«Quería darle voz a quien históricamente no la tuvo; como un acto de justicia poética». 

En “Ana, la fundadora”, la escritora argentina narra la experiencia de vida de la única mujer que fue parte de la expedición de Juan de Garay en el desembarco definitivo a Buenos Aires en el Siglo XVI. Un nombre olvidado por la historiografía, rescatado en este libro no solo para poner en valor el coraje femenino en tiempos de conquistas, sino para reconstruir -a partir de la ficción- los inicios de lo que se convertirá en nuestra gran metrópoli.

A veces ocurre que la escritura surge de construcciones absolutamente propias, deseos íntimos, quizás emociones que pasaron  y se quedaron en el cuerpo u, acaso, de observaciones absolutamente impregnadas de nuestro estar en el mundo. Así los escritores confeccionan escenas, diálogos y personajes que no existen nada más que en su imaginación. 

Durante años, Mercedes Giuffré creó un universo ficcional para su propia invención: el detective Samuel Redhead, un inolvidable médico cirujano mitad español- mitad escocés, que resolvía oscuros crímenes en la Buenos Aires del siglo XIX; un personaje absolutamente original dentro del género de la novela histórica argentina, que le brindó a éste la posibilidad de coquetear con el policial y el suspenso deleitando así a miles de lectores en sus cinco entregas: Deuda de sangre (2008), El peso de la verdad (2010), El carro de la muerte (2011), Almas en pena (2017) y La asonada (2023).

Sin embargo, dice Mercedes, con la templanza y la serenidad que la caracteriza, que después de una escritura abocada -sobre todo a Redhead- con excepción de «Los olvidados» y dos biografías noveladas, hacía rato que necesitaba algo que la volviera a asombrar para sentarse a escribir. Algo que la llevara a sentir el oficio con un anhelo renovado.

Y también dice, honesta, que esta vez, eso que buscaba no surgió de su propia invención, sino de la propuesta de su editora, quien la invitó a revisar la vida de una persona casi desconocida para la historia oficial e ignorada absolutamente por la literatura: Ana Díaz, la única mujer que había llegado con la tripulación de Don Juan de Garay para la fundación definitiva de Buenos Aires, allá por el 1580.   

Dice, también Mercedes, que los desafíos fueron muchos. Entre ellos, dejar de lado las investigaciones históricas del SXIX en las que se había sentido cómoda para la saga histórico policial, para prender las luces de una época con muchos menos registros testimoniales y fuentes directas. Sin embargo, sabemos que Giuffré adora los retos, y fue por eso que tomó la apuesta, quizás vislumbrando que esa mujer era lo que estaba necesitando para “reactivarse”. 

 

A pocos meses de su publicación en diciembre de 2025 y a días de su presentación en Buenos Aires en la Feria Internacional del Libro, Mercedes dialogó con Babilonia y contó acerca de esta hermosa novela. 

– La historiografía que respalda toda la novela es asombrosa, sobre todo teniendo en cuenta la lejanía y el escaso material testimonial sobre esa segunda fundación de Juan de Garay. Lo primero que me inquieta preguntarte es: ¿Ana Diaz fue una mujer que vos buscaste por investigaciones anteriores y que querías narrar o -en cambio- fue alguien que llegó a vos mientras buscabas otra cosa? ¿Por qué hablar de ella y no de otra mujer en la historia del Virreinato?

– Las mujeres de la Conquista han sido para mí figuras fascinantes y enigmáticas. Tanto Lucía Gálvez como el historiador jesuita Guillermo Furlong y otros se ocuparon de ellas. Desde que leí esos trabajos, hace décadas, pensé que sería interesante novelar alguna de esas historias; aunque la escritura me llevó por otros derroteros, y me centré principalmente en el siglo XIX. Hasta que un día me convocó quien hoy es mi editora, para preguntarme si me gustaría escribir sobre Ana Díaz, la protagonista de Ana, la fundadora. Ella fue quien me acercó al personaje histórico. En ese momento yo estaba en un impás, después de escribir y publicar la última novela de la serie histórico-detectivesca de Samuel Redhead, que transcurre en mi zona de confort que es el siglo XIX.

Y resultó ser justo lo que necesitaba para reactivarme: salir de esa época y volver al antiguo proyecto de novelar la historia de alguna de las bravas y valientes mujeres del siglo XVI que la historia e incluso la literatura apenas tuvieron en cuenta.

– Una vez que tuviste la protagonista y también su historia, ¿por qué elegir escribir en primera persona? ¿Qué te ofrecía esa voz de Ana y su registro personalísimo?

– Cada novela tiene su música interna, su ritmo y su voz narradora. Encontrar estas tres cosas lleva tiempo. Sin embargo, en el caso de Ana, la fundadora, desde el inicio mismo del proyecto supe que era la protagonista la que debía contar su propia vida. Quería darle voz a quien históricamente no la tuvo; como un acto de justicia poética. 

