar esta novela en carne propia.
En esta historia también podremos ver cómo la lucha contra el paso del tiempo es clave. ¿Nos suena de algún lado? Nuevamente, de nuestras madres y abuelas de Plaza de Mayo. En el caso de Alma Delia y Ada, esta última sufre de Alzheimer y ambas intentan ganarle como en una carrera, para que la mamá de Marcos no muera sin antes encontrar a su hijo.
En esta novela todo habla: los sueños, los árboles, las madres. Todo menos el Estado, que acumula expedientes y empleados taciturnos sin contar ya cuántos hay. Pero no hay que cometer una injusticia, porque no nombrar a Julián como excepción a esa regla sería poco sensato. Si bien no es el personaje principal, en el relato de Alma Delia Murillo él nos dará más de un motivo para reflexionar.

Sin capítulos ni subtítulos, esta obra es de ágil lectura, pero no por eso liviana. Se trata de un texto que se suma a un reclamo colectivo y lo hace sin medias tintas: en México están desapareciendo personas y hay que denunciar cada caso. Ada y Marcos son un ejemplo de un amplio grupo de familias que hasta el día de hoy, siguen buscando…