Hay algo que resulta muy interesante al leer la novela de Giuffré y que tiene que ver en cómo esa mujer de carne y hueso se convierte en personaje/heroína a través de la novela, atravesando también un contraste en lo que ella misma fue para su época, en cómo la veían los hombres, las mujeres, su hermano, hija, etc y lo que nosotros observamos al leerla, 400 años después. 

– ¿Cómo fue para vos trabajar con esas perspectivas? ¿Qué mirada tuviste desde que la conociste hasta que pusiste punto final al libro?

-Para construir al personaje de Ana Díaz, a partir de las pocas huellas históricas que quedaron de ella: los documentos sobre la fundación de Buenos Aires, el catastro y la mención en un testamento de la época, investigué cómo era la vida de las mujeres en América, sus costumbres, su realidad cotidiana; me metí en el personaje, como hacen los actores que se forman con el método de la memoria emotiva; me puse en su lugar por un rato, apelando a la imaginación para entender lo que pudo haber sido su travesía, sumada a los esfuerzos de la vida de los pioneros en un lugar inhóspito como era entonces Buenos Aires, donde todo estaba por hacerse.  

PH. Alejandro Meter

 – Algo que sostiene de principio a fin la narrativa es la exhaustiva investigación histórica que hiciste de la vida cotidiana del siglo SXVI en las colonias españolas. Usos y costumbres, vestimentas, música, comidas, expresiones coloquiales se describen con precisión. ¿Cómo fue conseguir este tipo de material? ¿Dónde encontraste esas cartas de las que hablás y te sirvieron para darle un marco real a la novela? ¿Cuánto costó realizar el trabajo de seleccionar lo indispensable para la escritura?

-La investigación es una buena parte del trabajo de quien escribe una novela histórica. Buscar material en archivos, en repositorios académicos y en bibliotecas es algo que hago desde mis tiempos de estudiante y forma parte de mi trabajo. Puede decirse que me formé para esto. En el caso de Ana, la fundadora, leí mucho sobre la vida cotidiana en Asunción y en la incipiente Buenos Aires, sobre los trovadores de la tierra -que eran músicos y recitadores ambulantes que se contrataban para las tertulias en Asunción-. También sobre las condiciones climáticas que convertían nuestros poblados en lodazales. Me informé sobre los conocimientos medicinales de los guaraníes, la vida en los barcos de la armada española -los planos de la nave en la que llegó Ana, la carabela de san Cristóbal de la Buena Ventura, fueron reconstruidos por los historiadores-, la moda en el vestir y muchas otras cosas. 

En el caso de las cartas, investigando sobre todo lo anterior me topé con un trabajo académico que incluía correspondencia original entre maridos que estaban en América y esposas que aguardaban en España las órdenes para embarcarse. Me abrieron un mundo, porque había mujeres españolas que sabían leer y escribir -como doña Blanca en la novela-, al llegar a América encontraban que sus esposos habían tenido hijos con alguna o varias concubinas nativas. ¡Y tenían que hacerse cargo de educar a esos niños! Creo que ahí fue que hubo una verdadera fusión cultural que generó la primera generación americana con una identidad a caballo entre ambos mundos, como es el caso del cronista historiador Ruy Díaz de Guzmán.

– ¿Cuáles fueron los principales desafíos que te implicó la escritura de esta novela? ¿Cómo los resolviste?

-Un desafío fue la lengua. Componer la voz narradora de manera que respondiese a su época pero a la vez pudiera entenderse hoy. Eso me llevó a leer textos de la época, literarios y de la intimidad. Aunque en un punto creo que el mayor de los desafíos al escribir Ana, la fundadora fue salirme de lo conocido, de mi zona de confort que es el siglo XIX -porque tengo cinco novelas escritas en esa época-. Tal vez eso me acercó más a la protagonista, ya que todo lo que vivía era nuevo para ella y para mí también. Lo resolví trabajando duro, como aconsejó Auguste Rodin a los artistas en su testamento: trabajar, trabajar, trabajar. No engancharse con las cosas del mundo.

Vivimos en una época terrible, en la que imperan la angustia y el desasosiego, y a mí escribir me resulta un refugio, un consuelo, porque al mundo cada vez lo entiendo menos.

Para quienes estén de visita por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, «Ana, la fundadora», se presentará el próximo  2 de mayo a las 17.30 en la Sala Alejandra Pizarnik, del Pabellón Amarillo.

También habrá una firma de ejemplares desde las 18.30 en el Stand de editorial Edhasa (n° 720, Pabellón Azul). 

Read Previous

Sumamos tres Masterclass On Line para escritores